Entre las singularidades de Claudio Castro (42) están su alta talla: mide 1.95; su educación básica en el único colegio que por esos años había en Rapa Nui, donde su familia se trasladó por razones de trabajo. El ex alumno del Instituto Nacional y de Ingeniería Civil en la UC, logró además ser reelecto alcalde de Renca con el 90 por ciento de los votos de los vecinos de la comuna que gobierna desde 2016, todo un récord. En su más reciente reelección, en 2021, lo logró de nuevo con el 76 por ciento.
Sin embargo, lo que más llama la atención en él, considerando que se trata de un político, es su honestidad y convicción para responder cosas como “la exclusión escolar ha aumentado en Renca. Cuando yo asumí como alcalde, el entonces intendente Claudio Orrego, en 2017, nos mandó a contar a los desescolarizados por comuna. Entonces, en Renca eran 1.200 niñas, niños y jóvenes. Hoy día son 1.500. ¿De quién es la culpa?, te preguntarás. Antes de echarle la culpa a cualquier otro actor institucional, yo te respondo que es mía. Yo soy alcalde de Renca desde hace 10 años y ese número es mío”.
Invitado a Hora de Conversar, el programa de entrevistas que hacemos en alianza con ElMostrador.cl, el ingeniero con clara sensibilidad social habló largo sobre una de las dimensiones de la pobreza: la educación. Quizás la que más lo motiva y le preocupa. Y donde su relación con Fundación Súmate juega un rol clave.

En julio de 2026, muy temprano, el recién electo alcalde de Renca, Claudio Castro fue invitado junto a otros jefes comunales a sumarse a la campaña de Súmate por la reinserción escolar. Hoy dice que ese encuentro lo marcó. AGENCIA BLACKOUT
-En marzo de 2017, me invitaron de Súmate a una actividad en la Plaza Italia. Ahí me enteré de que todos los años se generaba la misma disputa comunicacional entre el Ministerio de Educación que decía que el número de niños fuera del sistema escolar era uno. Del orden de los 250 mil. Y el Hogar de Cristo decía: “Son 300 mil”. Frente a quién tenía el número correcto, la verdad es que desde un inicio me pareció que un solo niño fuera del sistema escolar, ya es dramático, ya es un escándalo. No sólo para ese niño, sino para el país.
Esa mañana la Plaza Italia se llenó de pupitres vacíos con carteles donde se leían razones reales para el abandono y el ausentismo escolar: “Quedé embarazada y me hacían bullying”, “Una bala loca se llevó al Kevin: yo no me arriesgo”, “Los profes me tratan de tonto”. Estaban la entonces alcaldesa de Peñalolén, Carolina Leitao; Joaquín Lavín, de Las Condes; Claudia Pizarro de La Pintana; y el propio Claudio Castro.
-Ese encuentro marcó mucho mi gestión. Ahí me propuse que la exclusión escolar es algo que debía estar mirando todo el tiempo como alcalde.
-Siempre se dice que el colegio es un espacio protector, pero después de situaciones tan graves como la que culminó con la muerte de una inspectora en un liceo de Calama, la frase no parece tan convincente…
-Hay situaciones de la convivencia escolar que son extremas y que nosotros vemos todos los días. Acabamos de dejar de ser sostenedores de la educación pública, pero tenemos un compromiso inquebrantable con la educación pública, más allá de que seamos o no los sostenedores. Nos toca enfrentar situaciones de convivencia escolar, dificultades, violencia en distintas formas.
-Dame ejemplos.
-Peleas violentas en los patios, apoderados que ingresan a los colegios de forma muy agresiva a tratar de cobrar revancha por diversas situaciones, profesores agobiados y sobrepasados, pero al mismo tiempo esfuerzos muy bonitos de parte de esas comunidades escolares por superar esos conflictos.
A propósito del carácter protector de la escuela y “sin ánimo de polemizar”, el alcalde manifiesta su discrepancia con el presidente José Antonio Kast.
Señala: “En una entrevista radial sobre lo sucedido en Calama, el presidente afirmaba que había que expulsarlo del colegio. Me pareció tan idealista su mirada. Cómo es posible que sacar a ese joven del colegio sea a su juicio lo mejor que le puede pasar a ese niño para florecer en otro espacio”.
-La persona a la que aludes no es para nada un niño. Ya tiene 18 años, es imputable y acuchilló a una inspectora provocándole la muerte… -lo interrumpimos, sorprendidas con su ejemplo.
