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Mar

2019

Impactante instalación en el mercado Tirso de Molina

Una escalera -la automática- reflejó el fluido ascenso de un estudiante común, y otra -estática- el dificultoso avance de los casi 360 mil niños y jóvenes desescolarizados que hay en Chile. Obstáculos como bullying, pobreza, abandono, problemas de aprendizaje, embarazo adolescente, marcan la trayectoria educativa de este enorme aunque invisible grupo del que se ocupa fundación Súmate.

Por Ximena Torres Cautivo

En el llamado “súper lunes”, a las 9 de la mañana, dos escaleras -una estática y otra mecánica- del céntrico mercado Tirso de Molina, en Recoleta, aparecieron intervenidas con una poderosa metáfora visual, que llamó la atención de locatarios, vendedores y compradores y alteró el ir y venir del concurrido lugar.

 

La escalera estática representaba la muchas veces dura y empinada trayectoria educativa de un joven pobre y vulnerable, donde cada escalón representa un obstáculo, una dificultad, una valla: repitencia, bullying, expulsión, necesidad de trabajar, violencia intrafamiliar, problemas de aprendizaje, económicos, conductuales, de consumo… Un auténtico calvario con estaciones donde el riesgo de tirar la toalla y abandonar la escuela es evidente: en cuarto básico, se producen problemas de aprendizaje, bullying, repitencia, lo que desalienta a las familias y frustra a los niños. Octavo básico es otra estación crítica: ahí, muchos padres, desescolarizados ellos mismos, consideran que sus hijos no sacan nada yendo al colegio y sienten que es mejor que se pongan a trabajar y aporten a la precaria economía familiar. Los adolescentes empiezan a arrastrar rezago escolar; a veces tienen 16 años y no han llegado ni a quinto básico, cuestión humillante, porque el automático y el frívolo apelativo de “flojo” es un estigma que averguenza y pesa… En la enseñanza media, aparecen otros fantasmas muy reales: el consumo, la tentación de la plata fácil y sucia cuando las necesidades arrecian y no se cuenta con figuras de autoridad, la urgencia de trabajar porque viene un niño que no se esperaba. Aquí hablamos de embarazo adolescente, que padecen más directamente las chicas, pero que en ocasiones también hace responsables a los chicos.

 

Es el caso de Michelle (20) y Diego (21), padres de Joaquín, egresados ambos de cuarto medio en la Escuela de Reingreso Álvaro Lavín de Fundación Súmate, del Hogar de Cristo, institución responsable de la intervención urbana en el Tirso de Molina, y que tiene 5 escuelas de reingreso, especiales paera estos niños y jóvenes de los que no se preocupa nadie.

Michelle y Diego dieron su testimonio esa mañana al pie de las dos escalas. Ambos son casos de éxito, pese a todas las dificultades económicas, de aprendizaje, “de indisciplina y flojera”, como dice Diego de sí mismo, que lo llevaron a tener un tremendo rezago educativo. Hoy estudian carreras técnicas, trabajan y sacan adelante a su hijo, que nació cuando Michelle cumplía 17 años. Ellos lograron subir la escalera empinada y estática gracias a Súmate, a diferencia de los casi 360 mil niños y jóvenes de entre 6 a 21 años que están excluidos del sistema escolar en Chile, un número abismante, pero invisible para la mayoría que asciende fácilmente, como por una escalera automática, en su camino educativo. Son 360 mil niños que se encuentran fuera de la escuela sin haber completado los 12 años de escolaridad obligatoria. Esta realidad afecta sobre todo a la población en situación de vulnerabilidad socioeconómica, lo que genera un espiral de desventajas que pueden perdurar a lo largo de la vida.

 

QUÉ DICE EL PÚBLICO

Justo en la semana en que partía el año escolar, muchos se detuvieron frente a las dos escalas del Tirso de Molina y se sensibilizaron, empatizaron y se vieron representados por los casi 360 mil niños y jóvenes que se mueven al ritmo de “El Baile de los que Sobran”.

Jaime, un comerciante, dijo frente a la instalación del Hogar de Cristo: “La educación en Chile es totalmente desigual… pa’arriba la educación es otra que pa’acá abajo. Acá pocos tienen acceso a estudiar inglés, francés, nada. Hay muchas escuelas torrantes, que no tienen plata, donde los cabros llegan sin tomar desayuno, van a puro parar el dedo, porque no tienen las condiciones para estudiar ni ahí ni en sus casas. Yo mismo nunca he ido a una escuela, soy más redondo que una bola”.

-¿Por qué no pudiste ir a la escuela?

-Porque éramos 11 hermanos, de una familia muy pobre. Antes en este país existía la extrema pobreza. Ahora no hay pobreza así, pero sí vicio y flojera. Ahora la gente no quiere trabajar, no quiere superarse.

-Cómo podríamos ayudarle a un niño como el que tú fuiste para que fuera a la escuela? 

-Habría que ayudarlo económicamente para que pudiera estudiar. Así como hoy tantos se roban la plata de todos los chilenos, deberían usar los recursos para educar a los cabros de la gente pobre. Si yo estuviera en el congreso haría eso: dar educación para erradicar todos los vicios, la pobreza y la delincuencia. Yo soy analfabeto. No sé leer ni escribir, ni siquiera sé contar.

Alex Aguilar, transeúnte que también se detuvo frente a las dos escaleras intervenidas, comentó: “Entiendo el tema. Yo pasé por esto. Llegué hasta tercero básico. Estudiaba en el Lastarria. Es terrible que siga habiendo niños que no puedan ir al colegio porque lo padres no tienen las herramientas: plata para la locomoción, los útiles, los uniformes, la comida. Conozco chicos que no pueden estudiar porque tienen que cuidar a sus hermanos chicos, para que los papás trabajen. Eso es bien común”.

El camino que representa la escalera automática es fluido, constante, ágil, porque como leemos en un mensaje impreso al pie de ambas escaleras: “La educación es a veces un camino fácil y a veces una marcha cuesta arriba”.

Liliana Cortés, directora de fundación Súmate, quien comentó la instalación urbana, reflexionó sobre las escalas: “Nuestros chicos deben parar, volver a bajar para retomar la subida, detenerse de nuevo para lograr con muchas dificultades recuperar su derecho a la educación y avanzar. La experiencia de recuperación de trayectorias educativas es larga, porque está llena de obstáculos, incluso la relación con otros jóvenes se vuelve dificultosa a causa de su rezago. Nuestras escuelas de reingreso, hacen que, con apoyo, la escalera sea transitable, considerando el ritmo de cada uno, su propio paso. El problema es que nosotros sólo tenemos 5 escuela y en todo Chile con suerte habrá otras diez para casi 360 mil niños y jóvenes que están desescolarizados. Es urgente hacer algo por ellos”.

Quienes tengan interés en este importante e invisible tema, pueden inscribirse aquí goo.gl/v4v565 para el seminario “Del Dicho al Derecho: Modelo de Calidad de Escuelas de Reingreso para Chile”, al cual Fundación Súmate de Hogar de Cristo y UNICEF convocan para este 13 de marzo a las 8:30 de la mañana en el auditorio de la Telefónica en la Estación Baquedano del metro.

 

 

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