“Les gusta vivir en la calle”. “Ellos no quieren perder su libertad”. “Uno les ofrece alternativas y se niegan”.
Esas son las reflexiones simplistas, elusivas de políticos populistas, que satisfacen la limpieza del paisaje y la sensación de seguridad de sus electores a costa de desperdiciar plata correteando a los que menos tienen y más problemas de salud mental presentan: las personas en situación de calle. Lo hemos visto en el alcalde Espíndola de Arica, en Agliati de Rancagua, en Sichel de Ñuñoa. No son los únicos: están Iglesias de Independencia, White de San Bernardo, Toledo de Puente Alto, además de un lamentable y largo etcétera de ediles sin distinción de signo político.
En Chillán, nos encontramos con una situación distinta y alentadora.
Allí la red de organizaciones, tanto de la sociedad civil como de los gobiernos locales, que trabajan en temática social habla de un COSAM que trata a personas de calle. Que las recibe, las atiende e intenta al mismo tiempo incluirlas. Así, al menos, lo percibe el jefe de operación social de Ñuble, el trabajador social Mauricio Zorondo, quien nos habla del tema. Su colega y jefa del Centro Integrado Diurno y del programa de Apoyo Territorial para Personas en Situación de Calle de Chillán, Macarena Roa, es quien conoce directamente ese trabajo y lo celebra:

La trabajadora social del Hogar de Cristo Macarena Roa celebra que el COSAM de Chillán tenga una mirada comprensiva de las personas en situación de calle. Afirma que están trabajando muy bien juntos en el tratamiento e inclusión de algunos de los participantes del Centro Integrado y del servicio de apoyo territorial para esta población.
-El COSAM Calle es un programa social que tiene un par de años. Está diseñado para atender la salud mental de las personas en situación de calle. No existe solo acá. Entiendo que también funciona en algunas otras comunas del país, y ojalá así sea, pero yo conozco el que opera acá. No es que el COSAM completo esté dedicado a calle, no. Pero atiende a personas de calle derivadas de los CESFAM (Centros de Salud Familiar) y también la demanda individual -nos comenta Macarena.
Destaca al jefe de ese COSAM Calle, al psicólogo y especialista en adicciones, Mauricio Cárdenas, quien tiene una mirada comprensiva con la realidad de las personas en situación de calle. Dice que Hogar de Cristo ha logrado derivar al menos a tres hombres a su servicio con muy buenos resultados. “De lo que se trata es de diagnosticar, administrar sus medicamentos, establecer estrategias para la reducción del consumo y trabajar con su entorno”.
Con esto último se refiere a que las personas no sólo declaren que quieren dejar el alcohol y otras drogas, sino que efectivamente hagan algo por lograrlo. “Ahí entran los equipos psicosociales. Para ayudarlos a cuestiones simples, pero muy útiles. Por ejemplo, a descubrir que por donde transitan no es trivial. Que es importante buscarse recorridos que los alejen de los puntos de venta, tráfico y consumo de drogas y alcohol. Alejarse de esos peligros es entrar en una etapa de acción más que de contemplación, y eso ayuda”.

Lamentablemente no pudimos obtener el testimonio de los responsables de este COSAM que se dintingue porque aborda humana y profesionalmente a quienes tienen adicciones y problemas severos de salud mental y viven en calle.
Macarena Roa destaca especialmente la coordinación con este equipo del COSAM y otras entidades de distinta naturaleza que trabajan por las personas en situación de calle en la ciudad. Coordinarse para generar instancias de capacitación de los equipos ha sido muy positivo. Afirma:
-Existe en Chillán una red de organizaciones bien estructurada. Todos los que somos parte de ella nos hemos reunido aquí en el Hogar de Cristo para asistir a dos charlas del mismo Mauricio Cárdenas sobre adicciones y sus consecuencias biológicas y neurológicas. Ha sido muy interesante para todos. Aquí uno encuentra respuestas con evidencia a las clásicas preguntas: ¿Por qué las personas a veces les cuesta adherir a los servicios sociales que buscan ayudarlos? ¿Por qué les cuesta tomar decisiones o cambiar hábitos?
Comenta que en Chillán cuentan con el revolucionario programa social Vivienda Primero, que Hogar de Cristo opera en distintas regiones. Financiado por el Ministerio de Desarrollo Social, entrega una vivienda y apoyo psicosocial a personas mayores de 50 años con al menos cinco años de vida en calle. Busca que las personas recuperen sus redes y se reintegren socialmente. Aquí en Chillán su operación la lleva un equipo especializado del municipio.
-¿Cómo has visto que opera el dispositivo Vivienda Primero?
-Es una experiencia elocuente de lo mucho que se puede lograr. Uno aprecia lo que representa para una persona que vivió mucho tiempo en calle volver a la seguridad de una casa. Aprender a tener una llave, a no perderla, a encender el calefón, cosas así de simples y cotidianas, pero que representan el recuperar costumbres, hábitos. En esto los terapeutas ocupacionales son claves. Nos aportan evidencia para que sepamos cómo atender su fragilidad, su dependencia y logremos estimular su autonomía.
Destaca también la importancia de compartir buenas prácticas entre todos a partir de sus experiencias. En suma, es el espíritu de un COSAM sensible a esta realidad que muchos otros prefieren barrer, esconder, asimilarla sólo con inseguridad y drogas.
¿Quién sabe qué es exactamente un COSAM?
Es una sigla que alude a un Centro Comunitario de Salud Mental. Se trata de un dispositivo público de atención especializada en salud mental, correspondiente al nivel secundario.
Existen 118 en todo el país, lo que ciertamente es insuficiente, en particular cuando se trata de trastornos severos o de alta complejidad, los que enfrentan prolongadas listas de espera en Chile.
Se estima que entre un 22% y un 30% de la población chilena presenta problemas psiquiátricos. De acuerdo al Termómetro de Salud Mental de Chile, que desarrollan la Asociación Chilena de Seguridad y la Universidad Católica, los problemas más complejos que muestran una tendencia al alza son depresión moderada a severa (afecta al 16.2% de la población adulta, y en las mujeres es de 20.5%), y ansiedad generalizada (17,6%). Pero son los trastornos severos o de mayor complejidad los que atienden los COSAM, ya que discapacitan a quienes los padecen.

