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Alicia Hidalgo: “Pan con té: engorda, pero no nutre”

La gerenta de Red de Alimentos desarma mitos sobre el hambre en Chile y detalla el modelo que conecta empresas, organizaciones y personas para enfrentar una crisis que afecta a casi uno de cada cinco chilenos. En "Ojos que Sï Ven" hablamos de este notable iniciativa, yendo desde las Despensas Sociales hasta algoritmos de distribución.
Por Ximena Torres Cautivo
Mayo 3, 2026

“Hambre es acostarte temprano para no tener que sentirla”. “Hambre es dejar de comer para que lo haga tu hijo”. “Hambre es sacrificar el pasaje por un pan”.

Las frases pertenecen a la campaña con que Red de Alimentos celebra sus 15 años. Pero, más que eso, dan cuenta del 19,2% de personas que vive con inseguridad alimentaria en Chile. Son 3,8 millones de personas que no saben si ese día van a comer.

En “Ojos que Sí Ven”, el programa del Hogar de Cristo en Radio Cooperativa, su gerente general, Alicia Hidalgo, desarma esa realidad en detalles concretos: cómo funciona la red, quiénes participan y, sobre todo, a quiénes llega.

Alicia tiene una interesante trayectoria profesional. Fue una alta ejecutiva de TVN durante casi una década. De ahí pasó al Canal del Fútbol, donde estuvo un tiempo antes de migrar a una empresa de recuperación de residuos industriales. “Ahí me empecé a meter en temas de impacto medioambiental. Aunque siempre lo social me ha interesado e importado mucho”.

Hoy su causa es una sola: “Por un Chile sin hambre”.

-¿Cómo se logra ese objetivo?

-Trabajamos en dos ejes. Uno se trata de recuperar alimentos que están totalmente aptos para que cualquier persona los pueda consumir, pero no cumplen con los requisitos de brillo o tamaño para ser exportados. Una manzana que tiene un poco menos de peso o una forma no perfecta para el estándar que el mercado internacional exige, pero que es alimentariamente impecable. Contamos con más de doscientas empresas que nos donan.

Agrega que, a los alimentos, esas empresas suman productos de primera necesidad, donde se incluyen los pañales (para adultos, un objeto imprescindible en un país envejecido, como el nuestro).

MUCHA GENTE CON HAMBRE

Ahí aparece otra capa del modelo: empresas que no solo entregan excedentes, sino productos completamente comercializables. “Siempre con el requisito de que lleguen a personas en situación de vulnerabilidad”.

-Lograr que los productos no caduquen y lleguen a ese consumidor de una oenegé específica implica una enorme logística…

-Sí… es mucha logística. Pero también mucha claridad en la información. En nuestra planta de San Bernardo recibimos y envasamos los productos en bolsas de un tamaño que sea administrable por lar personas.

Comenta que la velocidad de distribución es clave. “

-Por eso operamos con una plataforma virtual y todo se hace de manera digital. Los productos se suben a la plataforma… y a través de un algoritmo, que opera según las características de las organizaciones sociales, se les asigna una oferta que pueden consumir sin que nada caduque y todo se aproveche.

Red de Alimentos suma a más de 580 organizaciones sociales. Y tiene casi 1.800 centros a lo largo de todo Chile. Operan de Arica a Magallanes. Todas tienen en común la atención a personas de extrema vulnerabilidad y pobreza. Hogares de adultos mayores, residencias de niños, fundaciones que acogen a personas con discapacidad mental, juntas de vecinos. Un amplio ecosistema, que incluye a organizaciones vinculadas al Estado, aunque con un matiz:

“Directamente al Estado no podemos entregar productos, pero sí a organizaciones que son prestadoras de servicios del Estado”.

El Hogar de Cristo es una de ellas. También Fundación Las Rosas, Soy Más, Hijos de la Calle.

ENGORDA, NO NUTRE

La logística, otra vez, aparece como columna vertebral.

-Si hay un producto que puede vencer en diez días, entregamos porciones que puedan consumirse dentro de ese plazo, según la cantidad de personas y comidas de cada organización. Es todo muy rápido y automático.

Eso permite rotar la bodega a gran velocidad.

—¿Y cómo llegan los productos a destino?

