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Javiera Torres: Del esfuerzo cotidiano al sueño universitario

Acaba de egresar de cuarto medio del Colegio Betania, donde además se certificó como ayudante de cocina. Ya está matriculada para iniciar Pedagogía en Educación Física en la Universidad Santo Tomás, lo que la convertirá en la primera profesional de su familia. Mientras tanto, trabaja en aseo y en “lo que salga”, decidida a que nada se interponga en su camino.
Por María Teresa Villafrade Foncea
Enero 5, 2026

Con 21 años, Javiera Torres tiene un desplante que no pasa inadvertido. Fue rostro de la campaña del Hogar de Cristo para Mega en 2025 y colaboró en el servicio de banquetería durante la graduación de sus compañeros del Colegio Betania, en La Granja, apenas un día antes de recibir su propio diploma de enseñanza media. En cada uno de esos espacios mostró lo mismo: carácter, convicción y ninguna vergüenza de su historia.

“Yo repetí siempre por inasistencia. No por notas”, explica sobre el rezago de tres años que arrastró en la enseñanza media. Estudió en el colegio Padre Álvaro Lavín, de Maipú, donde pensó que terminaría cuarto medio. “Pero no lo saqué nunca. Perdí varios años y finalmente llegué al Betania, que me quedaba más cerca de donde vivía”.

Javiera posa feliz con todos sus merecidos reconocimientos obtenidos el día de su graduación en el Colegio Betania.

Cuando se le pregunta por las ausencias, responde con honestidad y límites claros:
“Fue por problemas familiares. No quiero hablar mucho de eso. Solo puedo decir que por primera vez estoy viviendo con mis papás. Nunca antes había vivido con ellos”.

“NUNCA SUPE LO QUE ERA UNA MESADA”

Javiera ha trabajado y estudiado casi toda su vida. Hoy hace aseo en una bodega de tres pisos en Renca. Vive en San Ramón y su rutina es extenuante.

“Me levanto a las cinco y media de la mañana para llegar a las nueve al trabajo. Salgo a la una y llego a mi casa a las tres y media. Son más de ocho horas al día solo moviéndome”, relata.

Un día antes de su graduación, Javiera ayudó en el servicio de banquetería para la ceremonia de sus compañeros de otra jornada del Colegio Betania. AGENCIA BLACKOUT

Como estudiante, siempre tuvo que arreglárselas sola.
“Yo escuchaba que otros hablaban de la mesada y no entendía qué era. Pensaba que tenía que ver con una mesa. Lo busqué en Google y ahí caché que era plata mensual que te daban tus papás para tus gastos. Ojalá me hubieran dado aunque fuera diez lucas para cargar el pase escolar”, cuenta, entre risas.

No hay queja. Hay claridad. Y entusiasmo. Porque el 2026 marcará un antes y un después en su vida.

PRIMERA UNIVERSITARIA DE LA FAMILIA

“Soy rápida para aprender y me gusta enseñar”, dice sobre su decisión vocacional. Ya está matriculada en Pedagogía en Educación Física en la Universidad Santo Tomás y accedió a gratuidad.

“Voy a ser la primera universitaria de toda mi familia. Mi papá, mi mamá, mi abuela, mi hermana… ninguno ha entrado a la universidad”, reflexiona con orgullo.

A sus compañeros del colegio les deja un mensaje directo:
“Que sigan adelante. Todo cuesta, pero cuando empiezas a cumplir metas, el camino se hace más fácil. Dar el paso ya es el inicio de algo nuevo. Uno se puede equivocar, pero es mejor equivocarse intentando algo bueno”.

Su mamá la acompañó en la fiesta de graduación.

Para quienes dejaron de estudiar, tiene una invitación clara:
“Me gustaría que retomaran. Antes era mucho más difícil estudiar. Uno ve mucha gente mayor que no pudo completar sus estudios porque se vieron obligados a trabajar desde temprana edad. No había otras posibilidades. Hoy existen escuelas de reingreso como Betania. Hay oportunidades”.

Javiera es prueba viva de que se puede trabajar y estudiar.
“Nunca tuve vergüenza. He trabajado en muchas cosas, incluso en discos. Antes sin contrato, ahora sí. Nadie me apoyó nunca, así que entendí que mi única alternativa era estudiar”.

Sabe que romper el círculo de la pobreza no es fácil. Pero también sabe que la educación es la llave.

Historias como la de Javiera no ocurren solas. Existen porque hay comunidades, programas y personas que creen en las segundas oportunidades. Con tu apoyo, más jóvenes pueden volver a estudiar, titularse y cambiar el destino de sus familias. Súmate. La próxima historia de esfuerzo y esperanza puede comenzar gracias a ti.