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José, Fernando, Cristián, Juan y José Juan: Los compañeros chilenos preconciliares del Papa Francisco

Eran menores que Jorge Bergoglio, el argentino que ha terminado convertido en Papa y con el cual se reunieron junto a 122 jesuitas chilenos en una conversación privada. Aquí están en la previa.

Por Ximena Torres Cautivo

José Juan Vergara, músico, scout, profesor, amante de la literatura, la naturaleza y la botánica, ingresó a la Compañía de Jesús en 1959, año clave, porque le permitió ser contemporáneo de Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, en su paso como estudiante por la Casa Loyola, en Padre Hurtado, Chile.

Observado por otros jesuitas que compartieron esa circunstancia entre 1959 y 1960 –los sacerdotes Juan Valdés, Cristián Brahm, José Arteaga y Fernando Salas-, justo antes de bajar a la tumba del Padre Hurtado en su Santuario de la Estación Central, a la espera del Papa en su actual visita apostólica a Chile, José Juan Vergara afirma: “José Donoso, que fue nuestro profesor en la Casa Loyola y uno de los maestros chilenos que más recuerda el Papa, lo definió muy bien. Dijo que Jorge era ‘un alma franciscana en un cuerpo jesuita’. Y esa es una imagen que le cuadra perfectamente”.

-¿Por qué?

-Por su evidente amor a los pobres, a la naturaleza, a la belleza. Eso es profundamente franciscano y es muy lo que es en Papa. Y el cuerpo jesuita, ese somos nosotros –dice, soltando una carcajada, mientras el provincial de la Compañía de Jesús, Cristián del Campo, apura a los 122 jesuitas que se encontraron ayer por la tarde con el Papa en una reunión privada. Allí le plantearon 5 preguntas que aún no se pueden divulgar y que habrá que esperar sean hechas públicas en un documento más adelante.

Antes, sin embargo, Fernando Salas y Pepe Arteaga hacen memoria de cómo se vivía el carácter preconciliar de esa época dentro de la Casa Loyola, cuando eran unos veinteañeros. “El Papa entonces estaba cursando el juniorado y nosotros éramos sólo novicios, por lo tanto no convivíamos. Entonces existía la regla de ‘la separación de clases’; es decir, no nos mezclábamos. Y el silencio era total. No hablábamos entre nosotros, salvo en unas tres ocasiones, muy específicas, al año”.

Los demás afirman. Y recuerdan enfermedades (“Yo apenas lo divisé, porque entonces estuve varios meses enfermo de tuberculosis”, dice Cristián Brahm), sensaciones (“Era más flaco entonces”, comenta Fernando Salas), situaciones (“Me acuerdo de haberlo visto declamando muy bien en una presentación de oratoria”, agrega Juan Valdés).

Todos coinciden en que jamás se imaginaron que su compañero argentino llegaría a convertirse en Papa. “Fue inesperado para todos”, dicen. Y afirman, como lo hemos comprobado en estos días, que el verdaderamente amigo y cercano es de Jorge Bergoglio es su tocayo Jorge Delpiano, el jesuita de 75 años de edad y 46 de sacerdocio, que se dedica a la formación espiritual en el Seminario Metropolitano de Concepción y es director del Departamento de Espiritualidad del Arzobispado.

Fue precisamente esa proximidad la que justificó que se le incluyera en la Comitiva Oficial que acompañaría su visita y la que explica su acompañamiento permanente del Pontifice, incluso a bordo del auto azul e híbrido en que se ha movido el Papa. Por eso, ayer era el único que no había bajado a la tumba del Padre Hurtado con sus hermanos jesuitas, cuando conversamos con sus ex compañeros de la época de estudios. Lo hizo minutos después, cuando llegaron juntos desde la Catedral.

 

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