Mide 1 metro 95 centímetros y no tiene pelos en la lengua. Es de respuesta rápida y muchas veces brutal, rasgo de personalidad que le juega en contra en su flamante rol de ministro de Vivienda y que ha reconocido que debe controlar. Pero, en su caso, aplica aquello de “genio y figura hasta la sepultura”. Así, el arquitecto y polemista Iván Poduje Capdeville (57), en un par de días, se enfrenta a una dirigente vecinal y le habla golpeando con el dedo en ristre. Luego le dice al gobernador Orrego que él pague la ciclovía de la Alameda si lamenta tanto la suspensión de la obra.
En Hora de Conversar, que hacemos en alianza con El Mostrador, enfrenta el tránsito desde opinólogo a autoridad ejecutiva. “Siento la tarea como algo próximo”, afirma. “Son desafíos muy complejos, pero son el mundo en que me he movido los últimos 30 años”.
El cambio se nota incluso en la rutina: si antes se levantaba a las 7:30, ahora lo hace a las 6:00. Y mantiene una costumbre que llamó la atención tras los incendios en Biobío: dibujar mapas de memoria. “Yo dibujo siempre. Es una forma de entender el territorio. Cuando dibujas, lo recuerdas dos veces”, explica. En zonas devastadas, agrega, ese ejercicio permite reconstruir mentalmente barrios, accesos y topografías complejas.

Al fondo, el puerto de Lirquén. En los cerros, autoconstrucción, viviendas de emergencia e historias de dolor y trauma, que bien conoce el nuevo ministro Iván Poduje.
—A la gente y a los periodistas les impresionó que dibujaras de memoria el contorno costero y el mapa de la zona arrasada por los incendios en Penco y Tomé. ¿Fue una estrategia de marketing?
—No, yo dibujo siempre. De hecho, en mi oficina tenía una pizarra blanca. Además, hice clases muchos años y las clases de arquitectura son con dibujos. Me gusta dibujar desde chico. En zonas como Lirquén es muy importante entender dónde empieza un barrio y dónde termina el otro, cómo están asentados y de qué manera se accede. Y eso, al dibujarlo, se queda en la memoria.
Hablamos del cierre de la campaña de emergencia del Hogar de Cristo en la zona. Las donaciones permitieron habilitar interiormente 325 viviendas de emergencia que ya están levantadas en esos barrios que el ministro conoce y dibuja.
—Al visitar recientemente Penco, da la impresión de que hay más casas reconstruidas que las que vimos en los cerros de Viña del Mar en un plazo similar. ¿Es una sensación o un hecho objetivo?
—Esta vez la aproximación a la emergencia ha sido inmediata en términos de soluciones. El problema en Viña del Mar fue que se perdió un año completo en redefiniciones y desconocimiento, con autoridades que no entendían, porque las personas que sabían fueron desplazadas por desconfianza política y se nombraron jefaturas nuevas. Fue el caso de un muy mal director de Serviu, al que despidieron después de un año y al que debieron haber sacado al mes.
—¿Quién es?
—Uribe, se llama. Hay que despedir a los incompetentes. Eso hice en Biobío con la directora del Serviu: la que se fue de vacaciones después del incendio y cuyo jefe de comunicaciones insultaba a damnificados desde una cuenta troll. Ese funcionario está con licencia médica; estamos esperando que vuelva para hacerle un sumario y desvincularlo.
Poduje divide la reconstrucción en dos: la de grandes empresas y la autoconstrucción. Esta última, asegura, siempre representa más de la mitad. “Es casa a casa, caso a caso”, insiste.
En localidades como Penco o Tomé describe realidades extremas: sectores en pendiente, sin acceso vehicular, donde los materiales se suben a pulso.
Comparado con la reconstrucción tras los incendios de Viña del Mar en 2024, insiste en que en Biobío se ha avanzado más rápido.
Hoy, las cifras muestran el rezago: en Viña del Mar hay solo un 9% de viviendas terminadas y cerca de un tercio en construcción. Otro tercio tiene subsidio asignado, mientras un 40% sigue sin solución o está inhabilitado.
El ministro fija una meta exigente: “No puedo ampliar el plazo que me puse al partir, aunque hayamos descubierto que parte de lo poco construido estaba mal hecho. Son 15 meses para terminar la reconstrucción”.
Cuando se refiere a lo mal hecho, apunta a errores técnicos graves. El más comentado: la paralización de una empresa constructora en El Olivar, donde se detectaron viviendas con materiales inadecuados. “Usaron paneles diseñados para un piso en casas de dos. Es gravísimo”, afirma.
El diagnóstico también incluye fallas internas. Poduje ha desvinculado autoridades y anuncia mano dura contra las malas prácticas, pero precisa: “Hay 80 funcionarios con problemas en un ministerio de más de 6.500 trabajadores. Esos 80 no pueden ensuciar al resto. Son los mismos funcionarios los que me piden que aplique mano dura y saque a esos frescos del ministerio”.
—Hace unas semanas anunciaste que el gobierno terminaría con una serie de inhabilidades que afectan la reconstrucción en Quilpué y Viña del Mar. ¿Cuáles son y ya se concretaron esos cambios?

