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Profesora de Súmate por Escuelas de Reingreso:

“Somos invisibles igual que nuestros estudiantes”

En Chile existen más de 186 mil niñas, niños y jóvenes fuera del sistema educativo. Por la pandemia, se estima que esta cifra aumentó, superando los 200 mil. Este año, el Consejo Nacional de Educación aprobó la Modalidad de Escuelas de Reingreso. Hoy, existe un proyecto de ley en la Cámara, donde se discute su financiamiento. Esperando que eso ocurra, te contamos por qué estos espacios son importantes para los estudiantes y sus familias.

Por María Luisa Galán

El 8 de julio pasado el diario El Mercurio publicó una carta de los directores de fundación Súmate, donde convocan a las fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil a trabajar juntos por el proyecto de ley que está en la Cámara y que otorga financiamiento a las escuelas de reingreso. Hoy son más de 200 mil niños, niñas y jóvenes fuera del sistema escolar. Las razones son múltiples: violencia, abusos, paternidad o maternidad adolescentes, lo que merma sus oportunidades laborales, ingresos y, sobre todo, su autoestima.

Por eso, en la misiva, Magdalena Claro, Sylvia Eyzaguirre, Alberto Ferrán, Cristóbal Madero, Máximo Pacheco, Fernando Rojas y Pablo Vaillant, piden no seguir negando a la población más vulnerable el derecho a la educación. “Estos niños, niñas y jóvenes no puede seguir siendo un sector abandonado por el Estado y la sociedad”, dicen en la publicación.

“Estas escuelas tienen un rol fundamental, deberían existir muchas más. Lamentablemente, hay que estar peleando con los recursos porque no se ven; esto porque somos invisibles, igual que nuestros estudiantes. Y eso nos impacta”, cuenta Jocelyn Stuardo (36), profesora diferencial de la escuela Nuevo Futuro del Súmate, ubicada en Lota. Es una de las docentes que llegó cuando se instaló el colegio en la ex ciudad minera, en 2013. En sus más de siete años de experiencia, conoce la realidad de sus alumnos.

“Uno toma estudiantes que abandonaron por enfermedades propias o de familiares, bullying o porque como están en la etapa de la adolescencia, absorben todo lo que les dicen. Por ejemplo, si los señalaron como tontos o que no sirven para nada, se la creen y crecen con esa etiqueta. En ese sentido, la importancia que tienen las escuelas de reingreso es que han salvado muchas vidas. Ellos ven la escuela como un ente protector, donde -además de darles alimentos- se les da contención socioemocional que hoy, con la pandemia, es un tema que recién se está tocando en los colegios. Pero para nosotros esa siempre fue la base para asegurarles una educación de calidad y una trayectoria educativa”, explica Jocelyn.

Exclusión educativa” es el nombre que se le da al tiempo en que el niño o joven estuvo (o está) fuera del sistema educacional. Es un fenómeno complejo, multicausal, en el que confluyen diversos factores de índole individual, familiar, social, material, cultural y de las características específicas de la comunidad donde el estudiante vive y estudia (o estudiaba). De ahí que se considere un error conceptualizar este fenómeno con el concepto de “deserción” y a quienes lo sufren como “desertores”, porque abandonar la escuela no es una decisión libre e individual, es el resultado de un proceso de exclusión multifactorial.

Bien lo sabe Ruth Retamales (26), quien trabaja hace tres años en la escuela Betania, de Súmate, en La Granja. Es profesora de inglés y es su primera experiencia laboral.

“Estando en Súmate estás listo para la guerra. Hay aprendizaje profesional y, en lo personal, aprendes un montón. Y pasa que en la mayoría de los  jóvenes nadie apuesta por ellos, ni su familia, y crean una coraza.  Les dicen que nunca van a lograr terminar de estudiar. Es tanta la frustración que se mueve en este ambiente, que si no les sale a la primera, se van. Los consideran tontos, pero te das cuenta que son muy inteligentes, sólo que no les han dado la oportunidad de creer en ellos, que son capaces de terminar algo en sus vidas. Hoy muchos de ellos ya se graduaron y crecieron como personas”, dice sobre el perfil de sus pupilos, algunos provenientes de centros emblemáticos como el Instituto Nacional u otros que habían abandonado sus estudios porque estaban enfermos y no les toleraban las faltas sin entender su condición.

Las cuatro escuelas de reingreso de la fundación Súmate tienen como eje central el bienestar socioemocional de las niñas, niños y jóvenes que acogen. Antes que el aprendizaje, el equipo docente se preocupa de contenerlos y desde ahí comenzar el trabajo pedagógico. “Mientras haya una red de apoyo del colegio, van a ir respondiendo. Y eso con la pandemia, se ha exacerbado. Nuestros teléfonos están todo el día funcionando y demandan preocupación por cosas simples”, explica Erika Flores, profesora de inglés del colegio Padre Álvaro Lavín, de Maipú. Y agrega: “Si bien podemos parecer asistencialistas porque siempre estamos dispuestos para ellos, de a poco los vamos soltando porque queremos que sean ciudadanos pensantes, que sean responsables de sus actos. Nosotros les damos las herramientas y si estamos más presentes, es debido a las circunstancias. Lo importante es que, gracias a las escuelas de reingreso, muchos han podido cumplir sus metas. Ellos a lo mejor ni siquiera tenían en la mente que sí lo podían lograr”.

El año pasado, el Ministerio de Educación a través de la “mesa por la prevención de la deserción escolar” elaboró quince propuestas que buscan garantizar el derecho a la educación de niños y jóvenes (NNJ) que presentan los mayores riesgos de abandono. Y a principios de este año, el Consejo Nacional de Educación aprobó la Modalidad Educativa de Reingreso. Pero falta definir el financiamiento por parte del Estado para todas estas escuelas. La propuesta de la fundación Súmate es tener un piso de 270.791 pesos mensuales por alumno, que les garantice una educación de calidad.

“Con las escuelas de reingreso hemos logrado que vuelvan al sistema escolar, uno flexible y que considera su realidad compleja. Hemos conseguido que crean en ellos, porque les hemos abierto una gama de posibilidades. Nuestro afán es que cumplan sus metas, cualquiera, ya sea ir a la universidad, tener un oficio, trabajar. Queremos que vean la importancia de la educación, que entiendan y sientan que con ella van a mejorar su calidad de vida”, comenta Erika, esperanzada, como toda la comunidad de Súmate y sus escuelas de reingreso, de que se apruebe un financiamiento digno que beneficie a los más de 200 mil jóvenes que no asisten a una sala de clases.

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