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Ventana Viajera: un taller con “rutas especiales”

La actividad se realiza cada miércoles en la Casa de Acogida Padre Hurtado, en Estación Central, e invita a los participantes a recordar historias de antaño. También los lleva de visita a lugares tradicionales de Chile y el mundo a través de historias y relatos.

Por Jacqueline Otey A.

Asomarse a la Ventana Viajera. Esa es la invitación de este taller que se ofrece en la Casa de Acogida Padre Hurtado del Hogar de Cristo cada miércoles. A través de ella, los participantes “viajan” a diversos rincones de la ciudad e incluso del mundo, a través de historias que relatan las monitoras. Además, y de tanto en tanto, salen de paseo a lugares emblemáticos de Santiago. Es como un Día del Patrimonio especialmente dedicado.

Ginette Peñaloza es técnico social, lleva 14 años trabajando en la causa del padre Hurtado y explica que el objetivo principal de esta actividad es que los acogidos “viajen” y recuerden vivencias de su pasado por medio de temas específicos que se desarrollan en los talleres. “A través de relatos, fotos, textos o paseos a terreno. Hace un tiempo fuimos a recorrer el sector histórico del Cementerio General”, cuenta entusiasmada.

El taller se realiza desde hace un año y tiene importante acogida. A cada sesión acuden más de 25 personas que escuchan atentamente las historias que narran dos monitoras en uno de los salones principales. “A ellos les gusta asistir y habitualmente proponen el tema que desarrollamos en el siguiente encuentro. En una de las últimas sesiones conversamos sobre Recoleta, comuna que muchos conocen a la perfección, ya que vivieron en situación de calle en esta zona”.

Margarita Rojas (77), llegó al centro hace tres años, pero durante mucho tiempo vivió en un ruco cerca del Cementerio General. “A los 14 años comencé a trabajar en la Vega Central, ayudaba a la gente, trabajaba de portera en la picadas. Pero después me caí al frasco. Antes de llegar acá, vivía en un rincón en avenida La Paz. Ahí estaba sentada todo el día, no podía caminar porque estaba desnutrida y mis piernas las sentía dormidas. Todo el día tomaba vino, no comía nada. Ahí mi única compañía eran mis perras Luna y Shakira”.

Margarita cuenta que desde que llegó a la Casa de Acogida Padre Hurtado su vida tuvo un vuelco. “Aquí me siento en el cielo, todas las tías me quieren, no me hace falta nada. Este taller me encanta porque me gusta compartir y aprender un poco más. Yo participo y cuento mis vivencias. También sirve para contar lo que uno tiene adentro, para desahogarse. A la calle no quiero volver. Allá hace frío, nos tratan mal, nos tiran agua”.

Por su parte, Roberto Aguilar (70) reside hace dos años en este lugar al que llegó después de quedar sin familiares y deambular por diversas piezas en Santiago. Hoy participa activamente de las actividades del centro. “La Ventana Viajera me entretiene y relaja. Los temas son muy interesantes y a veces incluso salimos de paseo”. También asiste a los talleres de memoria, de repostería y hace mandalas con lana. “Todas estas actividades me ayudan a olvidar el pasado que no me gusta”.

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