En abril de 2025, Chile alcanzó una cifra récord: 5.252 mujeres privadas de libertad. Casi la mitad de ellas está en prisión preventiva. Es decir, aún no ha sido declarada culpable. A diferencia de la población masculina, un alto porcentaje está vinculada a delitos asociados al microtráfico.
Para observar de cerca esta realidad, conversamos con la hermana Nelly León, capellana del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, en Santiago. Lo hacemos en el programa “Ojos que Sí Ven”, en Cooperativa.

Con la hermana Nelly León en el locutorio de Cooperativa, donde hacemos “Ojos que Sí Ven” junto al periodista Jorge Lira.
—“Muchas gracias por la invitación. Feliz de estar acá. Me parece interesante el nombre del programa, ‘Ojos que sí ven’, porque sí, yo veo y mucho. Tengo una visión privilegiada de un tema invisibilizado para la sociedad, para el Estado y para las personas en general”, parte diciendo.
—Una curiosidad personal: ¿Cómo te especializaste en el tema de la prisión femenina?
—Es una larga historia. Hace pocos domingos cumplí 40 años como monja del Buen Pastor. Yo me eduqué en el colegio Santa Cruz. Soy colchagüina, hija de un campesino. En tercero medio me llevaron a conocer una cárcel y me impactaron las rejas.
“Esa fue como una primera intuición. Pensé: ‘Quizás deba ser gendarme’. Luego me vine a estudiar a Santiago. Y lo que me gatilló fuerte la sensibilidad por el tema de la indefensión de las mujeres fue ver un abuso.
“Estudié Pedagogía y fui a hacer una práctica en un colegio en Cerro Navia, donde presencié el abuso de una niñita. Eso me marcó profundamente. Denuncié el caso, pero eso, hace 43 o 44 años atrás, en Chile no era tema. A nadie le importaba. No se hizo mucho con esa niña violentamente vulnerada”.
“Ese episodio me llevó a pensar mi vida. Yo tenía una relación afectiva con un pololo. Teníamos dos años ya de relación, proyecto de matrimonio, pero dudaba. Fui donde un sacerdote, que me dijo: ‘Mira, a lo mejor Dios te está llamando a la vida religiosa. Te está ofreciendo una misión’”.
“Así empecé a conocer congregaciones hasta que llegué a El Buen Pastor. Cuando me interioricé en su historia supe que la congregación tenía la administración de las cárceles de mujeres. ¿Conclusión? ‘Aquí es donde Dios me quiere’”.
“Yo soy una mujer de fe, mi familia es muy católica, pero con una fe muy de carbonero, muy de campesino. Con el tiempo fui aprendiendo y consolidando que mi vocación son las mujeres privadas de libertad. Finalmente, llevo 40 años de monja y 27 dedicados al mundo penitenciario femenino”.
¿Por qué son tan altas las murallas de las cárceles? “Un sacerdote amigo respondía así esta pregunta: ‘Los muros de una cárcel de mujeres son altos no para impedir que escapen, sino para evitar que los de afuera las vean, sepan que existen, que están ahí. Es para ocultarlas’”.

