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 Fraternidad abierta a todos: Sobre Fratelli Tutti del papa Francisco  

José Francisco Yuraszeck, capellán general del Hogar de Cristo

Esta Encíclica fue dada a conocer por el papa Francisco en vísperas de la fiesta de su patrono, Francisco de Asís, el 3 de octubre. La semana del 8 de noviembre, nuestro capellán nacional José F. Yuraszeck  fue invitado a comentarla y ha dejado por escrito esas reflexiones, que no tienen otro propósito que despertar el interés por su lectura. A continuación, una suerte de tráiler. La reseña completa se puede leer aquí https://bit.ly/3rCh94I

 Escribo estas palabras tras haber acogido la invitación que me hicieran tiempo atrás las personas de dos comunidades muy queridas, que a su vez están profundamente implicadas. Me refiero al equipo de trabajo de la Casa San Benito, que se ocupa de ofrecer un espacio de formación, encuentro y cultivo de las artes, para niños, niñas y adolescentes, y sus familias, de la localidad de La Isla, y a la comunidad de hermanas del Monasterio Benedictino de la Asunción de Santa María, en Rengo, ambas de la Región del Libertador Bernardo O´Higgins, Chile, ubicadas a pocos kilómetros de distancia una de la otra. En ambos lugares me invitaron a compartir una reflexión tras mi lectura de la encíclica Fratelli Tutti, lo que acepté con gusto. Vinculado a ambos espacios visité también por esos días la Hospedería San Benito, del Hogar de Cristo.

Mi vínculo con el Monasterio Benedictino de la Asunción de Santa María viene precisamente del compromiso que las hermanas tienen con la Hospedería San Benito del Hogar de Cristo en Rengo, que ya tiene 26 años. Atentas a la necesidad de personas en situación de calle que golpeaban sus puertas, surgió la propuesta de asociación y vínculo que ya va para las tres décadas. Aún tengo en mi memoria la celebración de los 25 años en septiembre del año pasado: tras orar y traer al presente recuerdos de personas y momentos relevantes de esta historia de amor, en el Templo del Monasterio, pasamos al refectorio, a una cena que, a mi modo de ver, se asemeja mucho a la Mesa del Banquete del Reino que nos espera a todos en el cielo. Aprovecho entonces también estas líneas para agradecer el compromiso y cariño de las hermanas del Monasterio, en el que me parece se hace vida buena parte del ideal de hospitalidad y fraternidad, que el mismo papa Francisco nos invita a vivir en la carta Fratelli Tutti (FT), haciendo referencia precisamente a la regla de san Benito (FT 90).

En la Hospedería de Rengo

  1. Una eterna novedad

Quien quiera encontrar en esta encíclica algo súper novedoso y deslumbrante, se va a decepcionar. La encíclica no ofrece muchas novedades, sino más bien una profundización de invitaciones ya hechas desde antiguo a todos quienes nos decimos cristianos y que, por cierto, trascienden con mucho las fronteras de la Iglesia. Son invitaciones de profunda humanidad, en la clave de la redención operada en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Hijo de María y de José de Nazaret.

Un buen número de las citas bibliográficas, que abundan, son referencias a documentos y discursos anteriores del mismo papa Francisco. Valga la constatación de que la encíclica tiene 287 párrafos numerados, además de dos oraciones conclusivas, y 288 son las notas al pie de página con referencias a escritos, discursos o hasta canciones que la inspiran. Es el caso de la Samba de la Bendición, de Vinicius de Moraes, que canta: “La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida” (FT 215). Entonces el Papa nos insiste en la invitación a construir una nueva cultura, en que el encuentro, la amistad social y la fraternidad con todos sea el horizonte hacia el que caminemos, a partir de la conciencia creyente de que Dios es amor, y que la fe trinitaria tiene hondas implicancias comunitarias, sociales y políticas.

  1. Un nuevo sueño de fraternidad

Para comprender el mensaje fundamental de este documento, es bueno acudir a sus mismas palabras, en lo que se refiere a su propósito: quiere ser esta carta “un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar e ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras” (FT 6). Resuenan en estas palabras las dinámicas de la cultura del descarte denunciada en distintos foros y documentos por Francisco, con una invitación que renueve la esperanza, de algún modo utópica, de una fraternidad universal. De otras formas explicita lo que lo mueve: “que la sociedad se encamine a la prosecución del bien común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano” (FT 66).

El mismo Papa se excusa de ser algo repetitivo, como quien martilla el mismo clavo varias veces. Lo que lo moviliza es el diálogo, y poder juntar en una sola carta reflexiones compartidas en distintos espacios de los últimos años. Ya lo señalábamos: la mayor parte de citas presentes en la encíclica son del mismo papa Francisco.