-Es cierto. Ese es un caso extremo. Saquemos de la discusión ese caso límite y hablemos de lo que pasó en Renca hace un par de semanas. Dos alumnas de 12 años de edad de un colegio particular subvencionado de Renca se trenzaron a golpes. Una de ellas cayó y se fracturó el cráneo. La primera reacción del colegio fue expulsar a la que empujó a su compañera. Aunque a nosotros como municipalidad no nos compete lo que pasa en un colegio particular subvencionado, tenemos la Oficina Local de la Niñez y debemos involucrarnos, hacer seguimiento al caso.
Afirma que al indagar en ambas historias, ve “que a los 12 años de vida de ambas lo que existe es ausencia de factores protectores, tanto a nivel de familia como de colegio. La sociedad no ve en estos episodios de violencia infantil y juvenil historias que nosotros sí conocemos: consumo de drogas dentro de la familia, ausencia de padres o madres, falta de figuras significativas… Son tantas las cuestiones que van generando condiciones para que un niño o una niña adquiera una actitud violenta en un momento dado, que la solución no es por ningún motivo la expulsión. Lo que sabemos es que el expulsado va dando bote de un colegio a otro y luego en instituciones de protección”.

Alumnos de la Escuela de Reingreso Padre Hurtado, la única de su tipo en Renca, como confirma el alcalde Claudio Castro. Pertenece a Fundación Súmate del Hogar de Cristo. AGENCIA BLACKOUT
-¿Cuál debería ser entonces el enfoque?
-La idealización que decía el presidente Kast: si a ese niño violento tú lo sacas y lo pones en un lugar donde le den amor, mejora, no sirve. Yo veo que es todo lo contrario: el mejor lugar donde ese niño puede estar es en un establecimiento educacional. Eso no significa hacerse los lesos con la situación extrema de violencia o de convivencia que se puede haber generado. O sea, yo creo que los reglamentos escolares tienen sanciones, protocolos que deben operar, que deben regir.
Sin embargo, agrega, no sólo deben primar el bienestar y la convivencia de una comunidad escolar, sino también la situación individual del niño o niña con problemas. “Debemos ocuparnos de las dos cosas. Muchas veces la respuesta institucional frente a una situación como esa es optar por un lado y ese niño o niña va quedando cada vez más solo. Así, los factores protectores van retrocediendo y luego lo que aumenta son las situaciones de violencia, de consumo, de abandono de ese estudiante”.
Renca ocupa el octavo lugar en pobreza multidimensional dentro de las 52 comunas que integran la Región Metropolitana. Esto significa que parte importante de sus casi 144 mil habitantes tienen brechas grandes en las distintas dimensiones del bienestar: salud, vivienda, servicios, empleo y educación.
Ya lo decía el alcalde: hoy Renca tiene 1.500 niñas, niños y jóvenes fuera del colegio. Muchos de ellos a merced de pandillas o, peor, del crimen organizado. Él mismo alcalde precisa:
–El año pasado en la comuna tuvimos 256 niños que fueron identificados por los programas de protección especializada del Estado. Ciento uno de ellos delinquieron directamente. Yo creo que son muchos más, lo que pasa es que no los han pillado. Yo he ido desde hace un tiempo mirando la historia de esos niños o niñas, de los que llegan a delinquir. Esos que una noche fueron detenidos por carabineros en un “portonazo”. Y aunque naturalmente empatizo con las víctimas, con sus sentimientos y emociones, nosotros somos autoridades que representamos a instituciones y tenemos responsabilidades mayores. Yo soy alcalde de Renca y soy responsable también de lo que pasa con esos niños. Lo mismo aplica al presidente Kast.
-¿Cuál es la solución entonces?
-Esta es una respuesta fome para los medios de comunicación, pero es importante darla en un espacio como éste. La mejor respuesta que existe en esta materia es la instalación de un sistema preventivo y promocional. Esa es la única forma de evitar que un niño llegue a niveles extremos de delincuencia y violencia, e implica estar presente mucho antes.
“Parte desde el acompañamiento a una mujer sola que llega embarazada a un CESFAM y de su parto. Y sigue luego acompañándola con su bebé a lo largo de sus primeros mil días de vida. Pasa por preocuparnos de que vaya a la sala cuna, al jardín, al prekínder, que aprenda a leer en primero básico, que sus adultos cuidadores, que en muchos casos no son los papás, sino la abuela, la tía, conozcan y practiquen técnicas de crianza positiva”.

