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Francisca Subercaseaux:

“Estoy enamorada de ellos; son mi motivación final”

Amor por el prójimo más alejado de la mano de Dios es lo que motiva a esta periodista, ex novicia de claustro y creadora de la fundación TodosUno, que fundó para dar alimentación y actividad diaria a los hombres que pernoctaban en la Hospedería del Hogar de Cristo en Rengo. La pandemia afianzó los lazos y hoy siente que en esta relación ambas partes ganan: ellos y ella.

Por Daniela Calderón

Cuando en 2018 Francisca Subercaseaux (48) decidió escapar del ruido de la ciudad, tomar todas sus cosas e irse a vivir a Rengo, jamás imaginó el giro que tomaría su vida. Durante ese año y con la misión de ayudar a otros, esta periodista se acercó al Hogar de Cristo de la comuna, para inscribirse como voluntaria de la única hospedería para personas en situación de calle del lugar. Desde ese día, nada volvió a ser como antes.

Motivada por la necesidad de ayudar a los más de 20 usuarios que pernoctaban en la hospedería todas las noches pero que no tenían dónde ir en el día, Francisca decidió comenzar a dar atención diurna y entregar desayuno, almuerzo y once a quienes lo necesitaran. Con el tiempo, el comedor instalado dentro de la iglesia de la comuna, se convirtió en el único lugar donde las personas en situación de calle acudían durante el día. Ese comedor hoy es conocido como Fundación TodosUno.

“La única forma que tenía de poder recibir financiamiento que me permitiera entregar esta ayuda de forma continua, era convirtiéndonos en fundación. Por eso, en 2019, creé TodosUno con el objetivo de atender exclusivamente a los hospedados de Hogar de Cristo de Rengo durante el día. Mi idea era expresar que no hay diferencias entre ellos y nosotros, todos somos parte de lo mismo”, cuenta sobre los inicios de su fundación, la que que hoy trabaja de la mano de Hogar de Cristo. “Este año, debido a la pandemia, nos fuimos a trabajar a la hospedería. De esa forma asegurábamos la cuarentena a los hermanos”, agrega.

Motivada por su amor al prójimo, Francisca comenzó a buscar financiamiento y apoyo económico entre los empresarios y la comunidad renguina, lo que le ha permitido mantener las atenciones hasta día de hoy.  “Contamos con donante particulares y pequeñas empresas de la zona que nos donan cerezas, manzanas y ropa, entre otras cosas. Además, Agrosuper nos regala una vez al mes carne para 30 personas”, cuenta orgullosa de lo que ha logrado gracias a su amor por los más necesitados.

“Es que me robaron el corazón. Siento la presencia de Cristo en ellos. Desde que nos hicimos amigos no quise dejarlos botados. Siento que las dos partes ganan igual. Yo me lleno espiritualmente y ellos tienen la posibilidad de recibir desayuno, almuerzo y once y poder hacer cuarentena 24/7. Ambos ganamos”.

Para Monserrat Duarte, Jefa de Operación Social de Hogar de Cristo en la región de O’Higgins, el apoyo de Fundación Todos Uno ha sido vital para una atención integral a las personas en situación de calle de Rengo. “Como hospedería llevamos más de 25 años de trabajo y es la primera vez que podemos entregar un servicio 24/7, lo que les permite a las personas establecerse, dejar de deambular en la calle con todos los riesgos que eso implica, protegerse del frío y este año protegerse del contagio del COVID-19. También les permite centrarse en sí mismos, conocerse, platearse metas y objetivos”, cuenta. “Con las atenciones diurnas entregadas por la Fundación TodosUno pudimos notar en nuestros usuarios ganas de salir adelante, cambios que con la atención vespertina no podíamos visualizar. Cuando ellos tienen asegurado el techo, la alimentación y un espacio de acogida durante 24 horas, pueden permitirse soñar, proyectarse y ver lo que quieren hacer con su vida”.

Y así lo demostró Francisca, que incluso pudo conseguir trabajo para sus tan queridos usuarios. “Hubo un momento en que el gran panorama del día era ver tele. Por eso, pedimos apoyo a los campos vecinos para que nos dieran nueces. Ellos pelaban las nueces y el campo le pagaba mil pesos por kilo. Hubo gente que fue perseverante que logró, a pura nuez, reunir plata para arrendar una pieza. Luego, con la pandemia como no podíamos seguir con lo de las nueces, nos conseguimos madera de unas barracas vecinas y fabricamos cruces para vender. Fue la forma de pasar el tiempo. Le hemos dado como caja a las manualidades”, cuenta Francisca, que hoy no se imagina una vida fuera de fundación y alejada de los usuarios de Hogar de Cristo en Rengo. “Estoy enamorada de ellos. Son mi motivación final. Todo esto lo hago por amor al Señor y por tratar de prestarle ayuda a las personas más desamparados por la sociedad. Ha sido un regalo trabajar con Hogar de Cristo”, concluye.

 

 

 

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