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Marcelo Oróstica:

“Me saqué la Lotería con mis hijos”

El vínculo con los hijos es para toda la vida y así lo vive y lo siente Marcelo, que, a pesar de los problemas que tuvo, siente el amor de sus dos retoños. Hoy reside en la Hospedería Álvaro Lavín del Hogar de Cristo y desde ahí cuenta lo “lindo de tenerlos como hijos”. ¡Feliz Día del Padre a todos!

Por María Luisa Galán

A Marcelo Oróstica (48) le iba bien en los negocios. Exportaba desde China extensiones de pelo, en esa época en que los programas de televisión como Mekano y Yingo eran referentes de la moda y los pelos largos eran la novedad. “Era el boom, me estaba yendo bien”, recuerda hoy desde la hospedería Álvaro Lavín del Hogar de Cristo, ubicada en pleno barrio Yungay, a pocas cuadras del domicilio del presidente Gabriel Boric.

Hace un año reside ahí. “Me fue muy bien, pero eso también me llevó al otro extremo, a la calle”, cuenta. La farándula y los excesos derrumbaron su vida. Comenzó un consumo problemático de alcohol y drogas, perdió su matrimonio, su casa y de un año a otro estaba durmiendo en los cajeros automáticos o en las salas de espera de hospitales.

Pero lo que no se destruyó fue la relación con sus dos hijos, hoy de 25 y 22 años. “Hasta el día de hoy me parece extraña la relación tan bonita que tengo con los dos, que nunca sintieron rencor hacia mí por la separación. Yo creo que es porque tuve una buena relación con ellos durante su niñez. Hoy hablamos por teléfono muy seguido y estoy muy bien con los dos”, comenta. Recalca que cuando eran pequeños, le gustaba sorprenderlos disfrazándose de payaso, mimo, mago. “Hacía de todo cuando eran chicos”, agrega.

Durante los dos años que vivió en la calle, Marcelo perdió por un momento el vínculo con sus hijos porque no tenía celular. Pero un coma diabético que lo tuvo unos días internado en el hospital y su temor de volver a esa situación, lo llevó a la Hospedería Álvaro Lavín y, sobretodo, lo volvió a vincular con sus hijos. No recuerda bien cómo fue que ellos llegaron a saber de su situación de salud, pero ellos llegaron al hospital e incluso su hija donó sangre para él. “Estaba sorprendido y contento porque no los veía hacía tiempo y ellos estaban preocupados porque casi me fui para el otro lado. Ahí empezamos de nuevo a estar juntos”, cuenta, feliz. Hoy se visitan por lo menos una vez al mes.

-¿Qué es lo más lindo de la paternidad?

-El sentirte querido y querer. Sentir que hay alguien a quien uno le interesa, que te quieran y eso es rico. Siempre quise ser papá, son una alegría muy linda los dos. Son sanitos, no fuman nada. Son dos lindas personas. Me saqué la Lotería con ellos. Es muy bonito tenerlos como hijos.

-¿Cómo se vive o siente la paternidad estando en situación de calle?

-Con culpa por no poder hacerse cargo de los hijos. Mis hijos están grandes, pero sí me siento responsable de cuando me fui. Aunque nunca me lo han dicho, siento cómo me quieren cuando están conmigo y hablo con ellos. No siento ningún tipo de rechazo.

Hoy, Marcelo trabaja como guardia nocturno en un condominio en Las Condes. Sueña con volver a los negocios, está ahorrando para ello, y con arrendar su lugar propio. “No quiero saber más de alcohol y drogas. Mi punto de quiebre para salir de la calle fue la misma calle, el miedo de estar en un cajero en donde entra gente a cualquier hora. La noche es peligrosa y viví cosas fuertes, aunque no me pasó nada”, dice esperanzado ahora con ser abuelo.

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