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Los Concha González: A oscuras y sin relevo

Tras perderlo todo en el incendio que arrasó Penco en enero, Lissette sostiene sola a su familia de tres miembros prácticamente ciegos, pero no está sola: el acompañamiento permanente del Hogar de Cristo ha sido clave para enfrentar la emergencia y la vida diaria, en un caso que hoy exige una respuesta concreta del Estado.
Por Ximena Torres Cautivo
Abril 6, 2026

Lissette (47) toda la vida ha cuidado de su hermana Vannessa (42). La considera “divertida, ocurrente, un angelito”. Vive atenta a todos sus requerimientos, lo mismo que a los de sus padres, Sergio Concha y Mariana González. Ambos padecen la misma discapacidad visual. No son del todo ciegos, pero a medida que envejecen se van adentrando en un mundo mucho más oscuro y poblado de sombras.

-La Vanesita también tiene discapacidad visual. Y a ello se agrega insuficiencia respiratoria grave. Por eso, depende de oxígeno. Además, es una persona con síndrome de Down -explica Lissette, cuidadora y única responsable de esta familia indiscutiblemente vulnerable.

Ella es Lissette Concha, profesora de educación básica y sobrecargada cuidadota de tres personas con discapacidad visual. Dos son adultos mayores, sus padres. Y otra tienen síndrome de Down, su hermana.

Profesora de Educación General Básica, hasta hace un mes, iba y venía de Concepción a Chiloé, donde hace clases desde hace casi una década.

Por la condición de su familia, cada vez eran más frecuentes los viajes de una región a otra, pero este verano el feroz incendio forestal de mediados de enero dejó a sus padres y a su hermana sin nada. Su casa en Lirquén se quemó completa y quedaron en la calle. Afortunadamente, era tiempo de vacaciones y Lissette estaba con ellos. Y sigue aquí, al pie del cañón.

En marzo, cuando los entrevistamos, su sueño era ser trasladada del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Los Lagos al de Biobío. O sea, pasar de la escuela de Chiloé donde enseña a una en Penco, y no perder su indemnización por años de servicio. Esto, porque sí o sí debe trabajar y vivir donde están sus padres y la Vanesita, como llama a su hermana, tan querida.

UN CUMPLEAÑOS FELIZ ADELANTADO

-Papas fritas, papas solas, pan, papas fritas, papas… y torta -enumera Vanessa, cuando el capellán del Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck le pregunta por sus gustos.

Y de la torta pasamos a cantarle el cumpleaños feliz, aunque no estemos ni cerca de la fecha de su nacimiento. Cantamos y aplaudimos, jugando juntos, contagiados con su entusiasmo inocente que hace reír a su mamá, Mariana.

Mariana, como toda la familia Concha González, ha pasado de una emoción a otra estos últimos tres meses. La pérdida de su casa y de todos sus enseres -incluida la ropa, los muebles, las fotos, los documentos-. El horror de esa noche en que debieron envolver a Vanesa en chales para que no se asfixiara por el humo. Vivir separados; ellos en un albergue y Vanesa en el hospital. Los agotadores afanes de Lissette, la hija mayor. Todo ha sido parte de una fractura tremenda, atenuada, eso sí, por la solidaridad y el cariño de muchas personas e instituciones.

Mariana González, la madre de familia, está agradecida por todo lo que ha recibido. Su discapacidad visual es creciente.

Los González mantienen desde hace años un vínculo activo con el servicio de apoyo domiciliario para personas mayores del Hogar de Cristo, que ha sido un sostén constante en su vida cotidiana.

-Fue mi marido el que se inscribió en un taller para adultos mayores. Eso fue hace unos ocho años. Iba a la calle Lord Cochrane. Entonces no estaba tan mal de la vista. Ahora Sergio no está aquí, porque le tocó médico. Hace años a él le dio una trombosis ocular. Lo operaron y ha ido perdiendo poco a poco la vista -explica, sin contar en detalle qué es lo que la está dejando ciega a ella.

Sergio fue el primero en recibir apoyo del Hogar de Cristo, pero hoy el acompañamiento se ha ampliado a toda la familia: Lissette como cuidadora, y sus padres y su hermana como personas a su cargo.

Todos ahora son parte de una suerte de familia ampliada, a la que ahora se suma el padre Pepe, el capellán general del Hogar de Cristo.

EL FENÓMENO DE LOS INFLUENCERS

-Nos alegra tanto darnos cuenta de que los milagros todavía siguen ocurriendo. A fines de enero, nos contactó una persona que pidió reserva de su nombre. Tenía una cabaña completamente habilitada en Pucón y quería poner a disposición todo el mobiliario y los electrodomésticos con que contaba para una familia de adultos mayores que hubiera perdido todo en los incendios forestales en el Biobío.

