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Los hermosos trapillos de Rosa y otras mujeres de la Hospedería

Los trabajadores del Hogar de Cristo fueron gratamente sorprendidos con la exhibición de estos hermosos “trapillos” hechos con materiales reciclados por las mujeres de nuestra Hospedería de Estación Central. Una de sus creadoras es Rosa Álvarez, quien promete que volverán antes de Navidad para quienes quieran hacer (o hacerse) lindos regalos con sentido.

Por María Teresa Villafrade

 

Rosa Álvarez (61) llegó hace casi un año a la hospedería de mujeres del Hogar de Cristo. “Todo esto que está pasando en el país es porque no se han hecho las cosas bien para la gente hace mucho rato. Yo llegué a situación calle, pero no debería nunca haber estado así”, dice.

Ella, al igual que las otras 30 residentes, algunas madres con hijos, atraviesan por problemas críticos de distinta índole. En su caso, una displasia y artrosis severa de cadera que le impidió trabajar en su labor de toda la vida -enfermera de recién nacidos- sumado al alto precio de los arriendos, fueron los causantes principales de su actual condición.

En la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo, los talleres de bordado y trapillos han sido su salvación. Gracias a la voluntaria Marlene Vergara aprendió la técnica del trapillo que hoy la hacen exhibir orgullosa sus lindas alfombras, individuales y bajadas de baño. El trapillo es un material reciclado que se hace cargo del descarte de ropa y se transforma en ovillos de tiras de tela que se usan para crochet o manualidades.

“Éramos cerca de siete participantes y usábamos para trabajar poleras, vestidos, camisetas. Primero los lavábamos y cortábamos y después formábamos los ovillos, que es la parte más tediosa. Podía haber elaborado más productos pero debía cortar, coser y eso quitaba tiempo. Iba a la feria a buscar materiales y, además, alumnas del colegio Villa María nos trajeron ropa para reciclar”, cuenta.

Rosa se convirtió en una alumna muy aventajada, porque aprendió rápido y junto a su compañera Paola Jeria quieren seguir elaborando trapillos para la venta. “Un emprendimiento pequeñito que esperamos nos ayude a salir adelante”, agrega.

LA SUERTE DEL POBRE

-¿Por qué razón no pudiste comprarte una vivienda?

-Me compré un departamentito en Peñalolén, pero no lo puedo ocupar. Con la suerte del pobre no supe escoger el lugar, me preocupé de que fuera amplio y con buena luz, con orientación nororiente, pero no me fijé en los vecinos. No alcancé a llegar a instalarme porque me lo destruyeron, lo anegaron completo. Esto pasó el 2013 y desde esa fecha está en conocimiento del Serviu, llevo todo este tiempo esperando una solución a mi problema.

Estuvo arrendando mientras pudo trabajar. Primero le cobraban 40 mil pesos por una pieza y después 180 mil hasta llegar a los 260 mil pesos mensuales. “Ahora los precios están por la nubes, imposibles. Mi sueño es vender ese departamento y comprarme otro en un lugar con mejor calidad de vida, sin droga ni violencia a mi alrededor”, señala.

Rosa nunca se casó ni tuvo hijos. “El príncipe azul no existe, sólo hombres con defectos que buscan una mujer que los haga felices, pero no se plantean hacer feliz a una mujer”, sostiene.

Pronto sus hermosos productos y de los de sus amigas de Hospedería estarán nuevamente en exhibición para la venta, cerca del 30 de noviembre. “Los colores son únicos, irrepetibles”, promociona contenta. ¡Todos a colaborar con estos hermosos trabajos!

Si te interesa ayudar a mujeres como Rosa, #involucrate

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