Ruti es una de esas señoras que mantienen vivo en regiones el sentido del Hogar de Cristo. Son una suerte de milicia armada de la solidaridad, de la conciencia social y de la capacidad de trabajo desinteresado por los más pobres de Chile. Y están en todo el país; lo hemos comprobado. Ruth Aguilera, Ruti, a sus más de 80 años, dedica sus lunes al Comedor Fraterno Padre San Alberto Hurtado. Lamenta la ausencia de la presidenta del grupo, Patricia Oyaneder, quien ha estado con dificultades personales, pero hace una gran vocería. Hoy mismo, “con mis amiguitas”, como dice, prepararon 25 almuerzos para personas en situación de calle, consistentes en tallarines con longanizas. Lamenta la ausencia de la presidenta del grupo, Patricia Oyaneder, quien ha estado con dificultades personales.

Ruti muestra la impecable cocina, donde hacen estupendas legumbres y hoy ofrecieron 25 platos de tallarines con longaniza.
¡Era qué no! Estamos en la región de Ñuble, donde varias ciudades se disputan la excelencia en la manufactura de estos tradicionales embutidos. La competencia más conocida es entre Chillán y San Carlos (no dejen de ver el documental Denominación de Origen), pero ahora nos encontramos en Bulnes. Ruti recomienda las locales, las de la fábrica Don Pascual, tanto por buenas como por la generosidad de sus dueños con el Comedor Fraterno. “Mensualmente, nos suelen regalar 4 kilos de estupendas longanizas”, comenta. También celebra a un molino cercano. “Yo misma iba en una época a recoger los quintales de harina para hacer el pan. Hay personas e instituciones muy caritativas que nos aportan. Pero siempre falta proteína”.

Ruth Aguilera, Ruti, muestra los grandes cochayuyos con que preparan cazuela para quienes acuden al Comedor Solidario. Ella y sus “amiguitas” son parte del voluntariado más fiel.
Ahora, mientras nos muestra orgullosa las dependencias de la casa esquina donde funciona este Comedor para personas en situación de calle, vemos un par de máquinas industriales que les permiten fabricar las hallullas con que acompañan cada plato de comida. “Hacemos el pancito. Además, les damos un jugo y un postre. Una fruta u otra cosita dulce”, explica, asumiendo muy en serio una responsabilidad que asumió con otras señoras en septiembre de 2000, hace 26 años.
-Esto partió como Hospedería del Hogar de Cristo. Esta habitación en que estamos, por ejemplo, era dormitorio. Teníamos una compañera que era la nochera. Imagínate: se quedaba sola con unos doce, quince hombres, gente ruda, de calle, a vigilar que todo funcionara bien. Eran puros hombres, porque las mujeres en situación de calle son menos, pero las hay. Está la María de los Perros, que vive al final del pueblo, en la población El Progreso, por ahí se le ubica.
Bulnes es una ciudad y comuna situada en la provincia de Diguillín, en la región de Ñuble. Se encuentra 25 kilómetros al sur de Chillán y a 88 al este de Concepción. Tiene poco más de 11.500 habitantes.
En una esquina de la plaza de armas, en la oficina de Fahd Hidd Vivallos, director de la Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO) de la Municipalidad de Bulnes, nos enteramos de que el Comedor Fraterno donde hace voluntariado Ruti, recibe cerca de un millón de pesos mensuales para financiar parte de su tarea. También el municipio aporta un monto de 1.600.000 pesos al servicio de apoyo domiciliario para personas mayores que tiene Hogar de Cristo en Bulnes y que atiende a 30 hombres y mujeres.
Fahd Hidd nos comenta que las personas en situación de calle son transhumantes, que van y vienen por la comuna. Y que si tuviera que destacar la mayor problemática social de la comuna sería “la violencia intrafamiliar, la violencia de género, que padecen muchas mujeres, especialmente en los sectores rurales”. Habla de que no son escasos los casos de incesto: padres o hermanos que abusan de sus hijas, y así. Un tema invisible del que se hace cargo el Centro Integral de la Mujer local. Y que impresiona, porque habla de una práctica que parece antigua y desaparecida, pero que está lamentablemente oculta pero es muy presente en los campos y lugares remotos de la región de Ñuble.

Fahd Hidd Vivallos, a cargo de la Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO) de la Municipalidad de Bulnes (a la izquierda) nos recibe en su oficina para comentar la realidad social del municipio y la relación que tienen con el Hogar de Cristo. A la derecha, Mauricio Zorondo, jefe de operación social territorial en la zona.
Volviendo a Ruti y sus quehaceres, reconstruimos con ella la historia del Comedor Fraterno, que nació como Hospedería y tuvo en paralelo un centro de rehabilitación de consumo de drogas y alcohol para los acogidos, hasta que finalmente fue cerrado por el Hogar de Cristo en 2016. Tras ese cierre, muy doloroso para las voluntarias, renació como centro de entrega de almuerzos, gracias al empeño y persistencia de esas señoras a las que vemos como un brazo armado de solidaridad que no ceja. Y también al apoyo de la fundación que les ayudó a constituirse formalmente como club para actividades comunitarias. Hoy se apoyan mutuamente.
-Yo me instalo con mi pupitre y les hago firmar la recepción de su almuerzo. Mi pupitre es como el mesón de entrega de los almuerzos, los que la mayoría consume aquí, en este espacio, que ahora vamos a embaldosar. Ahora está el puro cemento y suelta mucho polvo -comenta Ruti.
Ella es la más fiera cancerbera de la mercadería que reciben para preparar esos almuerzos diarios. Les llegan cajas con alimentos no perecibles de las más diversas organizaciones. Las voluntarias las guardan ordenadamente en una gran despensa, la que en un par de oportunidades ha sido robada. “Se nos han metido por esta pandereta”, dice, mostrando los cerrojos y las rejas con que han reaccionado a los ataques.