El alcalde Claudio Castro en los estudios de Hora de Conversar.
-El anterior gobierno, del que eres parte, ¿estuvo dedicado a esa educación inicial y básica que describes o se empecinó en la educación superior de calidad y universal? ¿Hubo ahí un problema de énfasis mal puestos en educación?
-Creo que es tan complejo este entramado que ninguna respuesta dicotómica sirve. Aquí no es sí o no. Yo no voy a hablar del gobierno de antes y del gobierno de ahora. Yo mencioné al presidente porque lo escuché y me llamó la atención su frase en el caso de Calama. Yo llevo 10 años como alcalde de Renca, nunca pensé estar una década en esto, pero en estos años he visto y he sabido de niños que han nacido y han muerto siendo gravemente vulnerados en sus derechos. Así es que no sé con qué cara yo podría decir que tengo la solución para estos tremendos problemas
Pese a esta respuesta, afirma que uno de sus grandes aprendizajes como alcalde ha sido “que acompañar trayectorias de desarrollo positivo de niñas y niños es lo más importante que podemos hacer como autoridad. No existe otro lugar tan privilegiado en términos de estructura institucional como el municipio para abordar estos enormes desafíos. Difícilmente, una estructura nacional puede hacerse cargo de ellos. Hay subvenciones, recursos, pero el cuidado, el acompañamiento, sucede en el territorio. Y creo que las comunas tenemos no sólo una posición privilegiada para cumplir esa labor, sino la responsabilidad legal y moral de hacerlo”.
Aunque el alcalde Castro no elude su culpa en los 1.500 niños, niños y jóvenes desescolarizados que contabiliza Renca hoy, también enumera las acciones que han desarrollado para acompañar a esa infancia vulnerada y vulnerable.
Dice: “Crecer en Renca se activa de forma universal en distintos momentos de la vida de niño y niña. Es una acción municipal que está mostrando resultados e impactos en varias de esas etapas. Tenemos un modelo del Sistema Local de la Niñez que hemos desarrollado con UNICEF y Fundación Colunga, y que estamos ejecutando con el Laboratorio de Innovación Pública (LIP) de la Universidad Católica. Tenemos un grado importante de colaboración interinstitucional, dentro de la cual Fundación Súmate del Hogar de Cristo está muy presente”.
-¿Qué rol cumple Súmate y su escuela de reingreso Padre Hurtado en Renca?
-La Padre Hurtado es la única escuela de reingreso que tenemos en la comuna. Hemos contado en distintos momentos con aulas de reingreso en escuelas regulares. Pero una de las evaluaciones compartidas con Súmate es que no basta con encontrar a esos 1.500 niños que están fuera del sistema escolar y llevarlos de vuelta al colegio. Se requiere una estructura de apoyo que es más cara que un aula regular, lo que requiere subvenciones especiales para poder ser sostenida en el tiempo.
-¿Es el financiamiento de la modalidad educativa de reingreso la solución que lleva años tramitándose en el Congreso?
–No hay una solución única. Por ejemplo, los chicos que hasta el 2025 estuvieron asistiend a clases y que ahora iniciando el año escolar están matriculados, probablemente la mejor solución es que asistan a un establecimiento educacional regular. Los que llevan dos, tres años desescolarizados sí requieren un acompañamiento distinto, como una escuela de reingreso. Parte del agobio de los profesores y las profesoras en Chile tiene que ver con que están sobrepasados respecto de las capacidades que tienen para poder hacerse cargo de lo que sucede dentro de la escuela.
-¿Cómo evalúas las respuestas actuales frente a los problemas de convivencia y violencia escolar?
-Veo con mucha preocupación que en el mundo y en Chile lo que parece instalado es una mirada punitiva extrema. Si un niño delinquió, metámoslo preso y ojalá bajemos la edad de responsabilidad penal para poder meter a más niños presos. Si un niño genera problemas en el colegio, echémoslo, porque hay que cuidar a la comunidad. Así vamos acumulando niños fuera del sistema escolar. Esos niños, potencial y estadísticamente, tienen mayor probabilidad de terminar en una trayectoria de vida negativa para ellos y para toda la sociedad.
Esa es una dificultad para el sistema político. En cuatro años, nadie va a cambiar el destino de la educación ni de la niñez. Lo que tenemos que hacer es generar una política de Estado que nos permita continuar los esfuerzos buenos que se van haciendo. La educación no debiese ser una disputa política. Un niño no puede ser un elemento de disputa política.