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Juan Faunes, vecino de Los Nogales: “Cuando llegamos a la población no teníamos nada”

A los 18 años, llegó a junto a sus padres al terreno donde entre todos construyeron la casa familiar. Hoy es un vecino respetado por su amor al teatro y porque se ha esforzado en abrir espacios para la cultura en esta ya histórica población de Chuchunco, nombre original de estos paños de la actual Estación Central.

Por Jacqueline Otey A.

Juan Faunes (87) es vecino ilustre de la población Los Nogales. Hace más de sesenta años llegó a este lugar junto a sus padres y hermano. Hoy con nostalgia recuerda que los cercos que dividían las casas eran plantas de girasoles que crecían de manera silvestre en medio de las viviendas; las mismas que comenzaron a levantarse con fonolas, cartones o el material que sus dueños tenían a mano.

Recuerda que los terrenos se entregaron en 1947 durante el gobierno de Gabriel González Videla. “Ese año llegaron los primeros habitantes a Los Nogales quienes provenían de una población llamada Lautaro del sector de Barrancas, la actual comuna de Pudahuel. Los sitios eran de 10 por 20, de 200 metros cuadrados, y la población fue creada con el esfuerzo de todos los pobladores”, dice.

Juan llegó aquí junto a su familia en 1948 al sector conocido como Chuchunco. “Esto era parte de la chacra Los Nogales y las casas fueron de autoconstrucción. En ese momento no había servicio higiénico, agua potable, luz, ni gas. Cuando llegamos, no teníamos nada. Con el tiempo comenzaron a florecer organizaciones para conseguir recursos que ayudaran a cubrir las necesidades de la población”, explica.

Recuerda que en esos años iniciales, Los Nogales era un completo barrial lo que hacía muy difícil entrar o salir a los pobladores. “Yo trabajaba en la Alameda y recuerdo que caminábamos con botas de agua hasta la micro y al subir nos cambiábamos, porque al trabajo no podíamos llegar con barro en los zapatos”, señala. Durante mucho tiempo usaron velas y chonchón a parafina para iluminar su casa. La luz la consiguieron al solicitar que los postes de la calle 5 de abril llegaran hasta ahí. “En esa época era una ampolleta por casa y como no teníamos agua ocupábamos pilones, la situación era complicada, pero al menos nos podíamos bañar. El alcantarillado se resolvió por gestión de los vecinos. Luego, se logró que hicieran las veredas y calles”, explica.

Dice que su familia era muy pobre antes de llegar a Los Nogales. “Faltaba de todo. A mis papás les costaba mucho tener alimentos para nosotros. Antes de instalarnos acá, vivimos cerca de dos meses en una choza. Esto significó una gran mejora en nuestra vida”, indica.

Teatro con sábanas y frazadas

Juan agrega a las carencias, la de acceso a la cultura. Por eso, un grupo de vecinos formó la academia teatral “Los Copihues” en los años 50 y durante dos décadas regalaron drama y comedia. “Ahí conocimos a Rafael Frontaura, un conocido actor de la época, quien nos dio mucho apoyo y, por eso, le pusimos su nombre al teatro que construimos años después. El grupo de teatro se acabó el año 1973 porque los integrantes se fueron yendo de la población, fue por muerte natural. Pero en 1994 creamos el Taller Literario ´Los Copihues´ con socios de la población, el que se mantiene hasta ahora”.

El poblador se casó a los 45 años y una década después, tras separarse, volvió a esta propiedad donde hoy vive junto a su hermano y sobrina, quienes son los dueños de casa. En medio de fotos y recuerdos rememora su pasado como actor aficionado y dice: “En un comienzo las funciones de teatro las hacíamos en la parte de atrás de un camión. Yo llevaba una frazada desde mi casa, otros aportaban sábanas y así hacíamos las funciones y, pese a las tremendas carencias que teníamos, el grupo teatral fue reconocido en muchos lugares. Algunas de las obras que hicimos fueron ´El santo de Ño Soto´ y ´La Viuda de Apablaza”.

Asegura que vivir en Los Nogales lo marcó en el área social y cultural. “A este lugar le llamaban ´población callampa´ porque surgió de la noche a la mañana, pero en esa época no nos preocupábamos de esos detalles. Hasta hoy eso no me ha importado. Aquí hay gente muy valiosa, ingenieros, contadores, médicos”, afirma y agrega: “La parte deportiva y la Iglesia también fueron muy importantes para el desarrollo de la población”.

Para este vecino Los Nogales ha sido una escuela en todo sentido. “He aprendido a vivir con la gente, a ver el problema que tiene el otro, a ser solidario, tener amistades, a no andar enojado, a decir las cosas de frente. Y, afortunadamente, me han tocado buenos vecinos”, concluye el orgulloso poblador.

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