Callcenter: 600 570 8000Hogar de Cristo 3812, Estación Central, Santiago
Donar

Karinna Soto: “El desalojo es una solución cara y mala”

Una de las principales especialistas en situación de calle del país, sostiene que expulsar rucos, el desalojo, sólo desplaza el problema y no lo resuelve. Frente al endurecimiento del debate público, propone políticas de integración y vivienda, además de invitar a La Noche del Encuentro para comprender un fenómeno que afecta a decenas de miles de personas en Chile.
Por Ximena Torres Cautivo
Julio 4, 2026

-¿Por qué las personas hacen sus necesidades en la calle? -dijo un burócrata, abrumado con las incivilidades.

Algunos en la sala especularon: “Esa gente tiene otra cultura; no son como uno”. Varios asintieron. Entre medio, una voz planteó:

-¿No será porque no tienen baño? ¿Mejoraría la cosa si pudieran acceder a baños públicos?

Dicho y hecho.

Así explica la ingeniera comercial Karinna Soto cómo la Ciudad Jardín, Viña del Mar, resolvió los problemas estéticos que estaba generando el gran caudal de personas en situación de calle que usaban la playa, la costanera y las calles como urinario. “Desde entonces, Viña tomó una estrategia de cuidado de la ciudad, pero también de soluciones urbanas y sociales. Con la instalación de baños públicos, se resolvió gran parte del problema”.

Karinna dirige “Juntos en la Calle”, una alianza de organizaciones sociales que trabaja colaborativamente en el diseño de propuestas y acciones para erradicar el sinhogarismo en Chile, en coordinación con la CPC, el mayor gremio empresarial de Chile; la Comunidad de Organizaciones Solidarias; y la Corporación 3xi. Es además autora de un conmovedor libro de relatos testimoniales de personas en situación de calle. Se titula “Chile, El País de las Carpas” y lo presentó a comienzos de 2025.

Ximena Torres Cautivo y Karinna Soto en el estudio de radio Cooperativa hablan sobre la inminente Noche del Encuentro que este 9 de julio buscará visibilizar la crudeza de la vida en situación de calle. Y de l tema de moda: el desalojo de rucos.

Ahora, en el programa “Ojos que Sí Ven” en radio Cooperativa, hablamos del “estado del arte” en la materia. Un “arte” que está marcado por los violentos desalojos de rucos, acciones punitivas y poquísima sensibilidad por la complejidad de un problema social que afecta al menos a 50 mil personas, según datos del Ministerio de Desarrollo Social.

Explica Karinna:

-En Chile hemos vivido muchas cosas en los últimos 20 años: terremoto de 2010, pandemia, estallido social, masivo ingreso de migrantes. Todo eso, por supuesto, ha agravado la situación de todos los grupos excluidos y ha llevado a que muchas más personas no puedan acceder a una vivienda. Pensemos en los jóvenes que egresan de residencias de protección del Estado, en quienes salen de la cárcel, en los que viven hacinados, en los migrantes. En las mujeres que deciden romper con un grupo familiar donde impera la violencia y dejan su hogar junto a sus hijos. En los adolescentes, que después de declarar su homosexualidad son echados de sus casas.

Son miles, que por éstas y por otras razones, todas vinculadas a pobreza y vulnerabilidad, terminan viviendo en situación de calle. “De estas razones se habla poco, porque nos gusta tener conversas de primer mundo, pero con políticas sociales del tercer mundo. Esa es la contradicción”.

VAGAR NO ES DELITO

Es una linda casualidad que la Corporación Nuestra Casa, que fundó con varios amigos hace 26 años en Huérfanos 2832, se encuentre justo entre las calles Libertad y Esperanza. Acorde a lo que muchos consideran una utopía: sacar a las personas de la calle a través de soluciones habitacionales permanentes.

—Hoy tenemos 49 viviendas. Nos dedicamos a dar oportunidades a personas que muchos creen que lo han perdido todo. Personas que estaban viviendo en un parque, en un ruco, y que logran empezar de nuevo. Como decía Humberto Maturana, todos tenemos derecho a equivocarnos y también a volver a comenzar.

Libertad y Esperanza son dos palabras que parecen contradecir el clima actual, marcado por desalojos de rucos, sanciones por incivilidades y una creciente criminalización de la pobreza.