Eso cuenta el capellán del Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck, quien tiene todo el diálogo con el empresario benefactor en el WhatsApp de su móvil. Mariana, por su parte, como madre de Vanessa y Lissette, tiene todo el agradecimiento para ese señor que apareció “con tantos muebles y artefactos maravillosos”.

Cuenta: “Mi hija lo conoció cuando llegó con una camioneta cargada. Yo creo que fui el sábado siguiente a la casa y no podía creer el palacio que ahora tenemos. Tengo hasta dos sitiales espectaculares Estoy muy, muy agradecida”.

Los benefactores que donaron el equipamiento interior de la casa junto a Lissette, el día en que trajeron los enseres. Ella ahora se preocupa de que sus padres y su hermana, dada su discapacidad visual, se ubiquen espacialmente en su nuevo hogar.

“El palacio que ahora tenemos” es una vivienda de emergencia, de muy buena calidad, que le donaron dos influencers. Uno es el polémico tiktokero y comunicador en programas televisivos de farándula, Danilo Peña, @dani.veintiuno. Y la otra es @domiclaude, tal como explica el propio Danilo en este video.

El fenómeno de la solidaridad en redes sociales, liderada por los llamados influencers, encarnado en la masivamente conocida @nayafacil, o en artistas urbanos, como Pailita, estuvo muy presente en los incendios de enero, producidos en las regiones de Biobío y Ñuble.

Pese a todos los reparos que puedan hacerse a esta ayuda inorgánica, informal, de procedencia dudosa que algunos vinculan a “padrinos” presentes ahí donde no llega el Estado, debería tener fiscalización y someterse a una transparencia activa, en el caso de la familia Concha González sólo puede agradecerse Y asociarse a un desenlace feliz tras la tragedia de lo que vivieron con el incendio.

NADIE ES SUPERMAN

Su nueva casa es, por lejos, la mejor de las viviendas de emergencia que vimos en Lirquén. Con perfectas terminaciones interiores, baño completo y funcionando, pequeña cocina integrada y también operativa, brilla por dentro con la donación del empresario turístico de Pucón que contactó al padre Pepe. Parece una muy bien montada casa de vacaciones. Objeciones más, objeciones menos, ayudar a una familia con tantas dificultades y a una cuidadora tan sobrecargada como Lissette, resulta un acto de humanidad. Cuesta leerlo de otra manera.

A esto se suma el apoyo permanente del equipo del Hogar de Cristo para cuidadores de personas mayores o con discapacidades funcionales. Víctor Jerez y las monitoras que trabajan con él siguen aquí no solo apoyando y orientando, sino también sosteniendo en el día a día a una cuidadora sobrecargada, en una labor que no termina cuando se apagan las cámaras. Apoyando, orientando, conteniendo, buscando soluciones a los tantos problemas cotidianos de una familia como de los Concha González.

Ahora, correspondería que el Estado y las autoridades del ministerio de Educación, hicieran un acto de mínimo sentido común, trasladando a la profesora básica Lissette Concha González del SLEP de Chiloé correspondiente a Penco. Y que no prevaleciera la torpe burocracia.

Lissette, como cuidadora de su familia, ahora misma ajusta los últimos detalles para poder trasladarse desde la casa que les ha prestado una amiga a lo que su mamá llama “el palacio que ahora tenemos” y que fue levantada en el mismo sitio donde se quemó su casa.

-Hay que hacer trámites para cambiar la carga de los tanques de oxígeno de la Vanesita de nuevo a ese domicilio. Asegurarnos de acomodar bien los muebles y enseñarles a moverse en este nuevo entorno. Poner cortinas oscuras, porque la luz los perturba mucho. A los tres. Espero que este fin de semana podamos mudarnos -explica Lissette, a quien habría que levantarle un monumento.

Vanesita, como la llaman, se cansa. Aquí la vemos después de que le cantáramos el feliz cumpleaños. Estaa feliz, pero se agotó con tanta fiesta. Cierra sus ojos, a los que cubre un velo que la hacer ver “entre telas de araña”, dice su hermana mayor, describiendo su discapacidad visual.

Nunca se casó, no tuvo hijos, se ha dedicado ciento por ciento al cuidado de sus padres y hermana. Cuando le preguntamos, cómo lo hace, responde:

-Superar esto, más ahora después del trauma del incendio, sin antidepresivos, no se puede. Nadie es Superman. Por eso, la ayuda recibida, el apoyo permanente, es tan importante. Y por eso mismo también: la edad de mis padres, la condición de la Vanesita y la ceguera de los tres, hacen imperativo que yo pueda trabajar acá. Para lograrlo necesito de la voluntad de las autoridades.