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Coco Legrand: “Si sigue cundiendo la corrupción, nuestra Patria, todo, se irá a la mierda”

Sabía que su destino era sacarse la cresta y así fue. Sucedió el 2 de octubre y aún convalece de su caída en moto. Conversamos con él, en Piensa en Grandes, programa que se dedica a hacer lo mismo que él: reflexionar sobre el impacto de los años sobre la vida. “Viejos de Mierda”, la obra de la que ha sido parte desde el inicio, y la reciente “Setenta o Sé Tonto”, dan cuenta de ello. El Coco está más triste que chispeante y espera poder caminar de nuevo a mediados de enero de 2022.

Por Ximena Torres Cautivo/ Publicado por eldinamo.cl

 

A sus 74 años, este 2021, el conocido humorista Coco Legrand se pegó dos tremendos alcachofazos. Uno fue –literalmente– un gran costalazo en moto, que lo dejó con la tibia y el peroné fracturados y una cadera dañada. El accidente se produjo, como le gusta decir, el Día de los Santos Custodios, el 2 de octubre, en la bajada de La Pirámide en Santiago, y lo impulsó a cerrar una etapa en su vida: la de motoquero, la de fanático de las Harley Davidson, la que él sabía tendría un único destino final, sacarse la cresta.

Y el otro tiene que ver con los cambios que impuso la pandemia. Cambios país, de sociedad, de sensibilidad, de poder.  Así los resume: “El COVID-19 nos ha hecho reaccionar a todos, al margen de si eres viejo/joven, hombre/mujer, rico/pobre, porque este bicho nos ha venido a demostrar que después de habernos creído los jaguares de Latinoamérica, seres súper inteligentes, tecnológicos, importadores y exportadores de talla mundial, hoy nos percibimos como seres vulnerables, aterrorizados de quedar cesantes, con terror a infectarnos, con miedo a morir. Un virus invisible e invencible, nos obligó a escondernos en nuestras casas. Ese hecho, a mis 74 años, me vino a demostrar el valor de las mujeres en el mundo, porque desde lo doméstico, del cuidado, todo mi mundo funcionaba por ellas. Y otra gran lección añadida que aprendí en el encierro fue que la monogamia y la monotonía son la misma cosa –dice, lanzando una carcajada.

Ahora el Coco convalece de su accidente, siempre encerrado en su casa, limitado en sus movimientos, pero clarísimo en la fuerte y firme decisión de que ya no está para esos trotes. Fanático de las motos, “amándolas profundamente, no volveré a subirme a una por respeto a mi cuerpo, a mi integridad física. Ahora espero estar caminando de nuevo a mediados del próximo mes, a mitad de enero. Por eso le entregué en comodato mi colección de más de 40 al empresario Carlos Cardoen para que las exhibe en su museo y puedan ser conocidas por los jóvenes, de manera que puedan apreciar el maravilloso desarrollo tecnológico de esos aparatos. Eso es algo que a mí me apasiona”.

-Tu favorita es la Harley Davidson, ¿no?

-Bueno, sí. Obviamente es mi moto preferida, pero las quiero a todas por igual, adoro las 45 que tengo. Muchas son motos antiguas, que tienen historias especiales, que son únicas. Tengo una marca Audi, muy original. Ahí está con sus cuatro argollas, en el museo de Carlos Cardoen para que la aprecien. Ahora quedarán al cuidado de su leal médico de cabecera, el gran mecánico Pierre, conocido como el canillita Pierre.

Es toda una etapa de libertad a lo “Easy Rider” que se cierra, la famosa película “Busco mi destino”, en que dos jóvenes emprenden un viaje en moto por Estados Unidos en los años 60. Alguna vez hace años, entrevisté al Coco, eran cuando hacía una obra con la psicóloga que era boom en esa época, Pilar Sordo, y la conseguí a través de su representante y amigo, Roberto Green, que sigue siendo ambos cosas, lo que indica que el humorista es o era básicamente un hombre de costumbres. Puse entonces en el texto que ambos no se vestían, sino que se tapizaban en mezclilla. Que andaban completamente forrados de blue jean. Hasta el día de hoy el Coco se acuerda y me lo recrimina y ahora que ya no anda ni en moto ni con jeans y chaqueta de mezclilla, me parece que como nunca está en otra.

