Los padres de Alberto Hurtado vivían a 15 kilómetros de Casablanca, en un fundo llamado Los Perales de Tapihue (conocido también como Mina del Agua) que formaba parte del antiguo fundo Tapihue. Sin embargo, el primogénito de Alberto Hurtado Larraín y Ana Cruchaga Tocornal no nació en su hogar como se usaba a principios del siglo 20.
Cuando estaba por nacer, el matrimonio aceptó la invitación de la tía del padre, Josefina Larraín Larraín, casada con Ramón Echazarreta, para ir a tenerlo en su casa de Viña del mar. “Así no estarían tan aislados en el momento en que Ana diera a luz”.
Era una casa amplia y bella, situada en la calle Valparaíso, cerca de la plaza Vergara.
La ciudad de Viña del Mar había sido fundada pocos años antes, en 1878, y ya se había convertido en uno de los balnearios preferidos de la aristocracia. Era común que secciones de la prensa dedicada a la “vida social” difundieran los nombres de los veraneantes.
Justamente el domingo 20 de enero de 1901, dos días antes del nacimiento de Alberto Hurtado Cruchaga, El Mercurio de Valparaíso publicó el nombre de sus padres, entre muchos otros de la alta sociedad que habían llegado a Viña.
A pocos kilómetros estaba el puerto de Valparaíso que entonces era el principal centro comercial del país. En 1907, alcanzó los 162.000 habitantes. Era un centro de los negocios del salitre, fuente principal de riqueza de Chile en ese entonces. Valparaíso atrajo a empresarios de firmas británicas que dieron un sello especial a la ciudad. Incluso se escuchaba hablar inglés en las calles.
El día que nació Alberto, el 22 de enero de 1901, el diario El Mercurio de Valparaíso anunciaba variadas actividades que se desarrollaban en el “pueblo pintoresco” de Viña del Mar.
Este jueves 22, día en que cumpliría 125 años, estaremos en la Feria del Libro de Viña del Mar, presentando “Ojos que ven, corazones que sienten”, la antología de fotografía de los últimos 80 años en Chile. En el libro se da cuenta de cómo ha cambiado la cara de la pobreza en Chile desde la creación de lo que para muchos es el “milagro cotidiano” del padre Hurtado: el Hogar de Cristo.
El capellán general de la fundación, José Francisco Yuraszeck, la editora del libro, la escritora, periodista y subgerente de Comunicaciones del Hogar de Cristo serán los encargados de la presentación del sensible y estético libro en un día particularmente especial y en una ciudad ad hoc. 22 de enero, fecha del nacimiento en Viña del Mar del primer hombre santo chileno.
Dos días después de nacido, Alberto fue bautizado en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, de Viña del Mar, a pocas cuadras de la casa de su tía. El templo fue devastado por el terremoto de 1906 pero en ese mismo lugar se levantó otro nuevo, de estilo neo-románico, obra del arquitecto Emilio Jecquier (autor también de la Estación Mapocho, el Museo de Bellas Artes y la Bolsa de Comercio de Santiago), inaugurado el 28 de febrero de 1912.

En la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores (más conocida ahora como Parroquia de Viña del Mar) fue bautizado Alberto a los dos días de nacer. Aún conserva la pila bautismal del santo chileno.
En el interior de la Iglesia, hoy conocida como Parroquia Viña del Mar, se conserva todavía la pila bautismal del santo chileno.
Alberto pasó sus primeros años en el fundo Los Perales de Tapihue. Tres años después que él, nació su único hermano, Miguel.
La casa era pequeña, con gruesas murallas de adobe y un par de dormitorios. A un extremo del corredor que miraba al camino, su madre habilitó como oratorio un pequeño cuarto.

