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Entrevista

May

2019

Erika Concha: “Tuve que elegir entre seguir tomando o seguir viviendo”

Los últimos cinco años, los pasó durmiendo en un ruco en la plaza Eduardo Frei de la comuna de Lo Prado, en medio de batallas casi diarias entre los carabineros que la desalojaban -junto a otras decenas más de personas en situación de calle- y los narcotraficantes que la acusaban de esconder a soplones o droga robada. Aquí nos cuenta cómo está logrando salir de ese infierno.

Por María Teresa Villafrade

No tiene pelos en la lengua. Sincera y con mucho sentido del humor, Erika Concha (55) narra su historia entre la risa y el llanto, yendo y viniendo del futuro al pasado, ilusionada porque ahora tiene un hogar junto a otras dos compañeras nuevas de ruta, que pasaron por lo mismo: Issa y Anita.

Ellas son protagonistas del programa “Vivienda Primero” impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, que es pionero en Chile y tiene como objetivo proveer de casa a adultos vulnerables que han pasado muchos años en la calle como único hábitat y acompañarlos en su proceso de adaptación a través de un equipo multidisciplinario que los ayuda a conectarse con su entorno y redes de apoyo. Habrá dos pilotos: uno en Concepción, para doce personas, y el del Hogar de Cristo, en la Región Metropolitana, para 15, distribuidas en cinco casas, una de las cuales -color amarillo azafrán, con tres habitaciones de tamaño equivalente- es la que ocupa Erika.

“Estaba muy cansada de vivir en la calle, sin un plato de comida caliente, una cama y una ducha, en medio de muchas peleas para sobrevivir”, relata. Se refiere a los últimos cinco años que pasó durmiendo en una precaria construcción en medio de la plaza Eduardo Frei de la comuna de Lo Prado. “La muni empezó a sacar los rucos, al principio tres veces por semana venía una retroexcavadora y nos desarmaba todo, a veces las quemaban en el estadio y llegaban hasta los bomberos. Los carabineros nos metían al furgón para que recogiéramos y tratáramos de salvar nuestras cosas”.

-¿Por qué pasaba esto?

-Teníamos una oposición muy fuerte de los vecinos, que reclamaban porque habían unas ocho personas que se instalaban en la pared del estadio y allí dentro de sus rucos pasaba de todo, mujeres que se prostituían por dos lucas para comprar pasta base, mucha droga, entonces los vecinos no querían que sus hijos vieran eso. Cuando nos sacaban, ellos hacían rondas en las noches para que no volviéramos.

Pero siempre volvían después de cachurear y armar todo de nuevo. Erika reconoce que ella dormía con un ojo abierto, porque si no eran los carabineros, llegaban extraños en autos y a punta de pistola les abrían los rucos buscando gente o buscando droga. “Nos metían a todos en el mismo saco y nosotros na´que ver”, agrega.

-¿Cómo llegaste a vivir en la calle?

-Yo viví 18 años en un departamento en Quilicura, pero cuando mi pareja murió quedé sin nada.  Me fui donde mi mamá, pero terminó echándome. Caí en la droga y después que la dejé empecé a tomar mucho. Hasta ocho petacas diarias. Juntaba latas y las vendía para comprar puro copete. Así llegué a la calle. Tengo cinco hijos pero a uno me lo mataron en un accidente en moto el año pasado. Él era muy bueno, me pedía que dejara de tomar.

Erika se enfermó por pasar noches enteras mojada y con frío. Pidió ayuda a una trabajadora social de la municipalidad. “Necesito que me lleven bien lejos de aquí para poder rehabilitarme”, y así logró que la enviaran a Concepción. La misma asistente social la fue a dejar allá. Alcanzó a estar unos meses y regresó a Santiago.

“Me arranqué, porque no me gustó el sistema. Era un centro de una iglesia cristiana, mucha religión, mucho rezo, pero se me olvidó el trago. Llegué allá casi sin droga. Ahora llevo dos meses sin tomar. El médico que me examinó me dijo que tenía que elegir entre seguir viviendo o seguir tomando”.

Un día la llamaron de la Municipalidad y le dijeron que había sido escogida para el programa piloto “Vivienda Primero”. Desde que llegó a vivir en la casa siente que tiene una verdadera oportunidad de salir adelante. Ahora quiere volver a ver sus dos hijos menores que viven en Viña con un hermano de ella: Alexander, de 18 años, que está estudiando leyes, y Alicia, de 21, que quiere estudiar modelaje.

“Estoy trabajando, porque recibo una pensión de apenas treinta mil pesos al mes. Hago aseo en casas particulares y siento que es tan rico llegar a la casa, comerme una cazuela y dormir calentita en una cama. Antes era puro pan y puro frío, ¿usted cree que es lindo estar en la calle? Yo no quiero volver a eso”.

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Revisa también aquí el testimonio de Mario Carreño, el primer habitante de Vivienda con Apoyo