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Que terminar con la pobreza te mueva tanto como…

Joel tiene dos medios hermanos con graves problemas de consumo de drogas...  

"...Joel tiene dos medios hermanos con graves problemas de consumo de drogas. Su mamá estuvo presa porque trabajaba como nana para unos traficantes. Él dejó de ir a la escuela y se dedicó a vagar. Se subía a cualquier micro y se perdía. Al volver a casa, las peleas lo desesperaban, y volvía a la calle...".

 

Por Pablo Walker, sj

 

Joel, de 17 años, no sabe quién es su papá. Tiene cinco medios hermanos, dos de ellos con graves problemas de consumo de drogas. Su mamá estuvo presa porque trabajaba como nana para unos traficantes y cayó con ellos. Joel dejó de ir a la escuela y se dedicó a vagar por Santiago. Se subía a cualquier micro y se perdía, luego volvía a pie preguntando por su población, la misma donde vive hasta ahora. Al llegar a casa, las peleas y los gritos lo desesperaban, y volvía a la calle.

Dice que, de repente, tuvo una revelación y se dio cuenta de que no podía seguir así. Con la ayuda de una tía, que hoy es su tutora, buscaron una escuela donde pudiera recuperar el tiempo perdido. No fue fácil. El suyo era visto como un caso imposible.

                   

Hoy Joel estudia gastronomía en Inacap, tiene "proyectos, no sueños", como ser contratado en un crucero y recorrer el mundo. Logró graduarse de enseñanza media luego de haber sido aceptado el año 2013 en la escuela de reingreso Betania, que queda en La Granja y es una de las cinco que tiene Fundación Súmate del Hogar de Cristo. Entró con un nivel de conocimientos de tercero básico, logró nivelarse y hacer la enseñanza básica y media en cuatro años. No fue para nada fácil, pero Joel sostiene que en sus nuevos profesores radica el éxito de su "conversión". Dice que en sus experiencias escolares anteriores nunca nadie le preguntó la razón de sus continuas inasistencias; lo tachaban de revoltoso, de indisciplinado, de niño problema, y lo suspendían.

Acá, en cambio, cuenta que los profesores lo vieron y se preocuparon por él, lo estimulaban cuando estaba mal, y reconoce, emocionado, que lo fueron a buscar a su casa cuando estuvo enfermo, física y psicológicamente, en 2016. "Tuve una depresión y ellos me sacaron de ahí".

En el Hogar de Cristo hemos aprendido que ayudar a salir de la exclusión -y de la autoexclusión- es una batalla trinchera a trinchera, venciendo mil resistencias que impiden que las cosas cambien.

Por eso les cuento la historia de Joel, porque él representa a cualquiera de esos más de 77 mil niños y adolescentes que están fuera del sistema escolar y han interrumpido sus trayectorias educativas por graves problemas de vulnerabilidad de todo orden: económica, familiar, social. En su caso, el microtráfico de drogas, los conflictos familiares, el consumo problemático de sus medios hermanos han sido el telón de fondo de su vida y, gracias a Dios, no lo han vencido; porque la ha padecido, la droga le repugna.

El trabajo que hacen las escuelas de reingreso no es solo encomiable, sino que también esperanzador, pero cubre apenas al 3% de ese universo potencial de más de 77 mil niños y adolescentes descartados por el sistema. La brecha entre los salvavidas existentes y los que realmente necesitamos es desoladora, pero el "rescate" de ese 3% es literalmente de vida o muerte para ellos.

La historia de Joel podría haber sido la misma de Juan, hoy de 40 años, quien sigue trabajando de "loro" para los traficantes de su pasaje. Recibe pasta base como salario; ha sido convertido en un esclavo. Hacer la diferencia entre la vida de Joel y la de Juan, abrir una alternativa en vez de quedarnos con la injusticia, es la misión del Hogar de Cristo.

¿Cuántos Joel hay en Chile? Lo sabemos y los rastreamos. ¿Cuántos Juan hay en Chile? Aún no los sabemos; siguen siendo invisibles. Pero, tanto por Joel como por Juan, por miles de hermanos en situaciones similares, te convocamos a hacerte parte de esta campaña de socios 2018.

Nuestro lema, "Que acabar con la pobreza te mueva tanto como la educación de tu hijo", puede sonar polémico. ¿Por qué sería razonable pensar así? ¿Por seguridad ciudadana? No. ¿Por productividad económica? No. ¿Por culpa social? No. Es razonable simplemente por dignidad país. Por ser un país, y no una suma de guetos, los convocamos a todos. Porque lo que quiero para mi hijo nace del amor que llevo dentro y ese amor visceral es mi mayor patrimonio y puede llegar a todos. Porque sí se puede. Porque hemos avanzado. Porque en acabar con la exclusión y la pobreza se juega nuestro orgullo país. Porque con tu ayuda, movilizando vecinos y socios, empresarios y voluntarios, fundaciones y Estado; con la ayuda del Señor Jesús y de la pasión del padre Hurtado, de miles de hombres y mujeres, lograremos vencer en esta y otras trincheras de exclusión.

 

Fuente: Opinión. El Mercurio.

 

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