Liliana Cortés, directora social nacional de Hogar de Cristo, abrió la conversación llevandolo directo a quienes guían el trabajo cotidiano de la fundación: los más pobres entre los pobres, como decía el padre Hurtado. O quienes viven en pobreza severa, como dice hoy la renovada y más exigente Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN). Antes de entrar a los datos del seminario, recordó una frase atribuida a Gaudí que, dijo, ayuda a mirar la pobreza desde otro lugar: “Primero el amor, luego la técnica”.

Liliana explicó que Hogar de Cristo intenta todos los días combinar vínculo, presencia y acompañamiento con mejores herramientas para intervenir realidades que cambian rápido. Cerca de 30 mil personas pasan cada año por sus programas, una experiencia que, sostuvo, obliga a mirar la pobreza no como una foto fija, sino como un fenómeno en movimiento.
—Vivimos todos los días la pobreza como un fenómeno dinámico. Lo dinámico tiene que tener instrumentos que permitan entenderla, no solo medirla, sino comprenderla para poder intervenir esta realidad que muchas veces es muy dura.
Liliana repasó en el seminario cómo Chile ha ido ampliando su forma de medir la pobreza. Primero estuvo la mirada tradicional, centrada en los ingresos. Después, a partir de 2015, vino la pobreza multidimensional, que incorporó dimensiones como salud, educación, vivienda, trabajo y redes. Y ahora, con la CASEN 2024, aparece con fuerza el concepto de pobreza severa: personas que viven al mismo tiempo pobreza monetaria y pobreza multidimensional.

—Hoy hay más de un millón de personas que se levantan cada día preguntándose qué necesidad van a dejar para después: salud, vivienda o educación. Porque cuando no alcanza para todo, la pobreza obliga a elegir entre derechos que nunca debieran competir entre sí.
El dato que dejó instalado fue uno de los más importantes del seminario: 1 millón 193 mil personas vive en ese cruce entre pobreza por ingresos y pobreza multidimensional. Es decir, el 6,1% de la población.
La pobreza severa, explicó, tiene un rostro reconocible: mayor presencia en zonas rurales, población indígena, personas migrantes, informalidad laboral, hacinamiento y territorios donde las carencias se acumulan. También insistió en que la niñez sigue siendo una deuda abierta.
—Los niños no se defienden solos, los niños no generan ingresos, los niños no deciden las cosas en las cuales pueden tener mayor bienestar.

Por eso, dijo, la respuesta no puede ser parcelada. No basta con un programa, una transferencia o una solución aislada. Se requieren servicios integrados, capaces de leer la vida completa de las personas.
Más adelante, al hablar de personas mayores, advirtió que políticas como la PGU han ayudado a reducir la pobreza por ingresos, pero que las carencias multidimensionales siguen golpeando fuerte: salud, cuidados, vivienda, soledad, redes débiles.
Luego fue el turno de Cecilia Cifuentes, directora del Centro de Estudios Financieros del ESE Business School. Su entrada en el seminario cambió el foco, pero no el problema de fondo. Si Liliana Cortés puso la lupa en la pobreza severa, la destacada economista la puso en la crisis del mercado laboral.
Partió reconociendo que su mirada venía desde la economía y tomó una idea planteada por Cortés: no basta con dar el pescado, hay que enseñar a pescar. Desde ahí, afirmó: “El desafío social de Chile es el empleo”.

Cifuentes sostuvo que, aunque los indicadores de pobreza muestran avances, los indicadores laborales muestran retrocesos. Y ese cruce, dijo, es clave para entender por qué la pobreza sigue golpeando con más fuerza a los hogares vulnerables.
—En los indicadores de pobreza sí avanzamos. Pero en los indicadores laborales estamos retrocediendo.
La economista explicó que la pobreza se ha reducido incluso con una línea de medición más exigente, pero advirtió que Chile arrastra un problema estructural en empleo. Mencionó una tasa de desempleo sobre el 8% durante 40 meses, un desempleo femenino que llega al 10% y una tasa de ocupación baja en comparación con los países de la OCDE.
El problema, dijo, se vuelve más grave cuando se mira quiénes están quedando fuera del trabajo. Cifuentes planteó que las tasas de ocupación de los tres primeros deciles han caído, mientras en los deciles más altos suben. Por eso, para ella, hablar de empleo no es cambiar de tema: es entrar al corazón de la pobreza.
—Estamos haciendo políticas que están dificultando el ingreso al mercado laboral a los sectores de bajos ingresos.
También puso sobre la mesa otra cifra: para que Chile alcanzara la tasa de ocupación de la OCDE, faltarían 800 mil empleos.

Para Cecilia, la inversión debe dejar de verse como una palabra ajena a la política social. Su argumento fue que sin inversión no hay empleo formal, y sin empleo formal los hogares más pobres quedan atrapados en trabajos precarios, informales o derechamente fuera del mercado laboral.
Tras las exposiciones iniciales, el seminario pasó al panel moderado por Ximena Torres Cautivo, escritora y subgerente de Comunicaciones de Hogar de Cristo. Participaron Liliana Cortés, Cecilia Cifuentes, Raúl Lagomarsino, director de CEDIS, y Matías Cociña, exjefe de la División Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social.
Ximena abrió conectando los dos temas que habían marcado la mañana: pobreza severa y empleo.
—La mirada del empleo es clave en el tema de la pobreza. Y desmenuzar qué significa este nuevo concepto de pobreza severa también es súper relevante.

Raúl Lagomarsino valoró que la nueva medición obligue a mirar con mayor atención a quienes viven las situaciones más complejas de exclusión.
—Es bueno que se suba el estándar de medición de pobreza, que nos interpele, que nos pinche un poco más a mirar a los más vulnerables.

El seminario derivó rápidamente hacia el empleo. Cecilia Cifuentes insistió en que, si bien la pobreza ha disminuido en las últimas décadas, el mercado laboral está mostrando señales preocupantes, especialmente para los sectores más vulnerables.
—La caída de la tasa de ocupación y de los ingresos está muy focalizada en los grupos más vulnerables.
Para la economista, la inversión y la generación de empleo formal no pueden quedar fuera de la discusión social.

Liliana Cortés volvió sobre el concepto de pobreza severa y explicó que su principal aporte no está solo en identificar a quiénes les falta más, sino en comprender mejor qué tipo de respuestas requieren.
—Más que focalizar, la mirada de pobreza severa nos permite comprender qué elementos es necesario combinar para lograr un buen resultado de las inversiones sociales.

Matías Cociña, por su parte, llamó a aprovechar una de las principales fortalezas del país: contar con datos robustos para diseñar políticas públicas. Pero advirtió que todavía persisten desafíos profundos en materia de infancia, desigualdad territorial y movilidad social.
—Tenemos una oportunidad de no pensar el gasto en infancia como gasto, sino como inversión.

Hacia el cierre, una pregunta del público devolvió la conversación al empleo. ¿Sigue siendo el trabajo una herramienta efectiva para salir de la pobreza? Raúl Lagomarsino no dudó.
—Si tuviéramos solo una bala, usaría esa.