A sus 74 años, Luis Cifuentes es uno de los damnificados por el incendio que devastó a su población Lord Cochrane, en la comuna de Peuco.
“De aquí para acá, tenía dos piececitas. Ese era mi bañito. De aquí de la solera venían las dos piezas, uno era mi dormitorio y la otra cocina, comedor y living, ahí mismo todo. No quedó nada, aquí está la evidencia. Esto fue algo sorprendente. De aquí para acá es de nosotros. De aquí para allá es de los González. Nosotros somos los Cifuentes”.
Luis Cifuentes habla con sencillez y sin aspavientos. Sorprende el ánimo con el que describe haber perdido su modesta vivienda a raíz del voraz incendio que azotó a la comuna de Penco el sábado 10 de enero pasado. Una forma trágica de comenzar el 2026.
“Estoy en una situación grande, tremenda, donde quedamos con las puras cenizas en las manos. Yo estoy con mi hija María Eugenia, mi yerno y mi nieto. No sacamos ni siquiera un papel como documentación, pero aquí estamos luchando y con la fuerza que tiene el chileno de salir adelante. A pesar de mi edad, igual le damos todo el día aquí”.

La familia de Luis Cifuentes también fue afectada por el incendio.
Abraza a Víctor Jerez, trabajador social y jefe del servicio de ayuda domiciliaria a personas mayores de Hogar de Cristo que atiende en esta zona precisamente. Luis, desde hace 7 años, es uno de los 60 integrantes de este programa social tan importante, en especial en sectores muy vulnerables.
“Hoy más que nunca necesitamos una mano. La mano de Chile, la mano solidaria que caracteriza a los chilenos. Una colchoneta, una frazadita. Muchas cositas nos van a servir y van a ser muy bienvenidas”.
Luis Cifuentes se encontraba en su casa el día en que comenzó la tragedia. Cuenta que vio el fuego en la parte más lejana del cerro y, desde allá, empezaron a caer chispas:
“Acá atrás había un sitio eriazo, lleno de pasto. Eso provocó que las chispas cayeran ahí y el acercamiento del fuego a las casas”.
-¿Qué hizo entonces?
-Miramos, miramos ahí afuera en la calle. Tuvimos que arrancar a la calle, todos gritando: ¡saquen la guagua, arranquen, corran! El fuego era una cosa pero infernal. Era algo como que tenía voz la llama. Era algo tremendo, era para quedar pero pálido de susto, la impresión de sentir algo que muchas veces vi en la televisión con otras familias en otros lados. Ahora nos pasó personalmente a nosotros. Aquí quedamos de brazos cruzados.
Luis Cifuentes no se derrumba. Destaca lo positivo del drama:
“Aquí también se aprende de la unión chilena, se aprende a decir hola, vecino. ¿cómo estamos, vecino? Porque no somos dueños de nada ni aunque tengamos documentación. Aquí la naturaleza nos dijo Yo mando aquí. Arranquen por sus vidas o se queman. Eso nos dijo. Y si no arrancamos nos habría pasado lo mismo que a varias personas que murieron.

Víctor Jerez, jefe de programa de atención domiciliaria a personas mayores de Hogar de Cristo, abraza y conforta a Luis Cifuentes, participante del programa.
Luis ha recibido solidaridad. No sólo del Hogar de Cristo.
“Han llegado personas de la calle y nos han pasado agua, sanguchitos, almuercito, nos los han traído del club deportivo de la población Lord Cochrane. Créame que la parte solidaria ha sido muy buena. Alimento llega casi todo el rato”.
Agrega que le falta más que nada madera para reconstruir, frazadas y colchonetas “para tirarse por ahí mientras que solucionamos todos los problemas. Yo duermo aunque sea bajo un árbol, pero se me hace difícil en un terreno pelado. Tengo mis años, y la vengo sufriendo desde niño. A estas alturas, ya me estoy matando mucho”.
Le preguntamos qué le parece el programa de ayuda a las personas mayores de Hogar de Cristo del cual él forma parte.
“Llevo como unos siete años ya con ustedes y me entregan mercadería, una oncecita. Además, me invitan a paseos que me llenan el corazón y me dejan contento. Se han portado lindo. Con esto que nos ha pasado, más los necesitamos”.
No es solo asistencia material. Es también presencia. Acompañamiento. Quienes lo perdieron todo no necesitan discursos. Necesitan agua para beber, herramientas para despejar, manos que ayuden a levantar. Necesitan sentir que, más allá de la emergencia que pronto dejará de ser noticia, alguien sigue mirando hacia este rincón del Biobío.
Este jueves 22 de enero, día del natalicio de Alberto Hurtado, fundador de Hogar de Cristo, llegaron a estas localidades afectadas los kits con implementos para la remoción de escombros que la fundación ha comprado gracias a las donaciones generosas.

Hogar de Cristo ya entregó los primeros kits para el despeje y remoción de escombros en las localidades de Penco, Villa de Parra y Lirquén.
Si algo enseñan estas historias que conocimos en el recorrido junto a Víctor Jerez es que la reconstrucción empieza con gestos simples. Un bidón de agua, un kit de trabajo, una donación que se transforma en dignidad.