 

FREI RUIZ-TAGLE: EL MEJOR

“Viejos de mierda” es la obra de teatro más exitosa de los últimos 50 años en términos de cartelera en Chile. Todo un fenómeno. “Tuve la suerte de ser el productor general de ese espectáculo y sumamos muchas y muchas cosas buenas. Fuimos, por ejemplo, la primera compañía teatral en empezar a trabajar con escenografías virtuales. ¿Lo más duro? La terrible pérdida de Tomás Vidiella este año, un hombre que fue un muy buen amigo mío y un gran maestro de la comedia. Su partida ha sido para mí un dolor total. Imagínate que durante cuatro años consecutivos estuvimos a tablero vuelto. Pero luego vino la pandemia y cambió todo el panorama. Eso fue terrible. Quedarse sin público es horrible, sobre todo porque veníamos de llenos totales en todas las funciones. Llegaban familias completas a vernos, desde el nieto al abuelo, y muchos entendían desde el humor a las personas mayores en Chile”.

-A propósito, cómo comparas a los jóvenes hipsters de hoy con el lolo Palanco al que diste vida en los 80. ¿Qué te llama la atención, te desconcierta o te da risa de los jóvenes de hoy? 

-No me desconcierta absolutamente nada de la gente joven de hoy. Lo que sí siento es que existe un cierto deterioro mental masivo que sufre el país hoy día. Lo veo en un cierto retorcimiento total sobre los valores permanentes, los que de verdad importan. Siento que hoy el país está fondeado allá atrás, como en el cerro del fondo. Da un poco de pánico ver que existen dos tipos de juventudes distintas, una es muy rara. Uno extraña cuando todos compartíamos grandes valores, constructivos, para lograr una vida pacifica, sin el nivel de agresión actual. Yo digo no los asesinatos diarios, a los robos permanentes, a la corrupción. Hoy todos hablan de la corrupción, que para mí consiste en el pecado de querer generar dinero sin trabajar, aprovechándose. Eso debe ser cortado de raíz, porque si perdemos el pináculo épico donde estábamos dentro del continente, nuestra Patria, todo, se irá a la mierda.

-Suenas desolado, Coco. ¿Cuesta hacer humor hoy con tanta delicadeza y sensibilidad viva circulando?

-Mira, cuando uno aprende cosas, los pensamientos cambian y hay que adaptarse. Esos cambios en el cerebro crean nuevos conductos neuronales. Yo vivo hoy en una sociedad desarraigada, que experimenta una  auténtica crisis de identidad, porque los antiguos valores parece que ya no nos sirven. Entonces tenemos que estar dispuestos a cambios radicales. De pensamiento, de valores, de conductas que al parecer se están reorganizando. Yo estoy a la espera de esos cambios.

-Eso limita harto el espectro de los temas que permiten hacer humor…

-No, para nada. Igual uno puede hablar de todo, ateniéndose a las consecuencias. Mi nuevo espectáculo se llama “70 o Sé Tonto, y se basa en lo que vivimos hoy los que estamos viejos. 70 o Sé Tonto revela que uno a esta edad va directo a convertirse en un perfecto imbécil, porque la gente que te rodea te hace sentir un inútil.

En marzo de este 2021, el para muchos “mejor standupero de Chile” lanzó el libro que da título a la obra, con el rector Ennio Vivaldi como presentador. La publicación recoge imágenes claves de su biografía y de un oficio “que se convirtió en su vicio”. Para Coco, el humor  “es un estilo de vida; un proyecto a largo plazo que puede durar toda la vida y un trabajo de transformación creativa permanente y con sentido social”.

-En la previa a la segunda vuelta, tanto el candidato Kast como el candidato Parisi te eligieron como su comediante favorito de todos los tiempos. ¿Cuál ha sido para ti el mejor presidente de Chile, tanto como para inspirar humor como para gobernar?

-Sin lugar a dudas, don Eduardo Frei, hijo, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Tuvo la gentileza de recibirme en La Moneda vestido como demonio, con los cuernos para arriba y toda la parafernalia. Fue cuando el demonio decidió renunciar de su rol demoníaco, porque los seres humanos lo estaban superando en maldad. Luego, cuando era presidente de la Cámara Baja, me invitó y me entregó la medalla de los 180 años de vida de nuestro Congreso. Nos recibieron fantástico, nos sentaron en primera fila, él habló dos o tres minutos explicando el sentido de la medalla frente a todas las fuerzas vivas de la sociedad que estaban en el tercer piso del Teatro Municipal de Valparaíso y de repente, justo cuando subo a recibir la medalla, alguien grita: “¡Trabajen, huevones!”. Temí que el presidente creyera que había sido yo mismo por alguna escondida dote de ventrílocuo, todo el mundo se quedó petrificado y luego cambió totalmente el estado emocional de todo el mundo.

Así es Chile. Chaquetero. No es chiste.

 

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