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Héctor Silva: “Quiero que esta crisis termine y encontrar un trabajo”

Héctor está discapacitado desde hace 11 años y es un ejemplo de optimismo y resiliencia. Sin embargo, tiene razones para sentirse frustrado: pese a varias capacitaciones y a la ley de inclusión laboral, aún no consigue un trabajo. “Quiero que esta crisis social termine pronto porque me priva de muchas cosas”, dice.

Por María Teresa Villafrade

Lo primero que llama la atención de este hombre de 66 años que se desplaza a gran velocidad en su silla de ruedas eléctrica, es su alegría y buen humor. Se ríe de su discapacidad, bromea y, cuando ve a un adulto mayor  quejarse por sus dolencias le dice: “Oye, tu dolor pasará, pero yo no tengo vuelta, mírame y confórmate”. Afirma que nunca se preguntó ¿por qué a mí?: “Sería injusto preguntarme eso, porque implica que mejor le hubiera pasado a otro y lo que he vivido no se lo deseo a nadie”, explica.

Hace 11 años debido a un problema isquémico, sufrió la amputación de su mano derecha, lo que truncó su vida laboral como albañil de la construcción. Tres años después, la misma enfermedad le hizo perder parte de su pierna derecha, quedando confinado a una silla de ruedas hasta hoy.

“La primera vez fue más duro, porque me costó acostumbrarme a usar la mano izquierda, pero gracias a Dios que me ha dado harta fuerza y sabiduría mental, aprendí a sobrellevar esto. Cuando perdí la pierna, la noticia no me devastó porque ya sabía lo que era perder una parte de mi cuerpo”, dice con asombrosa naturalidad.

Nunca se casó y vive solo muy cerca del Programa de Atención Domiciliaria Adulto Mayor (PADAM) del Hogar de Cristo que regularmente lo visita y ayuda. Hace poco participó del  Círculo Territorial organizado por el PADAM junto a varios compañeros de ruta y allí pudo desahogarse por primera vez respecto a la crisis social que vive el país: “Dije que sentía rabia y que quería que esto terminara pronto, porque esta situación me priva de muchas más cosas que antes, casi no salgo. Esto no debió pasar”, señala convencido.

Es padre de dos hijos de 44 y 42 años y abuelo de siete nietos. “Me veo más con mi hija, porque mi hijo tiene mucho trabajo, con él hablo por teléfono. Y de mis siete nietos no tengo ninguno regalón, a todos los quiero por igual”.

De albañil a capitán de bochas

Héctor Silva no se amilana ante la adversidad. Tras el cambio radical de vida que le significó perder dos partes de sus extremidades encontró en el deporte de las bochas(*) su hobby favorito. En su casa se aprecian los numerosos trofeos que ha ganado compitiendo con su equipo.

“Me hace feliz, es mi pasión, aunque sea en Chuchunco yo voy a competir. Las descubrí cuando perdí mi pierna derecha y me enviaron al centro de rehabilitación comunitario de El Bosque. Ahí existían varios equipos de bochas para personas con discapacidad. Un sábado me invitaron a mirar y me gustó. Ahora soy capitán y entrenador. Si me piden que vaya a enseñar a otro centro yo voy encantado, les pido el traslado y nada más”.

Su equipo, que nació en el antiguo CEAM del Hogar de Cristo, está integrado por seis jugadores. “Este deporte me ha servido para conocer mucha gente y personas que son más discapacitadas que yo. Me ha hecho crecer como persona”, asegura.

Reconoce que de repente sufre estados depresivos, especialmente porque no ha podido encontrar un trabajo. “Me frustra no poder hacer todo lo que quiero. Mi sueño es encontrar una fuente de trabajo, de conserje, de telefonista, también puedo hacer locución, tengo experiencia en animación de eventos en la plaza de la comuna con el alcalde de Puente Alto y siempre elogian mi voz. De hecho salí entrevistado en la televisión comunal. Hice varios cursos de capacitación pero no hay ofertas para mi perfil”, dice.

A pesar de todo, se declara optimista. “Tengo buen humor, me gusta salir, conversar y que el ambiente se distienda con bromas. Tengo fe en Dios y espero que la gente me vea como una persona normal, tal como yo los veo a ellos.  A nivel país quiero que se solucione rápido este conflicto, que Chile esté lleno de alegría y no de odio ni rabia”.

*Las bochas pertenecen a los juegos de pelota y fueron traídas a Chile por inmigrantes italianos. Desde la década del 70 se adaptó para personas con parálisis cerebral y posteriormente para otros tipos de discapacidad. A contar de 1984, ingresó en los Juegos Paralímpicos.

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