Mientras se pueda, antes de que sea tarde, para que no me olvides, porque después lamentarás no haberlo hecho cuando se podía y ahora es tarde.
En torno a estas ideas es que mujeres creativas generan emprendimientos previsores que honran la memoria y el recuerdo. Ahora lo hace la periodista y fotógrafa Ximena Hinzpeter, quien hace poco se reconcilió escribiendo su quiebre y su reencuentro con ya fallecido su padre médico-pediatra. “Asesinato por piedad”, se llama el libro resultante, cuya reseña dice así: “Alberto es médico pediatra y está internado ahí producto de su avanzada demencia, enfermedad cuyas víctimas alcanzarán los ciento cincuenta millones en los próximos treinta años. La hija lo visita y la novela se adentra en el mundo del negocio de la vejez, en esas horas en que ella se acerca a la pieza 511 que el padre ocupa en el piso de los postrados, con un plan en mente y los recursos necesarios para llevarlo a cabo. La de ellos ha sido siempre una relación difícil, por décadas no se vieron más que al interior de la consulta del padre cuando ella era joven y le llevaba a sus niños pequeños cuando enfermaban”.
Ximena ahora idea otra creación que corre por su lado B: el de reconocida fotógrafa. Tal como otra periodista conocida y cercana, María Ester Roblero, quien dice de sí misma “mi especialidad son las biografías y memorias familiares” y recoge recuerdos por escrita, Ximena ahora propone registrar a los viejos en fotos de su última etapa.
Fotografiar a nuestros viejos más queridos.

“Antes de que ya no se pueda”, se llama el proyecto, que ella “vende” así: “Quédate con un recuerdo íntimo de tu ser querido. Imágenes orgullosas de su último tiempo sobre la Tierra, porque envejecer es un privilegio, hay que festejarlo”. Y agrega: “Este álbum de fotografías en su día a día, no es pensar en la muerte, es celebrar la vida. Es fotografiar las cosas cotidianas que hoy lo rodean y que, cuando se vaya, van a desaparecer probablemente con tu ayuda. Es que todo eso que vas a regalar, se quede contigo para siempre”.
Para mostrar cómo quedaría el álbum del padre, madre, abuelo, querido/a, Ximena recurrió a su mamá que está buena y sana. Paciente y disponible para posar frente al lente de su hija. Un lente invasivo e insolente, como saben quienes conocen su obra, pero que frente a su madre se dulcifica.

En una breve entrevista nos dice:
-Antes de que ya no se pueda, surge de un trabajo. Yo no podía perdonar a mi mamá, no me resultaba de ninguna manera. Escribiéndola, como escribí a mi papá, no me resultaba. Entonces un día se me ocurrió empezar a ir a sacarle fotos. Con la cámara yo puedo ir a la selva, a la guerra, a donde sea. Me siento protegida con una cámara. Entonces pudimos relacionarnos de otra manera. Y al editar sus fotos, es imposible estar enojada con ella, porque tú ves un ser humano en toda su vulnerabilidad.
Cuenta que así se le ocurrió ofrecer ese servicio a otros. Graficar el último mundo, el último tiempo, en el fondo. “Ofrezco ir a acompañar durante un mes a las personas una vez a la semana, durante un par de horas. Y hacer junto con la familia un álbum de unas 20 fotografías. Es para ellos una suerte de método terapéutico del perdón. Es notable cómo se logra el perdón por una vía tan fácil como la fotografía versus la palabra. Mi mamá está feliz porque se siente importante, aunque ya está aburrida porque llevo como un año haciéndole fotos”, dice, risueña.

La idea está en pleno lanzamiento así es que quienes se interesen pueden contactar a Ximena Hinzpeter a través de su cuenta de Instagram
Nosotros compartimos aquí fotos del dossier que ejemplifican la idea, a través de los retratos de Betty Kirberg, su mamá.

A propósito del mismo tema -preservar el recuerdo y la imagen de los padres antes de que se vayan-, les comparto parte de una reflexión que leí en el funeral de mi papá, que se fue dos días después del de mi mamá. Es del escritor español Antonio Pérez-Reverte:
“Cuando los padres olvidan o mueren, con ellos se borra parte de nosotros; incluso situaciones, escenas, momentos que tal vez desconocemos. Un padre, y sobre todo, una madre, poseen recuerdos que sólo ellos tienen, como un álbum de imágenes que guardan en el disco duro que les borrará la muerte: nosotros en la cuna, nuestras primeras palabras, pasos, miedos y pesadillas; nuestras primeras ilusiones o decepciones. Ellos fueron testigos únicos de aspectos de nuestra vida que tal vez nunca nos contaron. Los conservan en su recuerdo, el único lugar posible; y al morir se los llevan, perdiéndose en la nada. Con su muerte empezamos a morir nosotros; a desaparecer lentamente del mundo por el que anduvimos, como una vieja foto que pierda los contornos. A ser más lo que somos y un día no seremos, y a ser menos lo que antaño fuimos”.
Si lo quieren leer completo aquí está