No existen imágenes de la casa del fundo Los Perales de Tapihue. La fotografía ilustra el sector más actual y es de Bienes Online.
La propiedad estaba en un valle amplio, entre cerros agrestes. Su padre trabajaba la tierra y criaba ganado. Con ello le alcanzaba para mantener la familia en condiciones modestas.
El niño creció en contacto con la naturaleza. Era alegre y travieso. Su madre rezaba cada día con él en el oratorio y lo llevaba a misa a la parroquia de Casablanca. En su edición del domingo 14 de enero de 1905, antes del terremoto fatal, El Mercurio de Valparaíso describe a esta ciudad así: “La impresión que produce aquel pueblo es bien triste. Aquello es la imagen de la decadencia”.
Casablanca, con su modesta apariencia, contaba con 1.500 habitantes, una regular iglesia reedificada en 1858, dos o tres escuelas gratuitas, una oficina de registro civil, de correos y telégrafo.
Cuando Alberto tenía casi cuatro años, llegaron unos religiosos redentoristas a dar misiones en la región. Se dijo que ellos disfrutaban viendo al pequeño jugar a celebrar misas.
El párroco de Casablanca, Germán Sandoval, recurrió a su padre para que lo ayudara a organizar a la gente del lugar, porque quería conseguir que la municipalidad tomara decisiones que favorecieran a esta tierra.
En el otoño de 1905, la zona sufrió la acción organizada de delincuentes. Según un periódico de Santiago, eran “patrullas de malhechores que daban asaltos a mano armada”. El padre de Alberto y su hermano Julio eran rudos y de armas tomar. El primero se enfrentó a un bandido conocido como Curco y casi lo mató de un balazo. De un total de 33 maleantes detenidos en la zona, 9 fueron capturados en Los Perales de Tapihue por los hermanos Hurtado.
Un día 14 de junio, tras regresar de vigilar los alrededores del fundo, el padre de Alberto llegó a casa sintiéndose muy mal. Desmontó su caballo y pidió un vaso de agua a su esposa Ana. Cuando ella le llevó el agua a su cama, él ya había muerto.
El certificado de defunción registró que a él, un hombre que aún no cumplía 30 años, le había fallado el corazón. Fue enterrado en el Cementerio Católico de Santiago.
El 30 de junio, El Mercurio de Valparaíso consignó: “El señor Alberto Hurtado Larraín, fallecido últimamente, fue en Casablanca uno de los perseguidores más activos del bandolerismo de aquel departamento. Poco antes que le sobreviniera el mal que le causó la muerte, dio caza a siete individuos cerca de Quilpué”.
Ana quedó viuda con dos niños pequeños y muchas deudas. Su familia le brindó apoyo. Ella se fue a vivir con su hermano Jorge a Santiago. Pese a los esfuerzos de Julio Hurtado y Miguel Cruchaga, el fundo resultó ser inviable y decidieron rematarlo. Juan de la Cruz Díaz, corredor de propiedades, se hizo cargo de todo. La fecha del remate quedó fijada para el 6 de noviembre.

Alberto junto a su único hermano menor, Miguel.
A medida que se acercaba el plazo, no aparecían interesados. Pero el día del remate se produjo un hecho providencial que Ana Cruchaga atribuyó en buena medida a su difunto marido. Así lo contó a su cuñada:
“Yo lo considero un verdadero milagro. Según dice Juan de la Cruz, el señor Marcos Florín Gajardo ha rematado el fundo sin conocerlo y casi sin datos. Llegó al escritorio de Juan veinte minutos antes de las dos, hora del remate. A las dos y cuarto, ya estaba todo arreglado. Se ve muy claro que mi Alberto desde el cielo me está arreglando todo, él era tan sumamente bueno que no dudo nuestro Señor lo tiene a su lado”.

Esta fotografía de su mamá, Ana Cruchaga, estaba en el velador de la habitación de Alberto Hurtado.
Vendida la propiedad se pudieron pagar las deudas más apremiantes. Con el pequeño excedente que quedó, Juan de la Cruz aconsejó a Ana comprar una parcelita en la localidad de El Monte y otro terreno en Viña del Mar. Ana siguió su consejo, pero no llegarían a cumplirse las expectativas.
Para el biógrafo Jaime Castellón, “sorprende el hecho de que Alberto nunca hiciera alusión a estos primeros años de su vida, ni en sus escritos ni en sus predicaciones. Tan llamativo como ello es que nunca hiciera referencia a su padre, de quien su madre se expresaba con tanto cariño. Ni siquiera ha llegado a nosotros una foto suya. Solo sabemos que, sin dar explicaciones, en un momento de adolescencia, Alberto decidió llevar luto por él. Él siempre fue muy reservado respecto a sus asuntos personales”.
Lo cierto es que tras la muerte de su padre, la familia de Alberto vivió de allegada en casas de familiares, pasando muchas apreturas económicas. Si bien su madre Ana consideró un milagro la venta del fundo, se vio que se hizo con grave lesión para los herederos menores de edad. Años después, el ex sacerdote Marcos Florín Gajardo tuvo que pagar la diferencia lo que permitió el ingreso del abogado Alberto Hurtado Cruchaga a la Compañía de Jesús.

Los hermanos Hurtado Cruchaga y su madre, vivieron de allegados tras la muerte de su padre, con muchas apreturas económicas.