En la terraza de la radio Cooperativa, la hermana Nelly León, antes de entrar al locutorio.
La hermana Nelly León saltó esos muros y decidió mostrar lo que escondían. A eso se dedica, infatigable, desde hace casi tres décadas.
—Un dato potente: el 40% de las mujeres presas han pasado por el sistema de protección de menores.
—Es súper dramático, porque indica que los patrones se van repitiendo. En su momento, esas mujeres presas hoy fueron niñas maltratadas. Y el Estado que se supone tenían que protegerlas, no lo hicieron.
“En 2002 más o menos hubo una gran desinternación de esos niños, porque se impuso la idea de que los centros de protección eran intrínsecamente perversos. Esas niñas (y niños), que no tenían una red familiar, fueron a parar a las riberas del Mapocho, a caletas, a distintos lugares. Hoy son mujeres (y hombres) que están privados de libertad”.
“Por eso hoy se ve en las cárceles tanto problema psiquiátrico severo. Eso se debe al maltrato recibido en la infancia, a los traumas que eso genera. Traumas no tratados, que se van potenciando”.
—En los últimos años ha aumentado mucho el número de mujeres encarceladas. ¿Por qué?
—Tenemos una sociedad civil muy temerosa. Y queremos que todo el mundo esté encarcelado. Es lo que transmitimos en nuestro discurso. Por otro lado, los medios de comunicación repiten y repiten una misma noticia. Generan un clima y una sensación de inseguridad tan tremenda que cada vez que hay un robo, queremos gente en la cárcel.
“Hoy las medidas cautelares no se están aplicando como se debiera y va quedando gente imputada amontonada en las cárceles. Hoy son más las imputadas que las condenadas”.
“En la cárcel de San Miguel hay más de 1.200 mujeres imputadas versus 830 condenadas. Esta sensación de inseguridad ambiente va dejando a mujeres y hombres privados de libertad”.
—¿Cómo ha cambiado el perfil de las mujeres privadas de libertad?
—Hace 26 o 27 años atrás era muy distinto. En esos tiempos se penalizaba el aborto, las ofensas a la moral y a las buenas costumbres, había mucho giro doloso de cheques. Hoy eso ha cambiado dramáticamente.
“Ahora los delitos más comunes son el microtráfico, el robo a vivienda no habitada, a personas. La mujer que hoy está en privación de libertad suele estar vinculada a un varón que cometió delito”.
“Son jóvenes. El gran segmento tiene entre 20 y 30 años. Y hay un grupo de adultas mayores que son privadas de libertad por microtráfico de droga. A veces son abuelas que así sustentan a nietos e hijos. O que se echan la culpa para salvar a sus hijas”.
—¿Cómo es el perfil socioeducativo y socioeconómico?
—En la cárcel donde yo soy capellana hay una escuela que depende de la Municipalidad de San Joaquín. Una escuela básica y media donde hay unas 400 mujeres estudiando, nivelando estudios.
“Hay muchas extranjeras, migrantes venezolanas y colombianas, lo que también es un fenómeno actual. Cuando yo partí en esto solo había algunas peruanas”.
—¿Y en lo económico?
—En la cárcel donde yo trabajo hay tres o cuatro mujeres de un perfil socioeconómico medio alto. Pero todas las demás son muy pobres.
—¿Cuánto daño provoca la droga?
—La droga adentro es vista como una herramienta de supervivencia. Hay mucho problema de consumo, pero la gente que llega por microtráfico no consume.
“El consumo está asociado a los robos. Quienes roban en la calle lo hacen para comprar droga, para consumir. En ese porcentaje de mujeres los problemas de salud mental son enormes”.
—¿Quién trata esos problemas?
—Tenemos una enfermería que da primeros auxilios y una unidad psiquiátrica. Hay una psiquiatra que va algunos días, duplas psicosociales, psicóloga terapeuta.
“Lo que tenemos es mucha medicación. Esos medicamentos suelen no estar bien administrados. O se los toman todos juntos o los venden. Entonces es un círculo vicioso que se reduce a una mujer ‘volada’ todo el tiempo”.
—¿Qué nivel de reinserción logran?
—Tenemos una fundación que se llama Mujer Levántate. Vamos a cumplir 18 años y nuestras cifras son muy buenas: un 6% de reincidencia versus un 40% de mujeres que no pasan por nuestra fundación.
“Pero también tenemos un número acotado de mujeres que podemos atender. Gendarmería tiene sus propios programas”.
“En Navidad nos juntamos con 60 mujeres que están libres y con sus vidas rehechas. Eso es muy bonito: verlas con sus hijos, con su familia, emprendiendo, estudiando”.
“Cuando a una mujer se le tiende la mano y le dices ‘ponte de pie, levántate’, con herramientas concretas, sí se va a parar. Pero mientras no esté la mano que la sostiene, es difícil que se pare”, dice con conocimiento y convicción la hermana Nelly León.
—Hoy hay más de 100 mujeres viviendo su embarazo o lactancia en prisión. ¿Cómo se vive eso?
—En el CPF (Centro Femenino Penitenciario) tenemos 32 bebés hoy día. Son menores de dos años. El otro día vi un bebé que pesa un kilo porque nació prematuro, pero ya su mamá lo tiene con ella.
“Lo tendrá hasta que cumpla dos años. Ahí se va a una red familiar o a la red de protección de la niñez. Si su mamá tiene 20 años de condena, ese bebé está susceptible de adopción si no aparece ningún familiar. Es muy tremendo”.
“Las depresiones de las mujeres cuando se van sus hijos son inabordables. Hay que tener mucho carácter para acogerlas y acompañarlas en ese desapego”.
—¿Cómo lo haces?
—No queda más que abrazar, porque no tienes palabras para consolar. Solo abrazar y acompañar.
—¿A quién le importan estas mujeres?
—Creo que a la Iglesia le importan. A nosotras, como fundación, nos interesan. Hay un grupo importante de gente que sí colabora en la cárcel.
“Pero también tenemos una sociedad civil muy juzgadora con las mujeres, mucho más que con los varones”.

Hogar de Cristo a través de la Funeraria se vincula con el trabajo de la hermana Nelly León. Esta foto muestra el taller de costura en el Centro Penitenciario San Joaquín. La idea del proyecto es que las internas confeccionen los cojines que van en el interior de las ataúdes.
—¿Y el Estado?
—Hemos tenido gobiernos en que el tema ha sido importante. Pero aún tenemos pendiente una ley que protege a niños y niñas nacidos en la cárcel, que lleva ocho años sin aprobarse.
“Creo que el Estado está al debe con el mundo de los pobres. No es solo un tema de cárcel, es un tema de pobreza que te lleva a cometer delito”.
—¿Los movimientos feministas tienen presencia en el mundo carcelario? ¿Al feminismo le importan las mujeres pobres?
—“Yo creo que no. Que me perdonen las feministas. Yo me siento feminista y favorezco a las mujeres en todo, trabajo por ellas y me la voy a jugar siempre por ellas, pero el feminismo está ausente en la cárcel de mujeres”.
“Ausente en materia de pobreza femenina, porque no tiene nada que ofrecerles. Para luchar por ellas hay que ir, tocar, conocer y crear una oferta para esa persona, con nombre y apellido. Eso no lo hace el feminismo”, concluye la hermana Nelly León..