  1. Dos tipos de personas

El gran marco de interpretación de la realidad que ofrece el papa Francisco es la parábola del Buen Samaritano, que encontramos en el capítulo 10 del Evangelio de Lucas. Dedicará todo el segundo capítulo, que como decíamos se titula “Un extraño en el camino”, a una extensa catequesis sobre este pasaje, actualizándolo a las dinámicas del presente. El lente con que nos invita a mirar el Papa nuestros modos de relacionarnos, es el de la parábola del Buen Samaritano.

El mensaje principal es que uno a uno, desde abajo, sin esperar mucho de los que nos gobiernan, podamos cada día recomenzar, poniendo particular atención a quienes por distintas razones están malheridos al lado del camino (FT 77-79). Se trata de mirar cómo nos relacionamos cada día con quienes están cerca. Curar las heridas, las personales, las colectivas. Hacernos cargo unos de otros. Construir fraternidad y amistad social.

  1. Lo global en lo local

Permítaseme una referencia a mi país, desde donde escribo estas letras. Lo hago porque es el lugar desde donde participo en la vida de la Iglesia, pero ante todo porque el mismo papa Francisco hace referencia a Chile, específicamente en dos párrafos de la introducción.

El primero es la visita apostólica que realizó en enero del año 2018, en el marco del fin del segundo gobierno de Michelle Bachelet, y en medio de la crisis más grande que ha sufrido la Iglesia en Chile en su breve historia. Se refirió ahí al sentido de proceso histórico, que va cimentando los siguientes pasos sobre los ya conquistados. “Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos” (FT 11, papa Francisco en Chile el año 2018).

  1. La sagrada hospitalidad

En la catequesis del capítulo segundo, destaca el papa Francisco el rol del hospedero en la parábola, que tras la primera acción del Samaritano, es quien se encarga del cuidado de quien está malherido. Desde acá brota la invitación a la colaboración y organización para promover una cultura de hospitalidad, pues nadie consigue mucho si lo que hace lo hace solo (FT 78).

Con una conciencia de que nunca se sabe en qué circunstancias nos encontraremos en el futuro, la sabiduría popular ha acuñado el refrán “Hoy por ti, mañana por mí”. Francisco hace referencia a la costumbre de pequeñas poblaciones que sobrevivían en zonas desérticas, y que tenían por sagrada la atención al forastero que venía de paso, precisamente por saber que de no recibirlo y acogerlo hospitalariamente, corría riesgo su vida. De modo similar se nos recuerda que en la Regla de san Benito está presente el mandato de tratar con el máximo cuidado y solicitud a los pobres y peregrinos, aunque desestructurara la vida y costumbres del monasterio (FT 90). En sentido amplio he aquí una invitación a trascender, salir de sí mismo, más allá de la zona de confort de un pequeño grupo de relaciones estables y gratificantes, para encontrarse con el otro, pues somos con otros (FT 88-89).

  1. Rehabilitar la política

Dedica varias páginas el papa Francisco a valorar la política como el acto más sublime de caridad (FT 154-197). Primeramente advierte los riesgos de los populismos e inmediatismos, así como de ciertas concepciones liberales que subvaloran los lazos comunitarios y culturales, exacerbando el individualismo; pero, ante todo, valora profundamente la política que integra y reúne, y que gesta procesos fecundos que hacen más digna y feliz la vida de las personas. A quienes se dedican a la política les invita a hacerse algunas preguntas, como un ejercicio espiritual de examen de conciencia: “Después de unos años, reflexionando sobre el propio pasado la pregunta no será: “¿Cuántos me aprobaron, cuántos me votaron, cuántos tuvieron una imagen positiva de mí?”. Las preguntas, quizás dolorosas, serán: “¿Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar al pueblo, qué marca dejé en la vida de la sociedad, qué lazos reales construí, qué fuerzas positivas desaté, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó?” (FT197).

En tiempos de gran descrédito, esta comprensión de la actividad política como el más sublime acto de amor (FT 180-182) es otra insistencia del papa Francisco. Se trata de la política puesta al servicio del verdadero bien común, con particular atención a los que van quedando al margen del progreso y la comunidad. Y para que tal atención sea estable y duradera, urge forjar instituciones, tanto a nivel local como planetario. “Ante tantas formas mezquinas e inmediatistas de política, recuerdo que la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura” (FT 178).

  1. Contra las trincheras, sectarismos y fundamentalismos

Finalmente, pero no menos importante, es el broche de la carta, que está relacionada con el rol de las religiones ante el anhelo de una fraternidad universal. Por el lado de los riesgos que advierte, destaca el que no baste tan solo el respeto, la diplomacia o la mera tolerancia, en el encuentro de personas de distintas culturas o tradiciones religiosas (FT 271).

Al concluir estas notas de lectura acompañadas de algunas reflexiones, les dejo las mismas dos oraciones con que el Papa culmina la carta: una dirigida al Dios creador, la otra al Dios de Jesucristo, en clave ecuménica. En ellas se sintetiza el anhelo de una fraternidad universal, abierta a todos, que es la invitación que nos hace de principio y a fin.

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