—Después de la pandemia vimos algo que ocurre en muchos países: las personas empezaron a aferrarse más a su propio territorio y a mirar con sospecha a quien consideran distinto. Al pobre, al migrante, al raro. Se instaló la idea de que la única manera de protegerse es con más control, más rejas y más represión. El miedo pasó a ordenar buena parte de la conversación pública.

Para Karinna Soto, el problema es que la situación de calle se ha transformado en una especie de pantalla donde confluyen múltiples temores sociales.

—La gente que vive en la calle sufre la pobreza más dura, pero también es cierto que los vecinos enfrentan problemas reales. Lo que hoy llamamos incivilidades existe. El desalojo de rucos también. El punto es preguntarse por qué.

Francisca del Carmen Parra participaba del servicio de Acogida Especializada del Hogar de Cristo y de la campaña Ruta Calle 2023 de Fundación Hogar de Cristo en la comuna de Cerrillos.  Ella se ubicaba en un sector aue parecía bombardeado. Aún no campeaba la moda del desalojo. AGENCIA BLACKOUT

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo, que las personas hagan sus necesidades en la calle. Muchas veces la explicación es mucho más simple de lo que creemos: no tienen baño. Santiago es una ciudad muy hostil en ese sentido. Hay muy pocos baños públicos.

Vuelve entonces al caso de Viña del Mar, que relata al inicio de esta conversación.

—Cuando alguien preguntó si el problema no sería la falta de baños, en vez de una supuesta “cultura” de las personas en calle, cambió la discusión. Se instalaron baños públicos y gran parte del problema desapareció.

1 DE CADA 4 ESTUVO EN EL SENAME

—Muchos alcaldes sostienen que deben desalojar rucos porque los vecinos exigen seguridad. ¿Qué les responden ustedes?

—Que entendemos perfectamente esa presión. Cuando un vecino ve venta de drogas frente al colegio de sus hijos quiere una solución inmediata. El problema es que el desalojo no resuelve la situación de calle. Está comprobado a nivel mundial que el desalojo es una solución cara y mala.

—¿Por qué?

—Porque la persona no desaparece con el desalojo. Sólo se mueve. Cruza la calle, cambia de plaza, se instala en otro barrio. Es una medida de corto plazo que puede generar una sensación momentánea de orden, pero que no resuelve el problema de fondo.

A su juicio, los municipios que logran mejores resultados son aquellos que combinan gestión social, seguimiento de casos y coordinación con organizaciones especializadas.

—Con los mismos recursos hay comunas que obtienen resultados distintos. La diferencia está en la capacidad de acompañar a las personas y ofrecer alternativas reales.

Recuerda además que en Chile la antigua Ley de Vagancia fue derogada hace casi tres décadas.

—Ya aprendimos que castigar la pobreza no funciona. Si el Estado quiere que no existan personas viviendo en la calle, entonces tiene la obligación ética y práctica de ofrecer alternativas.

La discusión se vuelve especialmente relevante en momentos en que el país tiene nuevas autoridades y el tema comienza a instalarse nuevamente en la agenda pública.

Una foto cruda de una muerte ocurrida en la plaza de Quilicura la madrugada. El fallecido fue un hombre de unos 60 años que se durmió en una banca tapado con una frazada. Parece absolutamente contradictorio que en plena activación del Código Azul por temperaturas de 0 grados y menos, se erradiquen rucos. Campee el desalojo y se corretee a las personas que no tienen más lugar que la calle.

—El ministro de Vivienda nos dijo que la situación de calle no es responsabilidad de su cartera. ¿Qué piensas?

—Que ningún problema social importante se resuelve desde un solo ministerio. No se resuelve la violencia escolar sólo desde Educación ni el VIH sólo desde Salud. La situación de calle requiere una mirada integrada.

El desafío es demasiado complejo para que quede reducido a una sola repartición pública, dice Karinna:

—Es imposible que un problema social tan grande, que además se transmite de generación en generación, se resuelva desde una sola cartera. Una de cada cuatro personas en situación de calle pasó por el SENAME.

Para abordar esa tremenda complejidad, pone el foco en los avances acumulados. Y se olvid por un rato del tema desalojo.

