Después de 28 años ligado a Hogar de Cristo, Juan Cristóbal Romero recibió una emotiva despedida marcada por los recuerdos, la gratitud y el reconocimiento al legado que deja en la institución fundada por Alberto Hurtado.
La ceremonia reunió a trabajadores, voluntarios, representantes de distintos servicios sociales y equipos conectados desde todo el país. Más de 140 personas siguieron además la transmisión vía Streamyard, en un homenaje que repasó la historia de la fundación y la trayectoria de quien llegó en 1998 motivado por la campaña “2.000 mediaguas para el 2.000”.
A través de una línea de tiempo instalada especialmente para la ocasión, se reconstruyeron los principales hitos de la historia de Hogar de Cristo entre 1998 y 2026, junto con los momentos más significativos de la carrera de Romero dentro de la institución. Los asistentes fueron invitados a escribir sus propios recuerdos y mensajes mientras el capellán nacional, José Francisco Yuraszeck, interpretaba “Gracias a la vida”, de Violeta Parra.

La línea de tiempo con la trayectoria de Juan Cristóbal Romero en Hogar de Cristo fue completada por los asistentes con mensajes personales.
Uno de los momentos más emotivos fue la exhibición del video que repasó su historia incluyendo cuatro testimonios de quienes lo conocieron. Nina Espinoza, quien figuraba en é, recordó la sencillez del director ejecutivo y su cercanía con los equipos. “Muchas veces almorzó con nosotras y con el equipo”, relató, destacando una forma de liderazgo basada en la escucha y la presencia cotidiana.
También tomó la palabra José Pablo Arellano, quien compartió un detalle poco conocido sobre el nombramiento de Romero como director ejecutivo: “Estábamos buscando nuevo director, hasta que nos dimos cuenta que teníamos en casa al mejor candidato”. Además, pidió aplausos especialmente dedicados a su familia: “Gracias a tu señora y a tus hijos, porque el apoyo de tu familia, te permitió realizar un gran trabajo”.

José Pablo Arellano tuvo palabras de agradecimiento para la familia de Juan Cristóbal.
La mayor de sus hijas, Ana Romero, expresó que la fundación ha sido parte esencial de la historia familiar. “Los cuatro hermanos nacimos mientras él trabajaba en Hogar de Cristo. Para nosotros también esta es una despedida”, señaló.
El ex capellán Pablo Walker agradeció especialmente el apoyo constante de Romero a la labor espiritual de la institución y “por validar y respaldar la presencia de Jesucristo pobre”. En la misma línea, Francisca López destacó “el valor que le diste a la espiritualidad”.
Desde el Sindicato de Santiago también hubo palabras de reconocimiento y un obsequio “fuera de libreto”. Una de sus representantes señaló: “Aunque hemos estado en veredas diferentes, logramos acuerdos, y en eso Juan Cristóbal nos abrió siempre las puertas. Después de acaloradas discusiones, el respeto se mantuvo siempre”.

Representantes del Sindicato de Santiago junto a Juan Cristóbal al término del homenaje.
La despedida incluyó regalos especialmente significativos: posavasos elaborados en el taller Expreso y fotografías obsequiadas por la hospedería Padre Álvaro Lavín, reflejando el vínculo humano construido durante casi tres décadas.
Uno de los momentos más significativos de la despedida fue el discurso de Juan Cristóbal Romero, quien reflexionó sobre el sello humano y espiritual que marcó sus 28 años en Hogar de Cristo. Con emoción, destacó el aprendizaje que le dejó trabajar durante casi tres décadas en una institución compuesta mayoritariamente por mujeres.
“Cerca del 80% de las personas que trabajan en Hogar de Cristo son mujeres. He tenido el privilegio de estar rodeado de ellas durante 28 años, aprendiendo de su sensibilidad, disciplina, responsabilidad y de una manera integral de mirar la vida. Todo eso, de alguna forma, se transformó también en parte de mi sello personal”, expresó.
Romero también agradeció especialmente a los sindicatos de la institución, valorando el diálogo y el aprendizaje mutuo construido incluso en momentos complejos. “Muchas veces, las conversaciones difíciles permitieron entender mejor lo que ocurre en cada servicio y reconocer el enorme esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras del Hogar de Cristo”, señaló.
En sus palabras, reconoció además al equipo corporativo, al directorio, a los capellanes y a la Compañía de Jesús, destacando que su paso por la fundación estuvo marcado por relaciones que trascendieron lo profesional y se transformaron en vínculos personales y espirituales.

Alberto Ferrán Paulina Andrés, José Pablo Arellano, Alejandra Mehech, Juan Cristóbal Romero y el capellán nacional, José Francisco Yuraszeck.
Otro de los puntos centrales de su intervención fue el reconocimiento a los socios y donantes que sostienen la obra social. “Son 375 mil socios que todos los meses aportan siete mil, ocho mil pesos. Esa confianza hay que cuidarla mucho, porque permite que Hogar de Cristo exista y siga acompañando a las personas más excluidas del país”, afirmó.
Hacia el final, dejó una reflexión que emocionó a los asistentes y que resumió el sentido de su paso por la institución: “No podemos normalizar el hecho de trabajar en Hogar de Cristo. A veces la rutina, los procedimientos o las metas hacen perder de vista el milagro del que somos parte”.
Y agregó: “Hogar de Cristo es una institución única. Lleva 81 años vigente, expresando el Evangelio de manera concreta, reconociendo la dignidad de las personas y restituyendo derechos. Tiene voz para quienes muchas veces no la tienen y está presente en tantas causas: personas en situación de calle, educación, infancia, personas mayores, discapacidad y pobreza. Hay que cuidarla y mantenerla viva”.
Actualmente, Hogar de Cristo atiende a miles de personas en situación de pobreza y exclusión a lo largo del país, mediante programas de apoyo a personas mayores, personas en situación de calle, jóvenes fuera del sistema escolar y comunidades vulnerables. Bajo el liderazgo de Romero, la institución impulsó procesos de modernización y fortaleció su sostenibilidad, posicionándose como referente nacional en gestión social.

La familia de Juan Cristóbal: su esposa María Inés y sus hijos Ana, Inés, Felipe y Margarita.
El ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica y máster en Administración Pública de Harvard dejará la fundación para asumir como gerente general de la Cámara Chilena de la Construcción a partir del 1 de junio.
Como cierre del homenaje, se invitó a todos los asistentes a dejar mensajes especiales en un muro virtual creado especialmente para la ocasión:
Libro virtual de despedida para Juan Cristóbal Romero
Hasta siempre, Juan Cristóbal.