-Hay dos mecanismos: el primero es el retiro en nuestro centro de San Bernardo: grandes volúmenes que las organizaciones van a buscar directamente. Y al segundo lo llamamos, aunque no es eso: retiro directo en tienda. En el fondo, conectamos a un supermercado con las organizaciones sociales cercanas. La plataforma busca dentro de un radio determinado y los conecta, de manera que la organización va directamente a ese local a retirar.

 

La gerenta general de Red de Alimentos, Alicia Hidalgo, en la terraza de Radio Cooperativa donde estuvo entrevistada en Ojos que Sï Ven.

CELULAR, ZAPATILLAS Y PARKA

Existe una tercera vía. La más nueva y sorprendente. Se trata de “las despensas sociales”.

Ubicadas en Renca, San Bernardo, Puente Alto y La Florida nacieron para cubrir un vacío: adultos mayores vulnerables que no pertenecen a ninguna organización. “Muchos viven solos, con pensiones mínimas y no estaban siendo atendidos. Casi el 80 por ciento de las personas que retiran en nuestras despensas viven solas. Otras veces están a cargo de nietos e incluso de bisnietos.

Estos adultos mayores retiran entre 7 y 9 kilos de productos a la semana. No reciben una canasta básica completa, pero sí una complementaria. “Nosotros no manejamos el mix… depende de lo que las empresas nos entregan. A veces alcanza más, a veces menos”.

Aun así, el volumen importa. Y también la calidad.

-Hoy estamos entregando cerca de un 30% de frutas y verduras, pero en pasa que a muchas personas les parece que eso no es alimento.

-Existe la noción de que en Chile no existe la desnutrición, que todos están sobre alimentados, incluso. ¿Se topan con esa percepción?

-Claro. En Chile la gente se alimenta de pan con té, lo que engorda, pero no nutre. Pasa que el hambre no se ve.

-El fundador de Red de Alimentos, tu jefe, el empresario Carlos Ingham, decía que un compatriota suyo le comentaba que todos los chilenos tienen celular, parka y zapatillas, por lo que es difícil cree que exista hambre en el país.

-Que alguien tenga zapatillas no significa que cuente con recursos para alimentarse bien -responde Alicia.

LAS DESPENSAS SOCIALES

Chile tiene un problema gigantesco de hambre. De pobreza invisible. Ya no de desnutrición infantil, pero sí de mucho sobrepeso y obesidad.

Entre los récords más conocidos: está entre los tres países más consumidores de pan del mundo. La marraqueta suplanta la alimentación sana. Porque 1.3 millones de chilenos vive en extrema pobreza. Entre ellos, un 3,7% de la población mayor de 60 años se encuentra en pobreza severa, que es la intersección entre pobreza por ingresos y pobreza multidimensional. Son en número absoluto: 141.893 personas.

Según datos de Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), del año 2024, una de cada 3 personas mayores en Chile tiene riesgo de desnutrición. Según la FAO,

2 de cada 5 personas en Chile no puede pagar alimentación de calidad y 700 mil personas tienen hambre severa.

Invisible, pero cierto.

En este contexto de pobreza, no sólo escasea la pobreza, también cuesta acceder a productos de primera necesidad, como los pañales de adultos. “Son productos de alto valor que la gente no puede costear”.

EFECTO COLATERAL

Pero quizás el efecto más inesperado de lo que se recoge en las Despensas Sociales no tiene que ver con lo material.

Despensa Social de La Florida, una de las 4 que tiene Red de Alimentos. La más antigua es la de Puente Alto, donde hasta un taller de danza árabe se ha organizado.

-Nunca estuvo concebido que fueran centros de encuentro social, pero lo son. Se formaron comunidades: talleres, coros, grupos de baile, instancias de acompañamiento. Para algunos, ir a buscar los alimentos es la salida de la semana”.

Un espacio donde —como dice Hidalgo— también se recupera algo menos tangible:

-Pierden la vergüenza de ser pobres, de tener hambre… sienten que no tienen nada que esconder.

Al final, lo que aparece no es solo un sistema de distribución eficiente, sino algo mucho más sensible: una red que conecta empresas, organizaciones y personas, pero también necesidades visibles e invisibles. Y que funciona —como insiste Alicia Hidalgo— porque nadie podría hacerlo solo. “Nosotros solos no podríamos”.