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La pobreza como violación de los derechos humanos

Hoy en que se ha reconocido la humana labor de la Vicaría de la Solidaridad a 50 años de su creación, rescatamos el texto de la trabajadora social y ex miembro del directorio del Hogar de Cristo, María Luisa Sepúlveda. Lo escribió para la introducción del capítulo quinto de "1944-2024: 50 avances para reducir la pobreza en Chile", el libro con que en 2024 conmemoramos los 80 años del Hogar de Cristo. Su reflexión, como una figura señera de la defensa de los derechos humanos en dictadura, no puede ser más ad hoc a estas bodas de oro.
Por María Luisa Sepúlveda
Enero 15, 2026

Después del Golpe de Estado, en la Vicaría de la Solidaridad y antes en el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, partimos acompañando a quienes estaban siendo víctimas de violaciones de derechos humanos a manos de los agentes del Estado. Pero muy pronto se nos empezó a cruzar el tema de las necesidades cotidianas de los más pobres. Así nos fuimos convirtiendo también en un lugar de contención de esas urgencias.

Trabajábamos muy vinculados a las vicarías zonales en Santiago y con los obispados en regiones, allí podíamos percibir las crisis económicas. La de 1975 y las de inicios de los 80, que fueron muy duras. La cesantía, el hambre, la falta de atención de salud y la escasez de viviendas, no solo afectaban a las víctimas directas de la represión.

En los 80, se inician las protestas masivas. El trabajo de la institución se intensifica, hay detenciones en manifestaciones y protestas, y en los allanamientos a poblaciones, especialmente en las comunas más pobres. Los servicios represivos y las instituciones policiales no distinguían a adultos de niños; a los que participaban directamente de las protestas o los que estaban dentro de sus casas protegiendo a sus hijos.

En el lanzamiento de “1944-2024: 80 avances para reducir la pobreza en Chile” se encontraron tres directores sociales del Hogar de Cristo: Paulo Egenau, Benito Baranda, Liliana Cortés, quien hoy tiene el cargo, con la ex directora de la fundación, María Luisa Sepúlveda. A 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, rescatamos el texto que escribió para el libro. AGENCIA BLACKOUT

Recuerdo situaciones muy duras: una noche de protesta, estando un padre dentro de su casa con su hija en brazos, una bala disparada por quienes decían resguardar la seguridad de la población, traspasó la débil pared de la vivienda, alcanzó a la niña, dándole muerte y se alojó en el estómago del padre. O cuando un chico con una debilidad mental severa salió en un día de protesta en medio del toque de queda, en una población del sur de Santiago y los militares lo agarraron y lo sentaron  sobre una fogata que otros pobladores habían encendido. Las quemaduras fueron profundas, el niño nunca entendió porque le hacían eso. En esos años, reinaban el terror, la arbitrariedad, la falta de protección de los tribunales y el temor de asistir a centros de salud por temor a ser detenidos.

EL PEM Y EL POHJ

En una de las primeras protestas masivas, en mayo de 1983, recurrieron a la Vicaría, familiares de más de 500 detenidos, solicitando recursos de amparo. Para los abogados y las asistentes sociales que recibíamos las denuncias, implementar la defensa de más de 500 personas ¡en un día!, era una tarea mayor.

En esta década, la dictadura empezó a reprimir las formas de descontento por las difíciles condiciones de vida. Fue la época de los cacerolazos, en que los dirigentes de los trabajadores del cobre llaman a la primera protesta nacional y de las manifestaciones estudiantiles, especialmente de los universitarios. Se reclamaba por derechos, participación, mejores condiciones de vida. Ya no solo se reprimía al dirigente político o al militante. La represión respondía a las asonadas populares y a ciertas acciones armadas que empiezan a producirse en esos años. En ellas se inscribe el secuestro del coronel de Ejército Carlos Carreño, una operación del Frente Manuel Rodríguez. El militar estuvo 92 días cautivo, finalmente aparece en Sao Paulo. Acciones como ésa generaban irrupciones violentas y masivas en las poblaciones.

Hogar de Cristo cumplió 80 años y lo celebró con libro: “1944-2024: 80 avances para reducir la pobreza en Chile”. La introducción del capítulo 5 está escrita por una figura señera a 50 años de la Vicaría de la Solidaridad. AGENCIA BLACKOUT

Para nosotros, como Vicaría, era complejo. La institución toma decisiones respecto a quienes defiende. Se define no defender a quienes en su actividad política afectan a terceros; ese era un principio ético. Esas defensas eran asumidas por otras instituciones. Siempre atendíamos a todos cuya detención no era reconocida. Y también durante el período que la persona  se encontraba en recintos secretos y/o con riesgo cierto de ser torturado. Una vez que la persona salía en libre plática se hacía la distinción.

Además de un fuerte deseo de recuperación de la democracia, los pobladores al protestar manifestaban el malestar por los signos más duros de la pobreza. Por el altísimo nivel de cesantía, reflejado en el Programa de Ocupación para Jefes de Hogar (POJH), creado en octubre de 1982. Al que más tarde se sumó al PEM. Había inflación y hambre.

A 50 AÑOS DE LA VICARÍA DE LA SOLIDARIDAD

Muy al inicio, en el Comité Pro-Paz, empezamos con bolsas de trabajo y comedores infantiles para paliar el hambre. De ahí surgieron las ollas comunes. También policlínicos asociados a algunas parroquias, porque en el  Chile de esos años, muchos no tenían acceso a la salud.

Esta década –1984 a 1993– fue de una suerte de transición entre una sociedad que de demandar no más violaciones a los derechos humanos comienza a pedir mejores condiciones de vida, mayor igualdad, democracia. Ya no en función de una militancia, sino de la reconstrucción de redes, de  confianzas. En ese contexto, el inicio del primer gobierno de la transición, el de Patricio Aylwin, fue un momento de esperanza, de iniciar la reconstrucción democrática, del cese de la represión institucionalizada, de un camino lento y difícil para asumir las demandas de verdad, justicia, reparación de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en los 17 años de la dictadura.

Se crea la primera Comisión de Verdad para las víctimas no sobrevivientes. Y se implementan las primeras políticas de reparación para las familias de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos y programas que facilitaban el retorno de los exiliados.

Al hacer estos recuerdos, descubro que quienes trabajamos en la Vicaría de la Solidaridad, vimos de manera muy distinta lo que pasaba en el país en esos años y nos costaba llegar a los ciudadanos que no entendían o compartían la defensa de los derechos humanos y las demandas por recuperar  la democracia. Nosotros nos dedicamos a trabajar con los marginados. Con los que eran considerados enemigos, que no merecían ser tratados con dignidad de seres humanos. Y con los pobres.

Cuando en 2017, Hogar de Cristo lanzó una campaña con la frase “La pobreza es la mayor vulneración de los derechos humanos”, me hizo mucho sentido. Los sectores más afectados durante el gobierno militar fueron los más vulnerables. Hubo problemas de libertad de expresión, de acceso al trabajo, a la salud, a la educación, a la justicia, y de esto es más difícil defenderse y sobreponerse cuando se es vulnerable. En definitiva, la dictadura fue particularmente cruel con los pobres.