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Lavado de pies en La Pintana: Un gesto de humildad

Vecinos, participantes de programas sociales y trabajadores del Hogar de Cristo compartieron una misa en la población El Castillo este Jueves Santo. La celebración estuvo marcada por el encuentro, la inclusión y la dignidad.
Por María Luisa Galán
Abril 2, 2026

En la Plaza Ignacio Carrera Pinto, en plena población El Castillo de La Pintana, el Jueves Santo se vivió con un profundo sentido comunitario. Allí, el tradicional lavado de pies —símbolo de humildad y servicio— convocó a vecinos, participantes de distintos programas sociales y trabajadores del Hogar de Cristo en una misa que puso al centro la dignidad de las personas.

La ceremonia fue presidida por el capellán del Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck, y contó con la participación de personas de la hospedería Álvaro Lavín, del Centro Diurno de La Pintana, del programa Vivienda Primero, educadoras de jardines infantiles de La Pintana y Puente Alto. También asistieron usuarios de programas terapéuticos ambulatorios y residenciales de la fundación. A ellos se sumaron vecinos del sector y trabajadores de la casa matriz, en una convocatoria transversal que dio vida a la jornada.

Comunidad del Hogar de Cristo reunida en el tradicional rito del lavado de pies

Comunidad del Hogar de Cristo reunida en el tradicional rito del lavado de pies

ESTAR CERCA DE DIOS

El lavado de pies se convirtió en el momento más significativo de la ceremonia presidida por el capellán, conocido como “el padre Pepe”. En ese gesto cargado de simbolismo participaron adultas mayores del programa del Hogar de Cristo en La Pintana, un acogido de la hospedería de Santiago Centro y dos mujeres del programa terapéutico residencial de Quilicura, quienes recibieron este signo de servicio y dignidad.

Para Venecia, participante de Quilicura, la experiencia fue conmovedora. “Sentir un acto de humildad de otra persona te provoca un sentimiento bien particular. Es lindo, emocionante, y me llevo esto para mi familia”, relató, adelantando que aprovechará el fin de semana largo para compartir con los suyos.

Al otro lado del gesto estuvieron trabajadores del Hogar de Cristo, quienes realizaron el lavado de pies. Entre ellos, Pamela, educadora de la sala cuna y jardín infantil Monseñor Santiago Tapia de La Pintana, destacó el sentido de la experiencia: “Fue muy emocionante. Hacía tiempo que no lo vivía; es un acto de humildad, de estar muy cerca de Dios. Compartirlo con mis compañeros del Hogar de Cristo fue algo muy bonito”.

La misa de lavado de pies de jueves santo fue liderada por el capellán general del Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck.

PANES Y UVAS

Luego del lavado de pies, la ceremonia continuó con un diálogo abierto con los asistentes. Al ser consultados por cómo se sentían, las respuestas reflejaron el espíritu de la jornada. “Es emocionante sentir toda la humanidad en un acto de humildad”, comentó uno de los presentes. Otra persona mayor destacó un cambio relevante en la tradición: “Estamos avanzando a que a las mujeres también nos laven los pies, porque antes era solo a los hombres”.

La misa también tuvo un fuerte componente simbólico en sus ofrendas. El pan fue elaborado por Érika, la manipuladora de alimentos del programa terapéutico residencial de Quilicura. La uva fue donada por feriantes. Los recuerdos, en tanto, fueron preparados por el programa terapéutico ambulatorio de El Castillo y la mencionada sala cuna y jardín de La Pintana.

El pan fue hecho por Érika, manipuladora de alimentos en el programa terapeútico residencial de Quilicura. Las uvas fueron donadas por feriantes.

La música estuvo a cargo de un coro conformado por Emilio, Elizabeth, Guillermo y Giannina —tres trabajadores del Hogar de Cristo y una voluntaria— quienes acompañaron la liturgia con cantos que reforzaron el clima de recogimiento y comunidad.

Un rol especial tuvo Miguel Huerta, beneficiario del Hogar de Cristo que hoy vive de manera independiente. Actualmente es voluntario del equipo de espiritualidad y colaboró activamente en la misa. En ella dio un valioso testimonio de su proceso y de su actual autonomía.

El lavado de pies en El Castillo no solo reeditó un gesto litúrgico en una comuna donde el Hogar de Cristo ha tenido una histórica presencia, sino que reafirmó que el trabajo unido y colaborativo, permiten crear hermosos espacios de encuentro con la comunidad.