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“Nunca más volví al doctor”

Mujer, embarazo y calle

Cuando Cecilia se enteró que estaba embarazada, se quería morir. Sola, sin un techo que la protegiera y con el 60 por ciento de su cuerpo quemado, no era el mejor escenario para concebir a su tercer hijo. Así que siguió en la calle, consumiendo y sin controlarse. Pero el frío, el hambre y los síntomas propios del primer trimestre de gestación, la animaron a pedir ayuda. Esta es su historia.

Por María Luisa Galán

“No alcancé a salir, porque, cuando me iba a parar, él me tiró bencina encima. Y al segundo me prendió fuego. Fue porque no quise tener relaciones con él. Le dije que éramos sólo amigos, aunque  viviéramos en el mismo ruco. De ahí, no supe más de mí en seis meses”.

Así  rememora Cecilia esa fatídica noche ocurrida hace tres años, que la tuvo en estado de coma.

Cecilia (35) vivió durante diez años de forma intermitentemente en situación de calle. Deambulaba entre la casa de su mamá y la intemperie. Esa noche del incendio, Cecilia recuerda que él llegó enojado. Le dio una cerveza que, según relata, seguramente estaba mezclada con pastillas porque se empezó a sentir mal. “Algo me va pasar”, se dijo. Para ella no era normal estar así por unos sorbos.

Imagen referencial

Por lo que supo, después, los vecinos de los edificios adyacentes trataron de sacarla. Él mismo también trató de apagarla, según leyó en un informe posterior. Producto de este siniestro, quedó con el sesenta por ciento de su cuerpo quemado y algunos dedos de la mano amputados. Él, desde hace un año está detenido por homicidio calificado frustrado.

Actualmente, Cecilia reside en la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo. Llegó a principio de septiembre de este año, con casi seis meses de embarazo.

No volvió más

Se estima que en Chile hay 19 mil personas viviendo en situación de calle. De ellas, sólo 19% son mujeres. Una de ellas es Cecilia. Hace 10 años que vive en situación de calle. “Estaba unos meses y volvía a mi casa. En ese tiempo mi mamá estaba viva aún. Tenía un lugar donde llegar, pero era tanto el consumo que tenía, que me quedaba en un ruco, debajo de un puente, donde me pillara la noche. En Santiago Centro”, cuenta hoy.

Tiene tres hijos. El primero lo tuvo a los 18 años, el segundo a los 25 y hoy espera al tercero, resultado de una relación fugaz con un hombre en situación de calle que le dijo que no estaba ni ahí con esa guagüita.

Se enteró de su estado porque no le llegó la menstruación, tenía sueño y sentía algo raro. Fue al médico, le hicieron tacto y le confirmaron el embarazo. Se quería morir. “Me dio rabia. ¿Cómo tan inconsciente yo de no cuidarme dada mi condición?”. No volvió más al médico después de la noticia. Su mamá de 64 años había fallecido por una falla multiorgánica y su familia no la apoyó.

Volvió a la calle. Pero no aguantaba más. Le estaba creciendo su guatita y le daba más hambre que ganas de consumir drogas.

Cuenta: “No puedo estar así. Embarazada y en la calle, no puedo. Tengo que cambiar por mí, por mis hijos, porque ya llegué a un tope. La gente se aburre de ayudarte y yo andaba caminando de un lado a otro. De repente pasan unos tíos que ayudan a las personas en situación de calle y les pregunté a dónde puedo ir, que ya no quería estar en la calle. Les dije que en la calle me pasó esto (la quemadura) y ahora me van a matar porque la calle está mala. Muy mala. Por droga, son capaces de matarte”.

Esas personas la orientaron y le recomendaron la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo. Tomó una micro y llegó a principios de septiembre. “Es difícil. Me gustaría poder hacer más cosas, como las niñas que están aquí que salen a buscar pega o arriendo. Pero yo no puedo. Estoy sola. Dependo de una pensión de discapacidad y nada más”, relata Cecilia, quien actualmente está con tratamiento en un COSAM por depresión.

-¿Cómo es vivir el embarazo en calle?