El arquitecto Iván Poduje se levanta a las 6 de la mañana, antes lo hacía a las 7:30 Tiene casa en Cerro Castillo, que le parece el mejor de todos los barrios de Chile.
El ministro calcula que a fines de la primera semana de abril habrá 800 personas damnificadas liberadas de esas limitaciones.
—Había personas con problemas de título de propiedad, herencias compartidas y situaciones similares. Ahora, con la posesión efectiva, podrán recibir subsidio, y vamos a construir la casa mientras se regulariza el título. También personas que vivían en campamentos y estaban en proceso de título de dominio podrán acceder al subsidio. Son familias que llevan cerca de 30 años esperando. En Viña del Mar son casi 900 en esa situación.
—En términos porcentuales, ¿cuánto se ha reconstruido en Valparaíso y cuánto en Biobío?
—Si consideras casas construidas, en construcción o con subsidio asignado, en Viña del Mar es cerca de un 60%. En Biobío, en poco más de dos meses, es un 40%.
Luego agrega:
—En Viña del Mar tenemos 4.200 viviendas destruidas y en Ñuble y Biobío, 3.700. La complejidad en Viña del Mar es mayor: más familias en cerros y con tenencia irregular del suelo. Son más campamentos. Estamos avanzando en que esas familias obtengan su título de dominio y puedan acceder a subsidio, construir calles y escaleras.
—¿Cómo evalúas las campañas de emergencia como las de Techo o el Hogar de Cristo?
—La vivienda de emergencia es muy útil en catástrofes, porque el Estado tiene un cuello de botella grande en Senapred. Se agradece el aporte de instituciones como Techo y el Hogar de Cristo. Las tragedias tienen dos fases: control de la emergencia y reconstrucción. El problema es que Senapred no tiene stock. En este incendio, el alcalde de Penco pedía 200 viviendas y le llegaban 10.
Advierte que Chile enfrenta emergencias cada año y medio en promedio, por lo que se requiere un stock de viviendas permanente.
Propone traspasar la gestión de viviendas de emergencia a su ministerio y mantener un stock: “Necesitamos 2.000 en bodega, además de kits básicos”.

Iván Poduje ha andado en terreno desde antes de que partiera el gobierno. Ahí ha peleado, se ha conmovido y ha dibujo territorios en papel, impresionando a los medios.
El problema, añade, no es solo la vivienda, sino el terreno: instalaciones sanitarias, conexión eléctrica y suelos adecuados. “Puedes traer la mejor casa prefabricada, pero sin eso no funciona”.
Más allá de la emergencia, Poduje pone el foco en lo estructural: 152 “barrios críticos” identificados en el país, donde se combinan deterioro urbano, violencia e inseguridad.
—En estos barrios las familias no pueden postular fácilmente a programas de mejoramiento. Sus casas se desvalorizan y los narcotraficantes comienzan a tomarse las viviendas.
Menciona casos en Puente Alto, Quilicura y Viña del Mar, donde “todos los cuartos pisos de blocks pueden estar en manos de bandas narcos”.
—¿Cómo se enfrenta esto?
—Es muy difícil. Tienen control territorial. Ahí hay que intervenir y demoler. Las viviendas de los narcos se demuelen.
Este año comenzarán con 40 barrios. En casos extremos, como cerro Chuño en Arica, anticipa erradicaciones completas.
El ministro distingue entre campamentos organizados y aquellos controlados por redes informales o delictuales. En estos últimos, denuncia “gestores” que cobran a familias.
“Ya sacamos a tres”, dice, citando un caso en La Pintana donde un dirigente controlaba unas 5.000 familias.
—La mayoría de los comités los lideran mujeres, muy capaces. Los hombres son pocos y suelen ser problemáticos.
—¿Qué pasa con las personas en situación de calle?
Poduje marca un límite: “No es un tema de vivienda”. Atribuye la mayoría de los casos a problemas de salud mental o adicciones.
El foco de su cartera está en allegados y familias en campamentos regularizados. “Ahí está el 99% del problema habitacional”, afirma.

Los sitios de los cerros de Lirquén son menos complejos que los de de Viña del Mar, donde había mayor irregularidad en la tenencia de la propiedad. Es parte de lo que surge con barrios que son consecuencia de tomas. Uno de los tantos problemas que saca a la luz la emergencia y que deberá enfrentar Iván Poduje.
La meta del gobierno es construir 400 mil viviendas en cuatro años. Al mismo tiempo, reconoce nuevas tensiones en la clase media.
“Hoy hay profesionales que pueden pagar arriendo, pero no acceder a una vivienda”, dice. Para ellos, anuncia un programa en desarrollo.
Mientras tanto, se mueve entre urgencias: reconstrucción, crisis de seguridad urbana y déficit habitacional. Y un estilo que no pasa inadvertido.
“Hay que intervenir. No hacer nada es dejar que el problema crezca como un cáncer silencioso”, concluye Iván Poduje.