La salud mental se ha convertido en uno de los principales desafíos del sistema educativo nacional. Podemos decir, a partir del análisis del Primer Encuentro Nacional de Liderazgo Juvenil desarrollado por Fundación Súmate, que este problema constituye un punto crítico -un verdadero talón de Aquiles- que impacta profundamente la convivencia escolar, el aprendizaje y la participación estudiantil.
En primer lugar, el diagnóstico elaborado por los propios estudiantes -35 líderes de la comunidad escolar- pone de manifiesto una realidad compleja que ellos ven y que les duele.
Hablan de una fuerte desmotivación, de falta de confianza y de dificultades emocionales que afectan sus experiencias educativas. A esto se suman factores del entorno que ellos mismos describieron como el uso excesivo del celular, los problemas de descanso y de sueño y, en algunos casos, el consumo de sustancias.

Los jóvenes líderes reconocen que el uso excesivo de pantallas afecta sus horas de sueño, su concentración y su capacidad para relacionarse.
Todos estos elementos inciden en el rendimiento académico pero también deterioran el clima del aula.
La salud mental aparece entre las prioridades. Es decir, entre las acciones más urgentes que la escuela debe abordar. Y se la vincula estrechamente con los quiebres en la convivencia escolar. Situaciones como peleas, rumores, discriminación y faltas de respeto no pueden entenderse únicamente como problemas disciplinarios, sino como expresiones de malestar emocional no abordado ni tratado.
La escuela, concluyen los líderes estudiantiles, enfrenta el desafío de pasar desde un enfoque castigador hacia una mirada preventiva y formativa.
Otro de los aspectos relevantes tiene que ver con la relación que hacen entre salud mental y participación.
Los estudiantes señalan sentirse “invisibilizados” o “juzgados” al expresar sus opiniones, lo que limita el desarrollo de espacios de diálogo genuino.

Un aspecto de la fructífera jornada de encuentro.
Esta falta de escucha afecta directamente la autoestima y el sentido de pertenencia, elementos clave para el bienestar emocional.
Frente a esta realidad, los estudiantes tienen claro que no basta con hablar de salud mental: hay que tomar medidas concretas. Una de sus principales propuestas es reforzar el apoyo psicológico en los colegios, con más profesionales disponibles y espacios de contención emocional donde cualquier estudiante pueda sentirse escuchado y acompañado.
También destacan la importancia de recibir apoyo sin sentirse juzgados, en un ambiente de confianza donde puedan expresar lo que les preocupa con tranquilidad y seguridad.
Otra idea que consideran clave es generar más instancias para compartir y desconectarse del estrés cotidiano. Actividades recreativas, deportivas, artísticas o incluso pausas activas durante la jornada pueden ayudar a mejorar la convivencia, fortalecer los vínculos y hacer que el colegio sea un lugar más agradable para todos.
Los jóvenes también creen que es importante tener más espacios para participar y hacerse escuchar. Poder involucrarse en la resolución de conflictos y en las decisiones que afectan a la comunidad escolar les permite desarrollar habilidades como la empatía, el diálogo y el trabajo en equipo.
“Como líderes juveniles proponemos hacer más y mejores actividades para conocernos mejor, aprender a autorregularnos, participar y retomar la convivencia escolar. Se necesita la autoridad y el acompañamiento de profesionales”, fue una de sus propuestas.
En ese sentido, valoran especialmente el liderazgo estudiantil. Para ellos, un buen líder no es quien más habla, sino quien sabe escuchar, comprender a los demás, comunicarse de manera respetuosa y organizar iniciativas que beneficien al grupo.

El próximo 5 de agosto volverán a reunirse para mostrar lo que han podido realizar en concreto.
El encuentro dejó en evidencia algo importante: los estudiantes no quieren ser vistos solo como receptores de ayuda. Quieren ser protagonistas de los cambios y aportar activamente a la construcción de comunidades educativas más inclusivas, saludables y acogedoras.
La conclusión es clara: la salud mental influye en todos los aspectos de la vida escolar. Por eso, abordarla de manera integral ya no es una opción, sino una necesidad para construir espacios educativos donde el bienestar de las personas esté realmente en el centro.
El próximo 5 de agosto, los 35 jóvenes volverán a reunirse para un Segundo Encuentro Nacional de Liderazgo Estudiantil. Allí, cada colegio evaluará los avances y se compartirán experiencias de implementación.