-Muy difícil. Me daban muchos vómitos y ganas de dormir. Ya no podía trasnochar como antes. Pensaba en puro ir a acostarme. No aguantaba el frío, nada. La misma droga me hacía vomitar. Y pensaba que ya no tenía 18 ni 25 años, sino 35. Y con mi condición, por lo que me pasó, no podía tener un embarazo normal.

-¿Te controlabas el embarazo?

-No. Hace poco tuve mis primeros controles. Nunca más volví al doctor porque prefería quedarme en la calle. Estoy consciente que mi consumo le hace mal a la guagüita. Obvio que sí. Pero me sentía tan mal que tuve recaídas. No de días, sino de un rato, para el dolor de guata. Para el craving –dice, usando una expresión anglo y técnica. El craving es el deseo o las ansias por introducir una sustancia en el cuerpo.

Pero cómo te embarazaste

La ginecóloga Andrea Von Hoveling trabaja en el Hospital del Carmen, en Maipú. Durante su carrera le ha tocado atender a mujeres embarazadas en situación de calle, pero más que nada a puérperas por el programa de anticoncepción previo al alta que implementó. Por lo general, las pacientes de este plan son adolescentes, migrantes en situación irregular, personas en situación de calle o ruralidad, cualquier mujer que se vislumbrara que pudiera no tener adherencia a los controles posteriores. Andrea llegaba a ellas para aconsejarlas y, si querían, regresaran a sus casas con algún plan anticonceptivo iniciado.

Andrea Von Hoveling, ginecóloga Hospital El Carmen, Maipú.

Sobre los peligros de no controlar un embarazo, explica: “El riesgo son que haya patologías que no se pesquisen y que sigan avanzando; y que puedan tener una repercusión directa en la madre y en el hijo. Por ejemplo, una diabetes gestacional, una hipertensión. Los síndromes hipertensivos en el embarazo son una de las principales causas de muerte de madres en nuestro país. Entonces el no pesquisarlo puede tener un daño muy concreto. Luego hay otras situaciones que no se puede descubrir y que lamentablemente son más frecuentes en personas en situación de calle y consumo de sustancias, como una sífilis o un VIH, y que por dejar pasar el tiempo complique la salud de la madre y que pueda haber secuelas en los hijos”.

A eso agrega, aunque es menos frecuente, el riesgo de que la guagua venga con alguna malformación que requiera cirugía o u embarazo gemelar donde haya una distribución desigual de la placenta.

-¿Cuáles son los riesgos de consumir drogas en el embarazo?

-Cada sustancia tiene sus propios riesgos. Todas las drogas, sin excepción, incluida la marihuana, tienen más riesgo de aborto y daño fetal directamente. Y la pasta base y la cocaína tienen un riesgo bien específico, porque son fármacos vaso constrictores. Aprietan las arterias, entonces es típico escuchar que alguien se infartó o que le dio un accidente vascular cuando estaba consumiendo cocaína y, eso mismo, puede ocurrir en la placenta. Hay un riesgo concreto de muerte fetal in útero por desprendimiento de la placenta. Y, cuando estas vaso constricciones son parciales y no alcanzan a desprender la placenta, también se puede producir el síndrome de moebius, que hace que las zonas del cuerpo que se están desarrollando en ese momento, no se forman bien.

Se suma a lo anterior, el síndrome alcohólico fetal con el que pueden nacer algunos bebés. Una patología compleja pues son guaguas irritables, que cuesta alimentar y generar apego con la madre u otro cuidador. 

La doctora Van Hoveling, ahonda en el tema: “Independientemente de lo que uno puede opinar, que no nos corresponde, son personas que además de no estar insertas en la sociedad, les ha significado no ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. Son mujeres que no se cuidan, que no adhieren a los controles de anticoncepción o los chequeos anuales, por lo tanto no se cumple el deseo de diferir la maternidad. Muchas veces no tienen autonomía sexual, están sujetas a explotación sexual, intercambio sexual, están tremendamente expuesta a enfermedades de transmisión sexual y, cuando están en edad fértil, a embarazos no planificados. La inequidad no parte sólo en el cuidado del embarazo y en la atención del parto, sino que en el cuidado”.

-¿Hay malos tratos hacia las mujeres en situación de calle?