LOS VIEJOS DEBAJO DEL PUENTE

—Tenemos casi treinta años de experiencia. Hay municipios que han logrado disminuir las cifras y generar buenos modelos de intervención. Lo hemos visto en Providencia, Puente Alto, Quillota, Talcahuano, Arica y otros lugares. Hay conocimiento acumulado y soluciones que funcionan.

Quizás la más notable sea Vivienda Primero, programa que impulsó durante su paso por el Ministerio de Desarrollo Social y que considera una de las políticas más exitosas para enfrentar el sinhogarismo.

—La idea es simple: primero entregamos una vivienda y después viene el resto. Vivienda Primero entrega un cupo en una vivienda compartida a una persona mayor de 50 años que lleva más de cinco años viviendo en la calle. No es una vivienda propia; es una vivienda arrendada por una organización social o por un municipio. Además, la persona recibe acompañamiento permanente de un equipo profesional.

La lógica es distinta a la de los albergues, donde las personas comparten espacios masivos y reglas que muchas veces terminan alejándolas del sistema. “Es súper comprensible. Ahí hay menos autonomía, más inseguridad y muchas veces tienes que dormir con veinte personas más. No todos están dispuestos a eso”.

Vivienda Primero, en cambio, “permite que viejos que llevaban años viviendo debajo de puentes vuelvan a tener una vida digna. Muchas veces se reconectan con sus hijos, mejoran sus indicadores de salud y recuperan posibilidades de trabajo formal. Esto no es un milagro chileno; se ha hecho en muchos lugares del mundo”.

Victor Manuel Retamales vivía en los aldedores del Mercado Lo Valledor en 2023, Era un candidato perfecto para el programa Vivienda Primero, pero los cupos son escasos pese a sus positivos resultados. Él bien sabe de desalojo de rucos, AGENCIA BLACKOUT

Estos buenos resultados humanos van, además, acompañados de eficiencia económica.

—La gracia es que Vivienda Primero cuesta menos que muchas alternativas tradicionales. Estamos hablando de unos 25 mil pesos diarios por persona, que es prácticamente lo mismo que vale un albergue. Pero es mucho más costo-efectivo porque logra que la persona salga de la calle.

Soto entiende por qué muchas personas rechazan los albergues.

Para ella, el verdadero valor de una vivienda es algo más profundo.

—La vivienda nos da una sensación interior de que tenemos un lugar en el mundo y que podemos controlar parte de nuestra vida. Cuando devuelves eso a alguien que nunca sabe qué va a comer, cómo se va a vestir o cómo se va a proteger del frío durante la noche, empiezan a gatillarse muchos procesos de superación.

Los resultados, asegura, respaldan la apuesta.

—Vivienda Primero ha beneficiado a más de 1.500 personas en 14 ciudades del país. Participan más de veinte inmobiliarias, hay inversión pública y privada, tiene indicadores, certificaciones y ha recibido premios internacionales. Yo espero que toda esa comunidad permita que este programa siga creciendo, porque es una solución muy efectiva para las personas mayores, un grupo que representa cerca del 40% de quienes viven en la calle.

LA NOCHE DEL ENCUENTRO

Para Karinna Soto, sin embargo, las políticas públicas no bastan. También hace falta construir vínculos.

Por eso el próximo 9 de julio se realizará una nueva versión de La Noche del Encuentro, una iniciativa impulsada por Corporación 3xi que busca reunir a personas que normalmente nunca conversarían entre sí.

—¿En qué consiste la actividad?

—Queremos reunir a mil voluntarios y cerca de dos mil personas que han vivido la experiencia de calle. Desde Estación Mapocho saldrán grupos a distintas comunas de Santiago para compartir, escuchar y conversar.

Empresarios, dirigentes vecinales, autoridades, periodistas, organizaciones sociales y personas que viven o vivieron en la calle compartirán una misma mesa.

—La idea es preguntarnos juntos qué ha cambiado en la calle, qué soluciones funcionan y cómo enfrentamos este desafío como sociedad. Porque todos compartimos algo de la misma impotencia: el vecino que tiene miedo, el médico que no sabe dónde derivar a una persona, el trabajador social que la acompaña hace años y no ve progreso alguno. Estamos más cerca de lo que creemos.

Y concluye con una convicción: “Si queremos resolver la situación de calle, primero tenemos que encontrarnos. Sólo así podremos construir soluciones que duren más que un desalojo”.