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Jorge Piña: Panadero y trabajador estrella

Hace tres años llegó a la Casa de Acogida Padre Hurtado y de inmediato destacó por su disciplina y buena mano culinaria. Hoy es famoso por su pan amasado y como vendedor oficial del quiosco del establecimiento.

Por Jacqueline Otey A.

Jorge Piña (63) vive hace 3 años en la Casa de Acogida Padre Hurtado de la Fundación Hogar de Cristo. Antes de ser acogido aquí, vivió en un club deportivo en Pudahuel, donde un amigo lo encontró gravemente enfermo: tenía trombosis y no se podía mover. “Mis hermanos vendieron la casa de mis padres donde yo vivía y los nuevos dueños me echaron, por eso llegué ahí”, dice.

El acogido estuvo cuatro meses internado en el Hospital San Juan de Dios, hasta que lo derivaron a este centro abierto donde se ha convertido en el usuario más “trabajador” de los talleres de amasandería y repostería.

Jorge durante casi toda su vida fue soldador, pero en un momento incursionó en el rubro pastelero. Debido a esta experiencia, cuando llegó a la Casa de Acogida de inmediato se sumó a los talleres de Amasandería y Repostería, donde ha destacado por su buena mano, responsabilidad y disciplina. “El pan hay que hacerlo con cariño y aquí me siento querido y contento. La monitora me ayuda mucho”, cuenta.

Producto de la trombosis, quedó con problemas de movilidad en el costado derecho de su cuerpo, lo que no le impide elaborar a diario cerca de 60 panes amasados, los que se venden entre los mismos usuarios del centro.

Jorge aunque llueva o truene, de lunes a viernes, siempre llega a las nueve y media de la mañana a prender el horno y poner sobre la mesa la harina y todos los ingredientes necesarios para realizar su trabajo. “En la misa del jueves Santo hicimos 170 panes. Eso fue algo muy bonito”, comenta, orgulloso.

Todos los jueves asiste al taller de repostería, donde ha mejorado su especialidad que son los kuchenes y los brazos de reina. También es el encargado de vender en el quiosco del Centro Abierto. Todos estos trabajos son ad honorem, pero para él eso no es importante y afirma: “Me gusta estar ocupado. Una vez que se acaba el taller de amasandería, me voy corriendo a abrir el quiosco. Ahí vendo galletas, bebidas y cigarros”, menciona.

Verónica Collados, monitora de Terapia Ocupacional, quien lleva 11 años trabajando en este establecimiento y hace seis está a cargo del Taller de Amasandería, comenta: “Antes éramos un grupo grande, pero los usuarios poco a poco se han ido enfermando o yendo y Jorge ha sido el más fiel. A los chiquillos, que vienen de situación de calle, les cuesta ser disciplinados”.

Cuenta que sin el apoyo de Jorge el taller de pan no se podría hacer. “Con él somos amigos… nos reímos. Él estaba prácticamente en situación de calle, vivía en una sede deportiva que estaba cerrada al público, solo, sin servicios básicos. Hoy se destaca por el gran compromiso que tiene con su trabajo y el talento que ha demostrado para cocinar”.

Terapia entretenida

Paulina Parra, terapeuta ocupacional de la Casa de Acogida Padre Hurtado, indica que es fundamental que los usuarios se mantengan activos para que puedan seguir realizando actividades de la vida diaria. “La idea es que participen en los diferentes talleres, que trabajen en equipo, que conserven sus habilidades motoras y cognitivas para que se mantengan funcionales”. En el centro abierto hay entre 10 y 12 talleres de distinto tipo, pensados en apoyar a los 95 usuarios que viven en este lugar, de los cuales 15 son mujeres y residen en un pabellón independiente.

“El objetivo es que los usuarios escojan los talleres por sus intereses. Y aunque hay usuarios con consumo, a los que les cuesta adherir a ciertas intervenciones, la recepción ha sido muy buena”, comenta.

Paulina explica que hay talleres de gimnasia donde los usuarios trabajan diferentes movimientos para poder mantenerse a nivel motor. “También hay talleres sociales como la Ventana viajera donde se conversa con ellos de turismo, museos y se hacen salidas. Hay un taller de estimulación cognitiva donde se trabaja con usuarios que tienen deterioro moderado a leve, manualidades y ahora se implementó un taller de pintura donde viene una monitora a enseñarles técnicas de este arte”, concluye.

Y hay un pan rico, crujiente y con marca y firma, la de Jorge Piña.

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