-Muchas veces nos encontramos, y lo encuentro imperdonable y de una ironía absoluta, que cuando buscan atención en salud, ya sea para no embarazarse o ya están embarazadas, reciben malos tratos. Por la falta de higiene, por la exposición. Te cuentan que llegan donde la matrona porque se quieren cuidar y reciben comentarios como: ‘y para qué te quieres cuidar’ o ‘ponte las pilas porque una cosa es el cuidado y otra ser una persona decente’. Muchas veces, hay mecanismos inconscientes porque están desaseadas, entonces tienen menos controles o controles menos adecuados. Y cuando llegan embarazadas, después de haberles puesto mil barreras, les dicen: ‘pero cómo te embarazaste’. Es un círculo vicioso de criticar y no prestar ninguna ayuda concreta. Por eso partió mi proyecto, que la mujer que va a tener una guagua, va a tener que pasar por un hospital. Es aprovechar la instancia del parto o del aborto, si es que lo hay, como una venta de oportunidad para ojalá volver a invitar a esa mujer o a que se vaya con un método anticonceptivo si es que quiere. Y a veces les piden una dirección y no tienen dirección que dar. Y eso les da vergüenza, pudor. Y la prevalencia de la psicopatología es enorme. Hay personas que no buscan atención de salud.

Casos aislados

No es frecuente ver mujeres embarazadas en situación de calle. De acuerdo al relato del equipo del Programa Calle del Hogar de Cristo, son muy pocos los casos que les ha tocado ver.

Luis Vidal es uno de los monitores del programa y recuerda a una chica de 20 años, que tuvo a su guagüita hace un año y que consumía drogas durante la gestación. “Había mucho tráfico en el lugar donde vivía”, dice. La familia de ella tampoco ayudaba, porque también eran usuarios con consumo problemático.

Profesional del Programa Calle entregando raciones y abrigo en plena pandemia.

Carmen Bernal, monitora del mismo programa, cuenta que en su trayectoria trabajando con personas en situación de calle, cada vez que llegaba una mujer embarazada, hacían las gestiones para que fuera trasladada a una residencia.

“Por eso, tal vez, no es frecuente ver mujeres embarazadas en situación de calle. Lo que sí se ha visto últimamente, son extranjeras en gestación que por la falta de redes y su desconocimiento de organizaciones sociales, no saben dónde pedir ayuda”, explica.

Un dato que agrega el equipo, es que las personas en situación de calle son reacias a ir al consultorio. Entre algunas razones, están el poco interés por su autocuidado, malos tratos que reciben y porque no tiene habilidades sociales y no saben cómo establecer una conversación y pedir ayuda. Finalmente, asisten cuando su estado es muy crítico.

El Programa Calle del Hogar de Cristo, además de acompañarlos y guiarlos en temas médicos, también les facilita ducha y ropa limpia para que lleguen aseados a su cita médica. Junto a ello, tienen un plan preventivo en el que se les entrega preservativos y se les aconseja en temas de sexualidad.

-Cecilia, ¿qué es lo más difícil para ti?

-En mi situación, el estado en que estoy. Por las quemaduras, por mis manos. Entonces, me siento impotente. A lo mejor podré cuidarlo, pero dónde. No tengo un lugar. Por eso he pensado en dar en adopción al niño, porque no me queda otra y él no tiene la culpa. La irresponsable fui yo. Es muy difícil estar embarazada en la calle.  De repente quieres comer, te da un antojo, y de dónde vas a sacar lo que quieres La gente te mira feo porque eres de la calle. ¿Cómo esta niña llegó a la calle y embarazada? Siempre te van a criticar. Estoy agradecida aquí porque con las tías he podido controlarme el embarazo. A lo mejor, cuando nazca, va a tener lo mismo que yo, abstinencia, porque consumí harto tiempo en el embarazo, pero ahora digo, no puedo hacerle más daño del que ya le hice.

Remata, Cecilia: “Mi testimonio es para dar el ejemplo, por otras mujeres que están así y se afligen tanto estando embarazadas. Imagínese yo, por mi condición, embarazada y en calle. Es mucha la diferencia. A la mujer que está en calle le aconsejo que se cuide y cuide a su bebé, que vaya a los controles porque es muy necesario”.


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