El Teatro Municipal de Linares se llenó de música, baile, familias, equipos sociales y aplausos. La décima versión del Festival de Talentos, organizado por Fundación Hogar de Cristo, reunió a más de 250 asistentes en una jornada gratuita y abierta a la comunidad, donde personas con discapacidad mental, estudiantes, niños, academias artísticas y agrupaciones locales compartieron escenario desde un lugar pocas veces garantizado: el derecho a ser vistos.

Fueron 13 números artísticos en total. Hubo presentaciones de colegios, academias de baile y música, personas acogidas por Hogar de Cristo, un jardín infantil y agrupaciones folclóricas. Esa diversidad le dio al encuentro un ritmo vivo y profundamente comunitario: niños, estudiantes, personas mayores, artistas locales y participantes del Centro Diurno compartiendo un mismo escenario.

Para Mauricio Zorondo, jefe de Operación Social de Hogar de Cristo, el sentido del festival está lejos de una mirada asistencialista. “El Festival de Talentos no está pensado desde la lástima ni desde una mirada condescendiente. Aquí la comunidad se encuentra con personas que ensayan, se preparan y se suben a un escenario con dignidad, oficio y alegría”, señaló.

El festival ocurrió en una región donde la inclusión todavía enfrenta barreras concretas: en el Maule, 286.053 personas viven en situación de pobreza por ingresos y el 14,2% de la población adulta tiene discapacidad. Por eso, la jornada tuvo un valor especial. Abrió un escenario y también mostró algo clave: la inclusión necesita comunidad, instituciones presentes y redes capaces de sostener estos espacios más allá de una actividad puntual.
Esa red estuvo representada en el teatro por la Red de Cuidado Comunal, el Servicio Local de Educación Pública SLEP Los Álamos, el CFT San Agustín, autoridades de establecimientos educacionales, los concejales Pamela Ávila y Lennin Fuentes, la directora de Cáritas Linares, Judith Villagra, además de equipos de Hogar de Cristo, familias y vecinos de la comuna.

La décima versión cerró con la sensación de una ciudad que fue al teatro a encontrarse. Ahí estuvo el verdadero éxito de la jornada: cuando las personas con discapacidad mental ocupan el centro, la inclusión deja de ser discurso y se vuelve experiencia.