Cerca del antiguo Hospital, en un barrio de servicios y consultas médicas, funciona este Centro de Salud Mental. A él se llega derivado de un CESFAM (Centro de Salud Familiar), pero también atiende a quienes llegan por sí mismos, pidiendo ayuda.
Los más frecuentes son psicosis y esquizofrenia (la prevalencia histórica ha sido de entre 0.3 y 0.7%, no obstante, recientes investigaciones de la Universidad de Chile han detectado que hasta un 12.9% de las personas han experimentado en algún momento síntomas de la línea psicótica). A estas se agregan los problemas de quienes tienen consumo problemático de alcohol y de otras drogas.
Pero donde los problemas psiquiátricos alcanzan sus mayores tasas es entre las personas en situación de calle.
En esta población, la prevalencia de la esquizofrenia se estima en un 8.1 %, diez veces más alta que en el resto de la población. Los trastornos del ánimo y la depresión alcanzan al 12.2% de los casos evaluados de manera formal. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) indican que casi el 30% de este grupo reporta discapacidad intelectual, de memoria o psiquiátrica.
A esto se suman las patologías duales, que es la combinación de abuso de sustancias con enfermedad mental. A este cuadro -patología dual- aluden muchos de los alcaldes de todos los signos y de muchas comunas en todo el país, a quienes hemos visto desalojar personas en situación de calle, destruyéndoles sus precarios rucos y mojando, quemando o destruyendo sus papeles de identidad, remedios y recuerdos. Todo con gran espectacularidad, vistosamente exhibido en redes sociales y en televisión como un acto de valentía y justicia.
Cómo, habría que preguntarse, conociendo la fragilidad psiquiátrica de estas personas, se desperdicia presupuesto, correteándolos de un lado a otro.
Según los conteos más recientes, en la región de Ñuble hay unas 950 personas en situación de calle. La mayoría se concentra en Chillán: el pasado agosto se contabilizaban allí 471 personas. El resto se distribuye en San Carlos, Coihueco y Bulnes.
¿Cómo se logra que esas personas recuperen sus redes y vuelvan a integrarse a la sociedad?
Macarena Roa se lo pregunta así: ¿Cómo hacemos para que quieran hacerlo? Y tiene tres caminos de respuesta:
-Lo primero es qué les ofrecemos para que logren reintegrarse. Esa es una cuestión central, porque ofrecer un albergue no es solución al problema de fondo, el de salud mental y consumo. Segundo: esta realidad se ha acentuado a partir del déficit habitacional que vive Chile. El contexto país es de falta de vivienda, por lo que las soluciones para este grupo de la población se ven aún más lejanas. Y tercero: nadie piensa soluciones que se ajusten a este grupo específico. En suma, al no haber respuestas para ellos, se produce una especie de loop que justifica el bullying social hacia las personas en situación de calle.
Hoy, dice la trabajadora social, lo que se hace es simplemente gestionar el problema. “Todos sabemos que los albergues en invierno son una solución asistencialista, pero también sabemos que, si se cerraran, la gente se moriría en la calle, de frío, de hipotermia”.
Más esperanzador le parece el trabajo comunitario. “No hablo sólo del trabajo en red de oenegés y dispositivos gubernamentales, sino de la comunidad, de los vecinos, de la gente que cotidianamente se topa con las personas en situación de calle”.
Destaca lo que se lograba con el campeonato de fútbol calle, que realizaron durante tres años. “Ese tipo de actividades funcionan súper bien. A todos nos gusta jugar. Lo lúdico funciona y permite trabajar lo cognitivo, la memoria, el respeto, el trabajo en equipo, un montón de otras cosas. No es solo jugar. Reducir los tiempos de ocio de las personas resulta clave. Nosotros nos enfocamos en eso. Tenemos 40 personas en el Centro Integrado y 20 con apoyo territorial, ambulatorio, a las que vemos un par de veces a la semana. Sabemos que nos necesitan y ahí estamos nosotros para ellos”.