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Un “AUGE” social para los 547 niños en calle

Por Paulo Egenau, Director social del Hogar de Cristo

Un lunes de octubre de 1949, Las Últimas Noticias titulaba así: “7.000 niños vagos luchan contra el hambre y el frío en Santiago”. A fines de los años 40 y durante los 50, el tabloide escribió decenas de artículos dando cuenta del fenómeno y les puso un apodo genérico a los niños vulnerados que vivían bajos los puentes: “Los gorriones del Mapocho”, los llamó. Este lunes 5 de mayo de 2019, los medios volvieron a ocuparse de la manifestación más cruda de la pobreza y el abandono; el ministerio de Desarrollo Social dio a conocer el “Conteo Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Calle”, que desarrolló la Universidad Alberto Hurtado.

El número resultante de “niños y adolescentes, entre 5 y 17 años 11 meses 29 días de edad, que hayan pernoctado al menos una vez en el último año sin la compañía de un adulto responsable en lugares públicos o privados que no tienen las características básicas de una vivienda aunque cumplan esa función”, fue de 547.

547 niños y jóvenes expuestos a los riesgos de la calle , en todo Chile, no sólo en Santiago, como indicaban las estadísticas de 1949, que entonces tenía poco más de 5 millones de habitantes, y no casi 17 millones.

Habría que alegrarse entonces, pero no. Aunque son un  grupo pequeño en cantidad, es muy complejo en su intervención y tratamiento y requiere de una diversidad de servicios articulados en torno a cada niña y niño. La experiencia de vivir en calle es dolorosa y queda grabada como un pasado -y en muchos casos- como un presente traumático.

El II Catastro de Personas en Situación de Calle de 2011 contabilizó en 762 a los niños y adolescentes que sufren el sinhogarismo, más que la cifra entregada el lunes, pero coherente, porque incluye a quienes están con sus padres en esa situación. Ese mismo informe indica que la causa principal que conduce a los niños a la calle son problemas familiares, sin embargo el 83,6% mantiene aún un contacto con la familia y el 51,7% vivió en una residencia para menores antes de comenzar su vida en calle.

Esto revela una relación ambivalente: a pesar de haber podido sufrir  violencia intrafamiliar, maltrato, abuso, negligencia parental, los niños y jóvenes se mantienen en contacto o en las cercanías del hogar nuclear. Esto se explica en la búsqueda de cariño y contención emocional que requieren y que sólo sus familias pueden dar.  Este hecho revela que muchas de estas dificultades son susceptibles de ser revertidas, con apoyo terapéutico y  social.

Otra característica son sus trayectorias educativas. De acuerdo al Conteo, el 55% de los niños no asiste el colegio y un 61% tiene rezago escolar. Esto es resultado de la falta de capacidad de los establecimientos educacionales para entregar contención y apoyo, lo que se traduce en una alta tasa de expulsión. Las causas son problemas conductuales, bullying, ausentismo por temas familiares, falta de apoyo, entre otros. Así, el sistema educativo refuerza la exclusión social que viven estos niños y adolescentes, lo que perpetúa la situación de calle. Esta realidad nos obliga a clamar por escuelas  y aulas de reingreso ahora.

El suma y sigue de las vulneraciones de estos “gorriones” actuales, que sobreviven en los territorios más vulnerados de Chile, requiere con urgencia de la Ley de Garantías de los Derechos de la Infancia. Una suerte de AUGE social de los niños, que aborde todas las múltiples vulneraciones que padecen y los acoja, cuide y repare sin excusas ni dilaciones.

 

 

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