Dice que el COVID la dañó, pero la calidad del pan amasado que nos ofrece, da cuenta de que Raquel Godoy sigue tan habilidosa como siempre. En su casa, Juan Nova y Mauricio Zorondo del Hogar de Cristo. Acá se han reunido por siempre las mienbros del voluntariado local.
Raquel Godoy (82) tiene una casa preciosa. Parte de su fachada continua, clásica de la arquitectura de la zona central, sobrevivió al legendario terremoto de 1939 (el que dio pie a la canción que dice “Chillán, ciudad de cataclismo”). El resto, que copa la mitad de un sitio largo y angosto, fue reconstruido y ampliado con un precioso uso de la madera en techo, piso y ventanas. El jardín es una belleza. Hay de lo que le pidas: árboles, desde camelias a magnolios; flores, donde destacan lirios, diamelos, rododendros. Es una gran casa, donde viven ella y su hija artista plástica.

Raquel Godoy (82) en su precioso jardín, entre matas de alcachofas y amapolas, abre su casa centenaria a los amigos del Hogar de Cristo y a los que comparten los ideales solidarios de Alberto Hurtado, donde por supuesto entra el voluntariado local
Raquel fue durante tres décadas voluntaria en el Comedor Fraterno y en todo lo que le encargara el Hogar de Cristo. Ahora está retirada, pero abre su casa a quien necesite reunirse para alguna actividad solidaria y a sus amigas voluntarias de siempre. “Después de la pandemia no fui la misma. El COVID me dañó la mente”, sentencia, exagerando el daño, porque es una conversadora atenta, lúcida e interesada.
Eliana Peña Palma (79) es otra señora aperrada y empoderada que encarna el espíritu de los chilenos de corazón generoso a los que apeló el padre Hurtado al fundar el Hogar de Cristo.
Juan Nova, jefe del servicio de apoyo domiciliario a adultos mayores del Hogar de Cristo en Bulnes y San Carlos, describe así a la mujer que él mismo postuló al concurso 100 Líderes Mayores, en 2024.
-Y salió elegida por la región de Ñuble en el área Comunidad. Ella comenzó en Chillán como voluntaria de la Hospedería y, en 2017, se sumó también al voluntariado del servicio domiciliario para personas mayores en las comunas de Bulnes y San Carlos. A partir de ahí comenzó a participar y a colaborar activamente con actividades recreativas y pastorales. Actualmente, y debido a algunas dolencias y enfermedades, se encuentra un poco alejada del Hogar, pero muy activa en su comunidad del sector rural de El Ciruelito de la comuna de Pinto.

La maestra rural Eliana Peña está jubilada desde 2008, pero su voluntad de ayudar no decae. Desde entonces es parte del voluntariado del Hogar de Cristo y se la juega por las personas mayores en pobreza y vulnerabilidad. Eliana ganó el premio regional del concurso Líderes Mayores.
Pese a esas dificultades, Eliana asiste a la presentación del libro Ojos que ven, corazones que sienten, con el que Hogar de Cristo celebró sus 82 años. Y luego nos regala y autografía un libro autoeditado por ella: Ciruelito: evocaciones de una maestra rural. El título es casi una declaración de principios y de identidad. Eliana fue profesora en la Escuela Héctor Manuel Arias Cortés, de Ciruelito, una localidad rural de la comuna de Pinto, durante 39 años. El libro es una joya de la cultura local. Recoge desde costumbres tradicionales campesinas hasta el listado de los manjares locales, las plantas medicinales y las historias de aparecidos. Lo más notable es que describe en detalle las actividades de solidaridad que desarrollan muchas de sus vecinas y vecinos.

Eliana Peña fue postulada al concurso Líderes Mayores por Juan Nova, feje del servicio del que ella hoy participa, el de atención domiciliaria para personas mayores. Lleva años siendo parte del voluntariado del Hogar de Cristo,
Fue a partir del voluntariado que, en 1965, la comunidad de Ciruelito inició la construcción de la escuela, donde ella trabajaría como maestra rural por 39 años. Su libro emociona y explica a cabalidad su premio como Líder Mayor. Partió como profesora en 1969 y, en el año 2000, fue nombrada directora. Una carrera notable que culminó en 2008, año en que se la juega por las actividades de voluntariado en el Hogar de Cristo.
En definitiva, esbozamos aquí muy someramente el compromiso de tres mujeres: Ruth, Raquel y Eliana, con los más pobres entre los pobres, aportando trabajo, tiempo y corazón.