¿Dónde envejecer? 54 recomendaciones expertas

2024-07-09 13:00
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Una nueva publicación del Hogar de Cristo aborda la necesidad de que los adultos mayores envejezcan en sus hogares, los principales retos que para el Estado y la sociedad civil esto implica, y formula un modelo de política pública con los estándares de calidad que debiera tener la atención domiciliaria para personas mayores con dependencia.

Casi 3,7 millones de personas en Chile son mayores de 60 años −un 18,4% de la población−, y de ese total casi 800 mil presentan algún grado de dependencia. Un acelerado proceso de envejecimiento de la población, que se asocia a un incremento de los niveles de dependencia, representa un enorme desafío para el país. ¿Dónde y cómo terminarán sus días estos adultos mayores?

Este es un tema sobre el cual Hogar de Cristo tiene vasta experiencia. A principios de la década del 2000 partieron los PADAM, Programas de Atención Domiciliaria para Adultos Mayores, y en estos años ha sido testigo de los beneficios que tiene para los mayores permanecer en sus casas en lugar de ir a una residencia.

A través de su Dirección Social Nacional, Hogar de Cristo realizó una investigación y elaboró un documento sobre esta realidad, los principales retos para el Estado y la sociedad civil, y la urgente necesidad de contar con una política social que permita dar una respuesta digna al creciente número de adultos mayores que necesitarán cuidados en sus últimos años de vida.

¿DÓNDE ENVEJECER?

En la sexta entrega de la serie de estudios Del Dicho al Derecho, titulada “¿Dónde envejecer? Estándares de calidad en la atención domiciliaria para personas mayores en Chile”, se da a conocer una realidad que afecta con mayor crudeza a los mayores en pobreza.

Para generar este estudio, que duró dos años, se comenzó por una revisión bibliográfica que permitió saber qué estaba pasando en Chile y en otros países en el cuidado de largo plazo. Además, se convocó a 46 expertos pertenecientes a organizaciones de la sociedad civil, entidades gubernamentales, organismos internacionales, representantes de la academia y, a partir de ello, se consensuaron 54 recomendaciones para implementar políticas de cuidado. Finalmente se planteó una propuesta programática con sus costos asociados, explica María Isabel Robles, directora nacional técnica de Apoyo, Cuidado y Desarrollo de Autonomía de Hogar de Cristo.

“Uno de los aspectos más importantes del estudio es que hace una conexión entre el problema y las soluciones, con una propuesta concreta medible y con un financiamiento identificado. No nos quedamos solo en la teorización”, señala.

CRISIS DE LOS CUIDADOS

El estudio resume en cinco puntos el problema que estamos viviendo como país y que se replica en el mundo: envejecimiento de la población, aumento en la demanda por servicios de apoyo y cuidados de larga duración, mayor dependencia en población socioeconómicamente más vulnerable, feminización del cuidado, y crisis de los cuidados.

Frente a esta realidad, la tendencia mundial apunta a que los adultos mayores envejezcan en sus hogares, por ser una opción más efectiva y económica que mantener una residencia. Según María Isabel Robles, los sistemas residenciales tienen un costo que es el doble o el triple de lo que significa esa misma atención en el domicilio. “Pero esto no significa que la atención residencial no es necesaria. En el caso de que el adulto mayor no tenga redes de apoyo y requiera de cuidado, probablemente la mejor solución para esa persona sea lo residencial”, dice.

¿Quién cuida a estos mayores? En Chile, un 70,5% de los cuidadores son mujeres y enfrentan los efectos negativos que esta labor conlleva: menor participación en el mercado laboral remunerado, mayor riesgo de pobreza y mayor prevalencia de problemas de salud mental y física. Cabe destacar que los/las cuidadores/as presentan, en promedio, un 20% más de problemas de salud mental que las personas que no realizan este tipo de tareas.

Adicionalmente, mientras la demanda de cuidado va en aumento, la oferta es cada vez menor debido fundamentalmente a la mayor cantidad de mujeres que trabajan y a la reducción del tamaño de las familias.

Esto ha generado una crisis de los cuidados que hace urgente avanzar en la igualdad de género en este tipo de trabajo y en la corresponsabilidad social, esto es en la distribución del cuidado sobre los diversos actores de la sociedad (Estado, mercado, familia, comunidad).

LOS DESAFÍOS DE ENVEJECER EN CASA

Para envejecer en el hogar se necesita un entorno individual y colectivo adecuado, lo que no ocurre en personas en pobreza. Según la encuesta Casen 2022, el 17,9% de los hogares con personas mayores presenta pobreza multidimensional. Y las personas en situación de pobreza o exclusión social tienden a presentar mayores necesidades de cuidados y enfrentan mayores obstáculos en su acceso.

En el estudio se destaca la necesidad de contar con un sistema nacional de apoyo y cuidado de larga duración, universal, integral y continuo, priorizando la formalización del cuidado a través de trabajadores remunerados con formación y certificación y la atención domiciliaria. Esto porque las personas mayores prefieren permanecer en su domicilio y porque −además del alto costo− las residencias han mostrado tener efectos negativos en las personas mayores en términos de salud e inclusión social.

Lamentablemente, en Chile los servicios de atención domiciliaria tienen bajísima cobertura en número de beneficiarios, frecuencia y financiamiento. El programa Cuidados Domiciliarios de Senama atendió en 2022 a 1.515 personas. Eso es sólo el 2,9% de la población que lo requiere (52.125 personas).

Además, la frecuencia e intensidad de la atención son absolutamente insuficientes: dos visitas semanales de tres horas cada una, sin hacer distinción por nivel de dependencia del adulto mayor. Hay que considerar que la OCDE recomienda 22 horas semanales para personas con dependencia moderada y 41 horas en casos de dependencia severa. Es evidente que las 6 horas del Senama se quedan cortas.

Finalmente, hay que considerar que el costo promedio mensual por cada participante en el caso de los programas ejecutados por Hogar de Cristo es de casi 320 mil pesos y Senama financia solamente 130 mil en promedio (40%).

Estas cifras revelan la urgencia de adoptar medidas que disminuyan la carga de los cuidados informales y aumentar la oferta de servicios públicos de atención domiciliaria. Así lo están haciendo en muchos países, donde al mismo tiempo han diseñado servicios o prestaciones para las mujeres cuidadoras sin remuneración, tales como beneficios para compatibilizar el trabajo remunerado y las labores de cuidado no remunerado; “servicios de respiro”, que entregan un apoyo de corto plazo a familiares cuidadores para que puedan tomar un descanso; transferencias monetarias; y acceso a los beneficios de la seguridad social y la salud.

Nuestro país está aún lejos de esto, pero hay avances. El 1 de junio pasado, en su última cuenta pública, el presidente Gabriel Boric anunció un aumento de un 25% en el presupuesto de los programas del Ministerio de Desarrollo Social, que permitirá aumentar la cobertura de la red local de cuidados y construir centros comunitarios de cuidado. A ello se suma el proyecto de ley del Sistema Nacional de Cuidado, Chile Cuida, el que está en proceso de revisión por parte de Hogar de Cristo. “Es un proyecto necesario para nuestro país y vamos a trabajar para que salga el mejor proyecto que Chile pueda tener”, señala María Isabel Robles.

SI TE INTERESA REVISAR EL ESTUDIO, SUS DATOS Y RECOMENDACIONES, PUEDES DESCARGARLO AQUÍ


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