Mientras el Gobierno anuncia ayudas económicas para la reconstrucción, los vecinos de Penco y Lirquén –dos de las comunas más afectadas en la región del Biobío– denuncian que el Bolsillo Electrónico de Emergencia o Reconstrucción, aún no se ha hecho efectivo, profundizando la precariedad habitacional a pocas semanas de que comiencen las lluvias.
El Estado comprometió un aporte de hasta 150 UF, entregadas en tres cuotas mensuales de 50 UF, destinado exclusivamente a la compra de materiales de construcción en ferreterías asociadas, con depósito directo a la Cuenta RUT. Este mecanismo busca acelerar la reposición de viviendas destruidas o muy dañadas, permitiendo a las familias adquirir madera, planchas, herramientas y otros elementos esenciales para levantar nuevas estructuras.
Sin embargo, la promesa aún no llega al bolsillo de los damnificados. Víctor Jerez, jefe del programa de ayuda domiciliaria a personas mayores de Hogar de Cristo en Biobío, describe un panorama crítico:
“No se ha ejecutado. Supuestamente tenía fecha el 15 de febrero y no pasó nada. Ahora están diciendo que el 28 de febrero. A nadie le han depositado ese bolsillo electrónico para poder comprar materiales en las ferreterías grandes”, afirma.
A esto se suma otro problema: las viviendas de emergencia de Senapred tampoco están llegando al ritmo esperado.
“Hasta ahora solo han instalado 40, y estamos hablando de cinco mil casas afectadas”, explica Jerez.
La consecuencia inmediata es que los habitantes intentan reconstruir por sus propios medios, con materiales que logran conseguir o comprar a precios cada vez más elevados: “Materiales de construcción, como madera y planchas de zinc, son vitales. Pero los precios han subido. La gente trata de parar algo antes de que lleguen las lluvias”, advierte.
De acuerdo con las proyecciones meteorológicas locales, a mediados de marzo comienza la temporada de lluvias. Esto agrava la urgencia de contar con estructuras mínimas antes de la llegada del invierno.
En esta zona existe una alta proporción de personas mayores, quienes optan principalmente por la vivienda de emergencia, ya que no cuentan con la capacidad física para autoconstruir.

Víctor Jerez abraza a Luis Cifuentes en los momentos en que se encontraba con su vivienda enteramente quemada.
Jerez relata el caso de Luis Cifuentes, uno de los usuarios del programa:
“Tiene una ranchita que levantó con lo que pudo comprar, pero se inscribió para una vivienda de emergencia porque a su edad no puede construir mucho. No ha llegado aún la vivienda”.
Mientras tanto, la población más joven ha apostado por el Bolsillo Electrónico, que permite comprar directamente en ferreterías, pero tampoco ha recibido los fondos prometidos.
Las comunas de Penco y Lirquén figuran entre las de mayor atraso en la reconstrucción, según Jerez.
Otras zonas como Concepción, Ránquil y Quillón ya han iniciado procesos más avanzados, mientras que en Tomé y Punta de Parra –donde también opera Hogar de Cristo– se observa creciente desesperación, manifestada incluso en protestas durante visitas de autoridades.
Además, la ayuda voluntaria, abundante durante los primeros días posteriores al incendio, ha disminuido drásticamente:
“Las ayudas de los voluntarios que vinieron de todo el país se detuvieron, ya no llega gente”.
Aunque existe conexión a agua potable, aún falta restablecer la electricidad en varias zonas. Por eso se requieren paneles solares y herramientas para continuar trabajos básicos. Además, Jerez anticipa un cambio en las necesidades humanitarias durante las próximas semanas:
“La ropa que llegó era, en su mayoría, de verano. En marzo empieza el frío y pronto se necesitará ropa mucho más abrigada”.
Otra dificultad crítica es la imposibilidad de entregar kits básicos de vivienda –camas, colchones, cocinas– a los beneficiarios de Hogar de Cristo:
“No podemos traer más kits porque no tienen vivienda. ¿Dónde van a dejar las camas o la cocina? Ninguno de nuestros 15 usuarios directos tiene algo listo. Varios de ellos, viven de allegados”.
Con miles de familias aún sin una solución habitacional concreta y con el Bolsillo Electrónico de Emergencia todavía sin ejecutarse, la reconstrucción en Biobío enfrenta un escenario complejo. La combinación de retrasos estatales, alza de precios, falta de viviendas de emergencia y disminución de ayuda voluntaria deja a comunas como Penco y Lirquén en una situación de alta vulnerabilidad justo antes del invierno.
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