La actividad fue organizada por Hogar de Cristo, Fundación Padre Hurtado y la Municipalidad de Estación Central, con el apoyo de Banco Itaú, en el marco de un proyecto acogido a la Ley de Donaciones Culturales. Desde ahí, la celebración del Día del Libro tuvo un gesto concreto: llevar libros a la comunidad.

En ese contexto se entregaron mil ejemplares de una antología ilustrada de Gabriela Mistral, editada por Matías Rivas y producida por Banco Itaú. La donación forma parte de la campaña “La primera de todas”, que busca distribuir gratuitamente 100 mil libros en el país, a propósito de los 80 años del Premio Nobel de Literatura de la poeta chilena.

Para Claudia Labbé Montevecchi, gerenta de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos de Itaú Chile, la iniciativa tiene que ver con volver a poner en circulación una figura fundamental de la historia cultural del país. “Para nosotros este proyecto y homenajear a Gabriela tiene mucho que ver con nuestra vocación de reconocer y con nuestro compromiso de poner en valor lo mejor de lo nuestro en el Día del Libro ”, señaló.

En Estación Central, la campaña del Día del Libro tuvo una bajada concreta: 500 ejemplares fueron destinados a la Biblioteca del Hogar de Cristo y otros 500 a la Biblioteca de Estación Central. La idea es que la obra de Mistral quede disponible para vecinos, participantes de programas sociales, estudiantes y familias.
Matías Carvajal, gestor de la iniciativa, explicó el alcance de la entrega: “Lo importante es que nunca en Chile se habían repartido tantos libros. Ya llevamos 35.000 en la Región Metropolitana y esperamos repartir el resto en regiones a partir de la próxima semana”.

El Día del Libro también incluyó la presentación gratuita de la obra “El susurro de las flores”, de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, que convocó a niñas, niños, familias, vecinos y participantes de Hogar de Cristo en torno a una experiencia artística construida desde el cuerpo, el sonido, las imágenes y el silencio.

El montaje, creado por estudiantes de cuarto año de Teatro UC, nació como un ejercicio académico que pronto encontró otro sentido: salir de la sala de clases y encontrarse con nuevos públicos. En escena, sin diálogos, la obra abordó el ciclo de la vida, la muerte y el duelo, desde un lenguaje visual y sensible, pensado especialmente para niñas y niños de enseñanza básica.

Ignacio Galarce, coordinador de Extensión Docente y Vínculos con el Medio de la Escuela de Teatro UC, explicó que el sentido del proyecto estaba justamente en abrir la formación artística hacia la comunidad.
“Este es un proyecto que se generó con estudiantes de cuarto año, porque en la escuela tenemos la intención de que ellos puedan salir de la sala de clases, poder mostrar su trabajo y vincularse con otros públicos”, señaló.
La obra, trabajada durante un semestre bajo la dirección de la profesora Ignacia Agüero, ya había tenido funciones escolares, pero su llegada al Teatro Alberto Hurtado le dio otra dimensión.

“El trabajo fue en torno al ciclo de la vida y cómo entender la muerte también, porque el público objetivo que quisimos abordar fue primero, cuarto básico, y esta obra se fue a llevar a colegios, pero con el tiempo comprendimos cómo los adultos conectaban con la obra”, agregó Galarce.

Lo que ocurrió en el teatro confirmó que el montaje podía tocar a públicos mucho más amplios. Durante la función, el silencio fue total. Las niñas y niños siguieron cada movimiento, cada flor gigante, cada sonido. Los adultos, en tanto, también quedaron atrapados por una historia que hablaba del duelo sin explicarlo de más, con imágenes simples y profundamente emotivas.

Así, la celebración cerró con una imagen inolvidable: libros de Gabriela Mistral llegando a bibliotecas comunitarias, niñas y niños mirando teatro gratuito, adultos aplaudiendo de pie y la cultura ocupando el lugar donde mejor se entiende, en comunidad.